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Dos cuadros de Antonio López embellecen aún más la muestra 'Infinita realidad' en la Fundación Ibercaja

María Toral comisaria la exposición de diez grandes figurativos españoles que transforman la realidad en arte, belleza y en emoción en el Museo Goya

'Hombre tumbado', bronce de 2021, de Antonio López.
La pieza 'El Campo del Moro' (1990-1994), de Antonio López.
Guillermo Mestre.

Una forma ideal para ver, entender y sentir la pintura es acercarse al Museo Goya a la muestra ‘Infinita realidad’ de diez artistas figurativos, que se alimentaron de los clásicos, de Velázquez y de los impresionistas, que formaron un grupo de amigos, con continuos hilos de complicidad y cariño entre ellos. 

Esos artistas pertenecen a lo que se llamó la figuración madrileña, pero también hay otras aportaciones. La muestra, que dará mucho que hablar y atraerá a mucho público, reúne 47 piezas de pintura, escultura y dibujo de Antonio López, (“al artista le hemos quitado de la mano dos cuadros de flores, 'Rosas rosas I' y 'Rosas rosas II', en los que llevaba trabajando mucho tiempo. Al final, gracias a su hija María, logramos convencerlo, firmó las dos obras y salen por primera vez de su estudio”, dijo María Toral, historiadora del arte y catedrática de la muestra), María Moreno, Julio López, Esperanza Parada, Francisco López, Isabel Quintanilla y Amalia Avia. A todos ellos, los seis primeros forman tres matrimonios, se les suman artistas de otros latitudes como Carmen Laffón, José Hernández y Cristóbal Toral. Este, reveló su hija María, ha cedido, “casi a regañadientes” para la muestra, dos de sus mejores cuadros: ‘La llegada’ (1975), de gran formato, y una pieza deliciosa, con ecos de Giorgio Morandi, ‘La mudanza’, 1982. Dos cuadros que resumen la manera de ver y representar la realidad del artista que está a punto de realizar una gran exposición en Málaga.

La obras, que presenta la Fundación Ibercaja en el Museo Goya, abarcan 60 años de historia y de trayectoria: desde 1959 hasta 2022. María Toral ha explicado que había cuidado que todos los artistas estuviesen cómodos entre sí y que quería que la muestra revelase la evolución que vivieron ellos en su apuesta por la figuración y a la vez se reivindicase la vigencia y la modernidad de su estética. Se citó en varias ocasiones la estrecha relación con Lucio Muñoz, marido de Amalia Avia y artista abstracto, que influyó en Antonio López por ejemplo y en otros compañeros, aunque rara vez dieron el paso. Eso sí, en la pieza ‘Ventana grande’ (1982-1973) el pintor de Tomelloso, que vendrá en septiembre a Zaragoza, explora distintos niveles de la abstracción.

Las obras son propiedad de los artistas, de algunas entidades como la misma Ibercaja (propietaria del cuadro ‘Mesilla de noche’ de Carmen Laffón) y de coleccionistas privados.

‘Infinita realidad’ explora los distintos caminos del realismo, la pluralidad de visiones e incluso el horizonte infinito como sucede en uno de los grandes cuadros de la muestra: ‘El Campo del Moro’ (1990-1994) de Antonio López. La muestra, llena de guiños, de diálogos casi secretos entre las obras y los artistas, está dividida en tres partes: ‘Bodegón’, ‘Figura’ y ‘Exterior e interior’. Hay mucho que ver y muchas sensaciones que experimentar: más allá de la novedad de ‘Rosas rosas’, las obras de Antonio López son de un gran nivel: ahí está la emblemática ‘Vaso con flores y pared’ (1965), el retrato de él y su esposa, ‘Mari y Antonio’ (1961; fue intervenido en 2011), el dibujo ‘Membrillero’ de la serie de los membrillos que darían lugar a la película ‘El sol del membrillo’ de Víctor Erice, y ese espectacular bronce, a tamaño natural, ‘Hombre tumbado’ (2014), que se acompaña de 'Perfil y de frente para escultura de Hombre tumbado, Francisco', de 2009.

Si Antonio López es incuestionable, su esposa María Moreno destaca en todo lo que hace: su ‘Bodegón de los membrillos’ bien la podría emparentar con Monet y Mondrian, y ‘Jardín de Poniente’ podría pasar por un cuadro sorollesco de máxima blancura en abierto diálogo con el sol. Isabel Quintanilla es toda una revelación: su ‘Interior. Paco escribiendo’ (1995) es una de las grandes obras de la muestra: precisa, de atmósferas, parece brotar en ese momento en que se acerca la musa y la artista atrapa al pintor y escultor con un rictus de gravedad que nada de la concentración, se diría.

Carmen Laffón es pura sutileza y tiende, en su pintura y en su escultura, hacia la metafísica. María Toral recordaba ayer que había presentado su obra en Salamanca y elogia su pincel, su imaginación, su sentido poético. Esperanza Parada, esposa de Julio López, pintó no muchos años pero su huella es indeleble, sobre todo en el arte del bodegón contemporáneo. Amalia Avia, que quizá fuera la única que trabajase a partir de fotografía (“los demás trabajaban del natural, como los impresionistas”, apuntó María Toral), realiza imágenes cotidianas en las Ramblas, Madrid o París: estaciones, comercios, portales… Los escultores poseen gran fuerza y expresividad. Y son sobre todo Julio y Francisco López, pero también hace escultura Antonio López y Carmen Laffón, como se puede ver en 'Bodegón del perfumador', 1995, y 'Armario', 1994-1995.

¿Y José Hernández? De entrada podría pensarse que este maestro de la obra gráfica y una gran pintor de monstruos, con ecos surrealistas, también exploraba otras latitudes y quizá un mundo más perturbador y fantástico. “José Hernández un gran pintor y sí es cierto que trabajó un mundo más oscuro, tenebroso, goyesco incluso, vinculado los bestiarios, pero también fue un artista realista que se entendió con todos estos artistas. Eran muy amigos y me ha resultado fácil y natural incluirlo”, explicó María Toral.

Tras los meses de verano, comenzará un ciclo de conferencias, ‘Miradas realistas’, que contará con Antonio López en una de las ponencias y con los hijos y familiares de otros artistas. Acompañaron a María Toral, el director de Fundación Ibercaja José Luis Rodrigo, orgulloso de una muestra muy cuidada y del éxito de la del Greco, la más vista; Charo Añanos, directora del Museo Goya, y Mayte Ciriza, responsable de la Obra Cultural de Fundación Ibercaja. A nadie se le escapaba que se inauguraba una exposición especial, refinada e íntima, de un poderoso lirismo, que hace honor al espacio y al propio Francisco de Goya.

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