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TEBEOS. OCIO Y CULTURA

‘La bibliotecaria de Auschwitz’, la novela del aragonés Toni Iturbe, pasa al cómic

El guionista Salva Rubio y la ilustradora Loreto Aroca cuentan en imágenes la fascinante historia de Dita Kraus para el sello Planeta

Una de las páginas del tebeo.
Una de las páginas del tebeo.
Loreto Aroca

El escritor y periodista Antonio Iturbe (Casetas, Zaragoza, 1967) conoció la historia de la joven checa Edita Adlerova, que ahora tiene 92 años, y le conmovió su aventura en los campos de concentración: ingresó en Auschwitz en 1942 y realizó una hazaña sigilosa que casi resulta inverosímil. Iturbe firmó su novela más ambiciosa y exitosa: ‘La bibliotecaria de Auschwitz’ (Planeta, 2015), que ha vendido en España varios miles de ejemplares y ha sido traducida a varias lenguas. Acaba de llegar a las librerías en un nuevo formato: en un cómic que firma Salva Rubio, autor de los guiones de ‘El fotógrafo de Mauthausen’ y ‘La pirámide inmortal’, un tebeo basado en la novela homónima del turolense Javier Sierra, y la joven ilustradora Loreto Aroca, que llamó la atención de la crítica con ‘Retrato de la familia Pinzón’.

Esta novela gráfica, como suele suceder en muchos cómics de calidad, lleva mucha información al final, donde se explica cómo surgió la novela original, de 500 páginas, se sigue el curso de la vida de Dita y su familia, la memoria del campo de exterminio y otros muchos detalles, entre ellos algunas libertades creativas.

Antonio Iturbe, que trabaja ahora en una nueva novela de asunto claramente aragonés tras ‘La playa infinita’ (Seix Barral, 2021), inspirada en su propia niñez en la Barceloneta, encontró a Edita Adlerova “en Netanya (Israel) y forjó con ella una amistad, accediendo por medio de los escritos de su marido, Ota B. Kraus, a un increíble mundo de personajes como Fredy Hirsch, los niños del Bloque 31 y el sorprendente experimento del Bloque Bllb, al que, como si estuviera protegido por un Golem, la muerte tardó mucho en entrar”.

En 2019, la novela alcanzó el 500.000 de ejemplares vendidos en 23 países. Explicaba el autor: «Una de las mayores satisfacciones es el efecto dominó dela publicación del libro. Cuando empecé a documentarlo -ese fue el hilo que me llevó a Dita Kraus- me costó mucho encontrar la novela escrita por su marido (profesor en el barracón escuela de Auschwitz), Ota B. Kraus, ambientada en ese Bloque 31, titulada ‘The Painted Wall’. Estaba descatalogada y solo Dita vendía desde su casa, a través de una web muy modesta que le hizo su hijo, algunos ejemplares que tenía del abultado invendido editorial de un libro que pasó desapercibido y nunca se reeditó».

Páginas de Loreto Aroca.
Páginas de Loreto Aroca.
Planeta.

En ese bloque Bllb, un “islote excepcional dentro de la industria mortal que era Auschwitz”, se vivía una existencia un poco paralela, aunque también se enviaba a la gente a la muerte. El benefactor era el joven Fredy Hirsch, que había sido atleta, y fue nombrado supervisor de la sección Bllb. Con la complicidad del kapo Arno Böhm, logró que el barracón 31 se destinase a los niños, bajo el pretexto de mantenerlos ocupados y que no generasen conflictos. Allí pasó un poco de todo: los jóvenes aprendieron alemán, historia de la música, recibieron nociones de judaísmo y se representó teatro y ópera. Y en ese contexto, Edita Adlerova, Dita, con solo ocho libros, obró un auténtico milagro. Eran, entre otros, un atlas de geometría, otro de geografía, un volumen de gramática, ‘Breve historia del mundo ‘ de H. G. Wells, ‘Las aventuras del soldado Svejk’, un libro de psicología de Freud, y tres novelas, en francés, ruso y checo. Aquellos volúmenes, que cosía y recosía, que mimaba una y otra vez, fueron más que un bálsamo, y no solo eso: la mejor terapia para mitigar el espanto.

Fredy Hirsch es un gran personaje. Tenía sus más y sus menos con los alemanes, que en ocasiones recelaban de él y empezaron a acosarle y mostrarle su desconfianza. Y entonces apareció por el campo Josef Menguele, el ángel de la muerte. Y Hirsch, por razones que siguen suscitando preguntas, tomó una decisión tan abrupta como inesperada. Él, precisamente él, le había dicho a la niña: “Quiero que no me prometas que te rendirás nunca”.

Dita salvó la vida. Pasó al campo de Bergen-Belsen. Vivió experiencias espeluznantes: una de las más conmovedoras es cuando debe hacer de porteadora con otras prisioneras y lleva a un muerto a una inmensa fosa llena de cadáveres. “La angustia y la desazón hacían que la cordura se deshiciese”, escribe el guionista Salva Rubio.

El cómic está muy equilibrado de guión, dibujo y puesta en escena.
El cómic está muy equilibrado de guión, dibujo y puesta en escena.
Loreto Aroca/Planeta.

El tebeo es hermoso y eficaz, y deja la estela de su emotividad, de la tragedia y de la exaltación de los libros en sus páginas. La narración empieza en 1938 y concluye en la posguerra cuando la joven conoce a Ota, que también había estado en el campo de exterminio, y juntos hallaron “una merecida paz”. Dita amaba la lectura desde muy joven y su aventura, como recuerdan los autores, es un canto a la resiliencia: ese atributo que poseen los seres humanos para soportar situaciones extremas.

Los campos de concentración encarnan la maldad exacerbada del hombre contra el hombre.

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