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Gregorio, el maestro cantero de Puertomingalvo: 15 años trabajando la piedra de forma artesanal

Desde que tiene uso de razón se recuerda jugando con piedras y grabando cosas en ellas. En 2005 dejó la cantera donde trabajaba para abrir su propio taller artesano.

Gregorio Gil, en su taller de cantería de Puertomingalvo.
Gregorio Gil, en su taller de cantería de Puertomingalvo.
Heraldo.es

Desde que tiene uso de razón, Gregorio Gil se recuerda jugando con piedras. Calcula que tendría unos ocho años cuando dejó su marca en una de ellas por primera vez y desde entonces no ha parado. “Me divertía haciendo construcciones de piedra en seco y con un puntero y un martillo tallaba cosas”, rememora.

Toda su vida ha estado relacionada con la piedra, primero en las canteras de Puertomingalvo, su pueblo natal, en Teruel, en el que trabajó durante 20 años. Allí se dedicaba a extraer la caliza que se emplea para la construcción. Una labor exigente que nada tiene que ver con la faceta más artística del trabajo con la piedra, que es a lo que se dedica desde hace 15 años.

Su inquietud por salir de la cantera y abrir su propio taller empezó pasado el año 2000, cuando realizó un breve curso de aplicaciones de cantería. Aquello solo fueron 40 horas pero lo de Gregorio tiene mucho de innato, de vocación y de autodidacta. “Mi padre era agricultor y jornalero, así que por ahí no me viene. Siempre se me ha dado bien el dibujo y el modelado con cualquier material, como plastilina, con arcilla…”, asegura.

Movido por esta inquietud que siempre había estado latente, en 2005 construyó su propio taller para convertirse en maestro cantero. Trata la piedra, sobre todo con labores de talla y de escultura. Prácticamente todas sus obras son por encargo y entre ellas hay desde una escultura de casi dos metros de alto como detalles para fachadas de casas restauradas, escudos heráldicos o lápidas.

Su materia prima principal es la arenisca de Uncastillo y de Alcañiz, así como la caliza de Borriol (Castellón) y también trabaja con mármol o granito para algunos encargos. Cuando se habla de su rutina no es fácil establecer un patrón ya que cada encargo es un mundo. “En piezas grandes puedo invertir dos o tres meses, y en obras más pequeñas, 30 horas”, explica. Si son encargos pequeños, suele sacar dos o tres cada mes y, asegura, siempre tiene una actividad regular.

Este ritmo de encargos fluido es en parte debido a que Gregorio es prácticamente el único maestro cantero que trabaja en la zona. “En todos estos años solo he conocido a siete u ocho más y ninguno es de por aquí”, asegura. Al menos no dedicado profesionalmente a ello ya que sí sabe de un albañil de Mirambel, vecino de la comarca, que en sus ratos libres talla en piedra por afición.

Por la proximidad del Maestrazgo con la provincia de Castellón, parte de la actividad de Gregorio se desarrolla en la Comunidad Valenciana, donde además de recibir encargos también participa en ferias. En algunos de estos eventos, ofrece talleres demostrativos de este oficio casi perdido. “Lo primero es saber cómo se manejan las herramientas. Después, hay que dibujar en el papel lo que quieres hacer y comenzar a desbastar, es decir, a quitar la piedra que va sobrando hasta conseguir la figura que buscas. El siguiente paso es ajustarla y perfilarla para que se aproxime lo máximo posible a la idea original. Por último, cuando ya se tiene la forma, se pule y se le da el acabado”, explica, a grandes rasgos, sobre su trabajo.

Gregorio desempeña esta minuciosa labor desde su taller de Puertomigalvo. Es el pueblo que le vio nacer y donde siempre ha vivido, “excepto cuando me fui a estudiar a Teruel y cuando hice la mili en Zaragoza”, puntualiza. Es su lugar de refugio y donde pasa horas y horas en soledad, haciendo lo que más le gusta, tallar la piedra. Su día a día consiste en ir de casa al taller y del taller a casa y, cuando la covid lo permite, parar a tomarse algo en el bar.

A excepción de su parada para repostar, reconoce no haber notado prácticamente nada la pandemia, ni a nivel personal ni en lo laboral. “Solo en los periodos cuando no se podía salir de casa ni viajar noté un pequeño bajón de trabajo”, recuerda. Aprovechando esta época rara e inestable, Gregorio hizo un buen número de estructuras de relieve para la industria cerámica de Castellón. “Yo creo los diseños originales y después se sacan los moldes para reproducir en forma de azulejos”.

Si ser maestro cantero es ya algo un tanto excepcional, Gregorio ha ido un paso más allá y también trabaja la madera. Durante todos estos años se ha formado en Castellón, de la mano del maestro Toni Bartoll en Figueroles (Castellón) para aprender a tallar en este otro material. 

Una obra de Gregorio en el pueblo castellonense de Espadilla
Una obra de Gregorio en el pueblo castellonense de Espadilla
Heraldo.es

En estos 15 años, Gregorio se ha ido dando a conocer tanto en la comarca como en la provincia de Teruel y en la de Castellón. Es miembro de la Asociación de Artesanos de Aragón desde 2006, ha trabajado como profesor de cantería en talleres de empleo y participado en un simposios. Además del boca oreja y de la participación en ferias de artesanía y mercados, ahora también se prodiga a través de las redes sociales.

De hecho, muchos de sus encargos los recibe por correo electrónico. Son, por ejemplo, particulares que han restaurado una casa en el pueblo y quieren un detalle para la fachada como puede ser un escudo, una pila, el propio número de la casa… Algo que la identifique y la haga única. Las obras de mayor envergadura las suele realizar para ayuntamientos e instituciones públicas, como las estatuas o gárgolas. Y, por supuesto, también crea por amor al arte. “Hago piezas sobre todo con motivos de naturaleza y símbolos esotéricos porque me gustan. Si después las puedo vender, mejor”.

Aunque no sabría decantarse por un tipo de obra que le guste más, sí tiene claro que esta forma de trabajar la piedra no tiene comparación con su antiguo trabajo en la cantera. “El cambio fue importante. Primero porque en el taller no se sufren las inclemencias del tiempo, no se pasa frío, no te mojas cuando llueve… Y, después, porque es una labor creativa mucho más agradable”, reflexiona.

En la cantera o en el taller, la vida de Gregorio, que ahora tiene 55 años, siempre ha estado relacionada con la piedra. “Trabajé en la extracción porque había que ganar dinero pero lo que hago ahora es lo que realmente me gusta y con lo que disfruto”. Cincel y martillo son sus herramientas. Paciencia, cuidado y atención, sus dones.

Si alguien lo quiere conocer (a él y a su obra) entre semana siempre lo encontrará en el taller, donde hay una pequeña exposición. Si no, que den cuatro voces. El maestro cantero de Puertomingalvo no andará lejos.

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