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Martita de Graná: "Me agradecen que les hiciera reír tanto en el confinamiento"

Pasó de tener 200.000 seguidores en redes a un millón y medio gracias a su capacidad de empatizar con el humor durante la pandemia.

Martita de Graná
Martita de Graná
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Martita de Graná se hizo grande durante el confinamiento del año pasado. Hizo reír a media España, guarecida en sus casas contra el coronavirus. Pasó de tener 200.000 seguidores en redes a un millón y medio gracias a su capacidad de empatizar con el humor durante la pandemia. Ahora, de gira veraniega, llena todos los recintos. La gente va a verla, a reírse y a darle las gracias.

Todavía estamos fascinados con la patada de karate que le metió a Broncano en 'La Resistencia'. Entre lisérgica y gore.

Como soy cinturón negro, le hice un kata y le propuse darle la patada. Accedió y le marqué en la cara con mi pie. Como llevaba un vestido y se me pudo ver todo, me pusieron la cara de David Broncano. Lo repitieron mil veces. Fue muy gracioso, desternillante.

Ese programa lleva un millón de visualizaciones en YouTube. ¿Tiene mucho éxito, no?

Todos los programas de 'La Resistencia' tienen éxito. En mi caso, hace ya seis años que empecé a hacer vídeos. Ha sido un trabajo de mucho currar y de crear contenido en redes con el que la gente se siente identificada. Al final hay recompensa.

Tiene 1,4 millones de seguidores en Instagram. Su propio canal de YouTube tiene 104.000 seguidores y miles de reproducciones de sus vídeos. ¿Cómo se consiguen?

No lo sé. Creo que para mí fue muy importante el confinamiento. Porque primero tenía tiempo libre e hice vídeos sin parar. Así que, a raíz de la pandemia, mucha gente me ha conocido. En el confinamiento tenía 300.000 seguidores en Instagram y pasé a sumar más de un millón. Segundo, durante esos meses en casa, todos estábamos enganchados a las redes. Eran momentos tristes, pero meterte en el móvil un minuto y partirte de risa se agradecía. La gente me buscaba. Una vez subí 40.000 seguidores en un día con un solo vídeo. Es fascinante, raro.

Ahora mismo está de gira, 'Mi padre flipa' se llama. ¿Cómo está funcionando?

Antes tenía bolos y las entradas agotadas. Pero eran teatros pequeños. En Fuengirola eran ya el otro día 2.500 espectadores. Ahora, en verano, están prácticamente agotadas las entradas. Me agradecen que les hiciera reír tanto en el confinamiento. Están deseando verme en directo.

¿Qué es lo que más gracia hace a su público?

Mi gira habla de temas cotidianos que les pasan a las mujeres. Es un monólogo en el que hablo sin tapujos, con mis palabras; para gente adulta. El aplauso final me emociona porque termino con un mensaje feminista.

¿Y cuál es su tipo de humor?

Intento no cortarme. Mantener mi acento. Hablar como me dé la gana, con naturalidad. Y al final es lo que ven en mí, que digo lo que tengo que decir.

Reivindica su cuerpo tal y co­mo es, en sus espectáculos y en sus redes...

Sí, es muy importante. Vivimos en un mundo superficial, consumidos por las redes sociales. Hay filtros, y al ver esas fotos te puede dar medio depresión porque no tienes esos cuerpos. Es importante aceptarnos como somos. Cada cuerpo es diferente y hay que aprender a quererse.

¿Algún proyecto de futuro?

-¡Sí! La última película de la directora Ana Murugarren, con José Mota y Pepe Viyuela. Se titula 'García y García' y estoy muy contenta de trabajar con ellos. Se estrena el 27 de agosto. Me han da­do un papel que para mí es una oportunidad. Es diferente a Martita de Graná, porque es una persona responsable y seria. Todo lo contrario a Martita.

En plan veranito, ¿su plan favorito?

Cuando tenga 'vacatas' me voy con mis amigas a Ibiza a disfrutar y a descansar, que también hace falta.

¿Cuál es el mejor antídoto contra la crispación?

Aprender a reír, reírnos por todo, reírnos de nosotros, que es lo más importante.

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