Ocio y Cultura
Suscríbete por 1€

Pepe Cerdá: "Tengo un oficio, la pintura, donde el milagro es lo único probable"

El artista aragonés ha inaugurado este miércoles una muestra de su obra reciente en el Centro Cultural Casa de Vacas de Madrid 

El aragonés Pepe Cerdá, ayer, en el Centro Cultural Casa Vacas de Madrid, donde presenta su obra más reciente.
El aragonés Pepe Cerdá, ayer, en el Centro Cultural Casa Vacas de Madrid, donde presenta su obra más reciente.
Enrique Cidoncha

"Esta es mi exposición número 75 y todavía no soy rico, así que algo he debido hacer mal". Con la retranca y el humor somarda que le caracteriza, Pepe Cerdá (Buñales, Huesca, 1961) se presentaba la tarde de este miércoles en Madrid para inaugurar una exposición de su obra reciente en el Centro Cultural Casa de Vacas del Retiro. La muestra, que podrá visitarse hasta el 28 de febrero, resume la creación última de Cerdá, recogiendo parte de las obras que mostró recientemente en el Museo Goya Colección Ibercaja y añadiendo lo más reciente de sus pinceles.

"No soy un artista figurativo porque, en realidad, todo artista lo es –confesaba horas antes de la inauguración, a la que asistió el alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón–. La palabra ‘figurativo’ es muy ambigua: todo arte lo es, incluidas las obras de Picasso. Hasta el test de Rorschach. La palabra ‘figurativo’ nació cuando lo hizo el término ‘abstracto’ porque, antes de su llegada, todo arte ‘figuraba’ algo. Soy un pintor realista. ¡Y cuánto tiempo y trabajo lleva llegar a ser lo que se es!".

Esa precisión a la hora de definirse tiene también mucho de vindicación, aunque el realismo ha subido ya muchos peldaños en el podio de la consideración cultural.

Lo evidencia Casa de Vacas, que se ha convertido en un espacio de referencia a nivel nacional consagrándose a ese estilo. Pero Pepe Cerdá, cuya primera exposición individual fue hace ahora cuatro décadas, cree que todavía queda camino por recorrer.

"Ahora pinto como lo hacía con 14 años –señalaba– pero, si hubiera pintado siempre como lo hago ahora, no hubiera ganado dos veces el Certamen Nacional de Artes Plásticas o conseguido la beca para la Casa de Velázquez. La pintura realista es aún absolutamente invisible a los ojos de quienes dicen lo que está bien y lo que está mal, lo que debe hacerse y lo que no. No entra en las colecciones importantes, como la del Reina Sofía, salvo en casos extraordinarios, como el de Antonio López". El caso es, asegura, que ante un pintor realista "todavía hay quien entiende que lo es porque aún no ha leído lo suficiente o que no está comprometido con su tiempo. Nos suelen decir “es que esto es todo técnica”. Claro que sí. ¿Y lo de Paco de Lucía con la guitarra qué es? Pues lo mismo: técnica, y talento, y dedicación... Ahora todos los chavales que salen de las escuelas de arte parece que tienen que dedicarse a hacer instalaciones por obligación, y el problema es que "el arte, la pintura, no tienen que aspirar a nada porque son atemporales". Como dijo (Claude) Lèvi-Strauss en una conversación con (Ernst) Gombrich, 'la capacidad de amar la pintura es precognitiva'. Es innata. Antes de que se escribiera la primera palabra ya e pintaba en las cuevas. Los cuadros no caducan, son como el uranio, que emite radioactividad para siempre".

Sigue pintando lo que ve, lo que tiene al alcance de la vista. "Lo local es lo único susceptible de ser universal –subraya–. Por eso pinto mi entorno más cercano, lo que tengo en los alrededores de mi casa en Villamayor o el hayedo que rodea la casa que tengo en el valle de Aspe. El tema, en realidad, no importa. En Altamira, por ejemplo, no importa que lo que veas represente un bisonte o una cebra, lo importante es la pintura en sí".

Muy interesado por el arte de creadores como Walter de Maria o Marcel Duchamp («son el Miguel Ángel y el Da Vinci del arte conceptual») confiesa que lleva un tiempo descubriendo artistas procedentes del otro lado del antiguo telón de acero. "Llevo cuarenta años documentándome, buscando la obra de pintores contemporáneos y casi cada semana descubro a algún gran pintor procedente de los países del este de Europa; algún artista que prácticamente no ha existido para la historiografía oficial y dueño de una obra interesantísima. Y no solo clásicos, como Repin... o como Levitán, que en mi opinión, dentro del impresionismo, supera a Monet. En cierta medida, los retratos de oficios que hice durante la pandemia, y que también presento aquí en Madrid, entroncan con la tradición del arte soviético. Ellos fueron los primeros en encontrar al héroe en un albañil, y se acercaron a él, para pintarlo, como Tiziano se acercaba a Carlos V".

Y rebasada ya la frontera de los 60 años, no descarta regresar al abstracto. "Las cabezas son redondas para que los pensamientos puedan cambiar de dirección –resume–. Tengo un oficio, la pintura, en el que el milagro es lo único probable".

Asegura Cerdá que Sorolla, Krøyer y Sargent no tenían lengua común pero no les costaría ni un minuto entenderse a través de sus pinturas. Y tiene razón. Él mismo ha configurado una suerte de hermandad pictórica junto a otros artistas. Todo se remonta a abril de 2014, cuando Alberto Martín Giraldo organizó una reunión de 60 pintores para convivir y trabajar juntos durante un fin de semana, exponiendo el resultado con el título de ‘Un día en Casa de Velázquez’. ‘Fue como una ‘jam session -relata Cerdá-. Cuando convives y te gusta el trabajo del otro sobran las palabras. Para entender un cuadro no tienes que explicar nada. Los músicos, por ejemplo, intuyen que, sobre un escenario, Keith Richards no necesitaría hablar con Paco de Lucía".

En junio de 2015, Cerdá organizó un encuentro similar en Fuendetodos, lo que dio origen a ‘Un día en la Casa de Goya’. Y luego llegó ‘Un día en la Casa de Sorolla’. La exposición de Madrid es fruto de idéntico impulso. En el mismo espacio han expuesto ya Alberto Martín Giraldo, Charles Villeneuve e Irene Cuadrado, que han participado en las iniciativas anteriores

Etiquetas
Comentarios
Debes estar registrado para poder visualizar los comentarios Regístrate gratis Iniciar sesión