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B. B. King y sus visitas a Aragón

El ‘Rey del blues’ pasó por tierras aragonesas en varias ocasiones para impartir su magisterio musical e interpretar con su guitarra Lucille canciones llenas de sentimiento.

El ‘bluesman’ estadounidense, con su guitarra Lucille, en la sala Multiusos en 1997.
El ‘bluesman’ estadounidense, con su guitarra Lucille, en la sala Multiusos en 1997.
Guillermo Mestre

Hasta cuatro veces actuó en Aragón a lo largo de su carrera. B. B. King, el ‘Rey del blues’, ofreció tres actuaciones en Zaragoza -en la Hípica (1981), la sala Multiusos (1997) y la plaza de Toros (2004)- y una en Huesca -en el Pabellón Municipal de Deportes (1996)-. La primera vez que pisó Aragón tenía 56 años y ya era toda una leyenda de la música, uno de los últimos grandes maestros del blues que se mantuvo sobre los escenarios hasta unos meses antes de su muerte, en 2015.

Riley B. King, como así se llamaba en realidad, había nacido en 1925 en una plantación de algodón cercana a Itta Benna (Misisipi), y allí trabajó en una granja durante sus primeros años de vida mientras tomaba clases en una escuela local. Su afición por la música no tardaría en despertar y unos años después, a comienzos de los 50, ya era una estrella reconocida.

Su guitarra eléctrica de la firma Gibson, apodada Lucille, fue un instrumento absolutamente identificable con él y con su sonido y dio nombre a una línea de guitarras creada por la compañía norteamericana en 1980. El músico dio cuenta de su maestría con Lucille en conciertos aragoneses junto a otra guitarra y otro guitarrista de leyenda: Gerundina y Raimundo Amador, en un duelo guitarrero entre amigos en la sala Multiusos y la plaza de Toros de Zaragoza.

Pero sin duda, aquella primera huella que dejó B. B. King hace 40 años en la capital aragonesa marcó a muchos de los asistentes a aquel ‘show’ en la Hípica en septiembre de 1981; no solo en lo musical, sino también en relación a algunas deficiencias organizativas.

HERALDO publicó una entrevista con el artista norteamericano unos días después de su actuación y en ella Matías Uribe y Gonzalo de la Figuera señalaban que a B. B. King "el concierto de Zaragoza le había parecido estupendo y que la gente respondió de maravilla. Pero seguramente que ni él, ni nosotros, que estábamos bien cerquita del escenario, nos dimos cuenta de los problemas originados a la entrada y durante el recital. Algunas personas se quejaban de la organización, del exceso de público, de las sillas, de la ausencia del bar, de los apretones, del mal sonido y las mil calamidades que hubieron de soportar".

La expectación que desató este concierto había reunido a miles de asistentes y, pese a los inconvenientes, "aquello fue un tifón de blues y diversión a través de la música, dos horas de delirio para quienes tuvimos oportunidad de seguir el concierto con cierta comodidad. Uno sentía cómo la piel se le erizaba cada vez que aquel hombre pulsaba una de las cuerdas de su guitarra", reseñaron los periodistas de HERALDO. "Mi guitarra suena así porque la toco con el corazón -confesaba B. B. King-. Esta es mi Lucille número 15. La tengo desde hace dos años y la debo cuidar lo mejor posible, porque las otras, bien por accidentes o porque las he prestado y no me las han devuelto, las he perdido".

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