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Disfrute del Camino de Santiago aragonés

¿Siempre ha pensado en hacer la Ruta Jacobea y no se atreve? Aquí le ofrecemos pistas para realizar una etapa y enamorarse para siempre del Camino

Dos peregrinos en el Camino de Santiago a su paso por Canfranc
Dos peregrinos en el Camino de Santiago a su paso por Canfranc
Laura Zamboraín

Una advertencia previa: si usted quiere hacer más de una etapa del Camino de Santiago en Aragón, es recomendable que planifique bien su viaje. La pandemia ha alterado la capacidad y los servicios que ofrecen algunos albergues. Pero que las dificultades no le lleven a quedarse en casa.

Aunque todas las guías dividen el tramo aragonés, de unos 100 kilómetros de longitud, en cuatro etapas, no tiene por qué hacerlas todas. Si solo dispone de un fin de semana y tiene que elegir entre ellas, el historiador José Luis Ona, autor de una ‘Guía del Camino de Santiago aragonés’ ya agotada, recomienda hacer sobre todo la primera etapa.

"Es la más emblemática, la más bonita porque atraviesa grandes paisajes pirenaicos, la de mayor diversidad botánica y la que le ofrece mayores alternativas para que el viajero o peregrino encuentre todo a su gusto. Además es toda prácticamente cuesta abajo, apenas hay repechos. Sí es un poco larga (32 kilómetros) así que yo incluso propondría completarla en dos días, haciendo noche enmedio, para saborear mucho mejor todo: un tramo sería entre Somport y Villanúa y otro entre Villanúa y Jaca".

La primera parada en la ruta, los vestigios del hospital de Santa Cristina de Somport, del siglo XIII. Fue uno de los tres más importantes de la Cristiandad, junto al del Gran San Bernardo en los Alpes y el del Santo Sepulcro en Jerusalén. Hay que leer detenidamente los carteles y empaparse bien de la historia del ‘Roncesvalles aragonés’ antes de seguir andando.

"Luego se ofrecen dos opciones hasta Canfranc, o seguir el GR65-3 por la orilla izquierda del río Aragón, o el camino histórico, que va por la orilla derecha –añade Ona–. En cualquier caso, se pasa al pie del castillo de Candanchú. El siguiente jalón en el camino es el circo de Rioseta y el monte Tobazo, con la fondería de l’Anglasé y su chimenea. Luego se atraviesa la desembocadura del barranco de la Canal Roya, que es otro espectáculo pirenaico, y se pasa al pie del fuerte de Coll de Ladrones, cuya parte antigua es del siglo XVIII y se puede subir a ver aunque está pendiente de restauración".

Las dos opciones anteriores se juntan en el puente de Roldán, a la entrada del barrio de la estación de Canfranc, otra parada obligada para el viajero. Y luego se abren otras dos posibilidades, o seguir la ruta por el paseo de los Melancólicos, lejos del asfalto, "o atravesar la población y ver así la estación ferroviaria y cuatro obras del arquitecto Miguel Fisac, entre ellas la parroquia del Pilar –señala el historiador–. Luego, al sur de Canfranc Estación, hay un tramo un poco problemático de medio kilómetro de longitud, que se ha visto afectado por la boca sur del túnel de Somport. Más adelante se pasará por los restos de la Torre de la Espelunca, que construyó el ingeniero Tiburcio Spanochi, el de la Ciudadela de Jaca". Y surge otra alternativa para el viajero, o cruzar el río Aragón e ir por el camino de las Porciocas, más tranquilo, o seguir el trazado histórico, caminar paralelo a la carretera y visitar la Torre de Fusileros. A partir del Puente Alto de las Eras de Canfranc (hay que visitar los restos del castillo y la iglesia parroquial) ya solo hay un camino posible hasta Jaca.

El 'Pon Nou' o Puente Nuevo, un elemento icónico del Camino de Santiago en Aragón.
El 'Pon Nou' o Puente Nuevo, un elemento icónico del Camino de Santiago en Aragón.
José Luis Ona

"Al salir de la localidad nos encontraremos con el complejo religioso de la Trinidad, también pendiente de rehabilitación –relata José Luis Ona–. Y luego cruzaremos el río Aragón por el bonito ‘Pon Nou’ (o Puente Nuevo), de origen medieval y reconstruido en el siglo XVI, que es uno de los más famosos del Camino de Santiago. Allí el viajero se va a ver transportado a otros siglos. Luego, hasta llegar a Villanúa, el camino viejo discurre por la orilla izquierda del río. Hay tramos de una enorme belleza paisajística, y también alguno que demanda solución para los peregrinos. Antes de llegar a Villanúa, por último, se pasa cerca de la Cueva de las Güixas, que también merece una visita".

Y en Villanúa, parada. El camino medieval no entraba en la localidad pero discurría a escasos metros. Si se hace noche en Villanúa se puede desayunar en el arrabal y emprender luego camino hacia Castiello, siempre con Peña Collarada guardando las espaldas del viajero. En la parte alta de Castiello hay una iglesia con recuerdos y reliquias relacionadas con el peregrino. En esa localidad, una vez cruzado el río, se puede uno desviar por el valle de la Garcipollera hasta la impresionante Santa María de Iguácel. O, también, seguir el camino llano, pasar junto a la ermita de Santa Juliana y atravesar uno de los puntos difíciles del Camino de Santiago en Aragón: el río Ijuez. "En el año 2000 se construyó una cómoda pasarela, pero hasta entonces fue siempre un punto problemático", señala Ona. Luego llegan el molino de Bergosa, el delicado cruce de la carretera por el puente de Torrijos, el puente de las Grajas y, ya con el camino remansándose tranquilo, pasando por la ermita barroca de San Cristóbal, Jaca y su catedral.

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