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crítica de cine

Vuelve la locura amarilla

Por
  • Enrique Abenia
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 05/07/2022 A LAS 06:54
Un fotograma de la película 'Minions'.
Un fotograma de la película 'Minions'.
Archivo H. A.

Los malos resultan atractivos, efecto canalizado por ‘Gru. Mi villano favorito’ (2010), película de animación que sorprendió por los minions, peculiares ayudantes amarillos que constituían una ingeniosa modulación de la clásica figura del esbirro. En paralelo a las secuelas, la saga se expandió en 2015 con un filme centrado en estos pequeñajos antes de conocer a su líder, recordatorio de que lo que más gusta del imaginario articulado por el estudio Illumination es el juego cómico que conllevan estos iconos del cine infantil (su lenguaje, sus ocurrencias y peripecias, el humor físico). Continuación de la mencionada precuela, ‘Minions. El origen de Gru’ describe los inicios de la alianza entre las partes y cómo el villano, aquí un chavalín, se mete en problemas al robar una piedra mágica para impresionar a un grupo malévolo, situación ante la que sus fieles servidores van en su ayuda. La simpatía natural que desprenden los minions recupera frescura en una entrega bastante divertida por su alocadísima inventiva.

Este factor se escenifica en pasajes, en cierta manera digresiones, como el del viaje pilotando el avión y el del entrenamiento con la maestra de artes marciales. El punto delirante detectado sube de nivel en la batalla final contra los antagonistas, con unos convertidos en monstruos y otros en animales de granja, de tono casi lisérgico sin salirse de los márgenes del pasatiempo familiar. Una resolución que se disfruta por este componente y por el tratamiento visual.

'minions. el origen de gru' ***
DirecciónKyle Balda.
CodirectoresBrad Ableson y Jonathan del Val.
GuiónMatthew  Fogel. 

Como el título que le precede en orden cronológico, la obra dirigida por Kyle Balda pone el foco en Kevin, Stuart y Bob, base narrativa complementada con la subtrama de Gru cuando lo secuestran, la protagonizada por el ‘pesado’ Otto (no para de hablar) y la de los villanos. Los guiños a los años 70 y a la música disco, detalles que enlazan con una de las tónicas de la saga, que ya miró a los 60 y a los 80, aportan un extra.

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