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Salud

Heraldo Saludable

¿Por qué es tan peligroso el botulismo?

Es una enfermedad infrecuente, pero grave y que puede resultar mortal.

El tomate frito y las legumbres cocidas son las conservas más habituales en las cocinas.
Una conserva mal realizada tiene riesgo de convertirse en fuente de botulismo.

Dos bomberos catalanes están en la uci después de que hayan desarrollado botulismo al comer unas judías en conserva en mal estado. El brote ha desatado la alarma, además, porque según las autoridades sanitarias todavía hay cientos de botes del lote sospechoso en manos de los consumidores.

El botulismo es una enfermedad infrecuente, pero grave y que puede resultar mortal. Es una intoxicación causada generalmente por la ingesta de alimentos contaminados con neurotoxinas muy potentes.

La responsable de la enfermedad es la bacteria Clostridium botulinu, que produce la toxina botulínica. Esta se ingiere con alimentos elaborados inapropiadamente, en los que la bacteria o sus esporas sobreviven y producen las toxinas. Aunque es principalmente una intoxicación de transmisión alimentaria, el botulismo puede deberse a infección intestinal en los lactantes, heridas infectadas e inhalación.

Los síntomas iniciales incluyen fatiga intensa, debilidad y vértigo, seguidos generalmente por visión borrosa, sequedad de boca y dificultad para tragar y hablar. También pueden concurrir vómitos, diarrea, constipado e inflamación abdominal. La enfermedad puede dar lugar a debilidad en el cuello y los brazos, y afectar posteriormente a los músculos respiratorios y a los músculos de la parte inferior del cuerpo.

Los síntomas se manifiestan entre 12 y 36 horas después de la ingesta (con un plazo mínimo de cuatro horas y un máximo de ocho días). La incidencia del botulismo es baja, pero la tasa de mortalidad es alta si no se realiza un diagnóstico precoz y se dispensa sin dilación el tratamiento adecuado (pronta administración de antitoxina y atención respiratoria intensiva). La enfermedad es mortal en entre el 5 y el 10% de los casos.

La Clostridium botulinum es una bacteria anaeróbica, lo que significa que solo se desarrolla en ausencia de oxígeno. Por eso, las conservas de alimentos –como las judías que comieron los bomberos catalanes- son el entorno perfecto para su desarrollo.

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