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REPORTAJE. OCIO Y CULTURA

La película de amor que soñó Plan

Plan y los pueblos del valle de Gistain vivieron en marzo de 1985 un hecho que ha pasado a la historia: la Caravana de Mujeres.

Uno de los autobuses que llegó, cargado de mujeres, a San Juan de Plan en 1985.
Uno de los autobuses que llegó, cargado de mujeres, a Plan en 1985.
Archivo Heraldo.

El amor, o su envés: el desamor, mueve montañas y el azar nunca duerme. Algo así sucedió un lejano 3 de enero de 1985 en Plan, una localidad de apenas 200 habitantes en el valle de Gistain. TVE emitía una buena película del oeste, ‘Caravana de mujeres’ (1951) de William A. Wellman, que contaba la historia de un hombre, Robert Taylor, cuya misión era llevar a un grupo de mujeres de Chicago a California para que se uniesen a los empleados de una fábrica. En el bar Ruché, de Plan, uno de los mozos dijo: «Esta también es nuestra historia». Y él y otros compañeros, empezaron a hablar del asunto. No tardó en sumarse el dueño José Antonio López.

Todos, hasta un total de trece varones, decidieron redactar y publicar un anuncio por palabras en HERALDO, que les costó 1.300 pesetas (8 euros), a 100 (0.60 euros) por cabeza, donde se decía: «Se necesitan mujeres entre 20 a 40 años, con fines matrimoniales, para pueblo del Pirineo aragonés». La audacia les dio aquella noche y otras noches más de un quebradero de cabeza (se discutió hasta que teléfono se daba de contacto), pero el reclamo no tardó a saltar a los medios de comunicación: entre otros, dos de los periodistas promotores de la noticia fueron los oscenses Antonio Angulo y José Luis Solanilla, redactor de HERALDO y coordinador de ‘Con mucho gusto’. El anuncio no pasó inadvertido, se prodigaron las llamadas de interés y de curiosidad (se contabilizaron mil contactos), aquel cuento real cristalizó, apenas un par de meses después, el 7 de marzo de 1985, en la famosa Caravana de mujeres, que convirtió a la localidad en un noticia de primera plana. De Aragón, de España y de diversos lugares del mundo.

Sería objeto de páginas y páginas, de reportajes de radio y televisión, de documentales e incluso de un programa de Julio Rodríguez Puértolas, ‘Vivir cada día’, que vinculó el sueño a la película ‘Bienvenido Mr. Marshall’ y logró que Fernando Rey le pusiera la voz como hacía en ella.

Aquella historia, antes de haberse formulado con contundencia las teorías del éxodo rural, fue un grito divertido sobre la despoblación y la soledad rural que ya empezaban a tener cronistas, en Aragón, como Severino Pallaruelo, Enrique Satué Oliván, José Luis Acín y Julio Llamazares, con ‘La lluvia amarilla’. A la primera convocatoria de la Caravana acudieron un centenar de mujeres en tres autobuses, que abonaron los jóvenes del valle.

El pueblo había logrado reunir 3.000.000 de pesetas (18.000 euros) y se implicó por completo: se cedieron las casas para dormir, se hicieron retretes móviles, se contó con el apoyo de la Diputación Provincial de Huesca. La cita duró tres días y para la fiesta, el baile, las tertulias y las variadas tentativas de seducción se instaló una gigantesca carpa.

Algunas mujeres recordaban que los chicos, que tenían entre 20 y 50, fueron muy amables y les mostraron el valle, las casas, los paseos. Hubo de todo: risas, mucho humor, ternura a espuertas, curiosidad, alguna susceptibilidad porque los paisanos no querían ser objeto de burla. En aquel primer encuentro, habría cinco, cantó José Antonio Labordeta. En el cuarto lo hizo Puturrú de Fua, que dedicó una canción a la fiesta: ‘Los chicos de Plan’.

El resultado del cuento de Plan y los pueblos del valle (‘Cupido alpino’ lo tituló el periodista Ángel Puerta), no deja lugar a dudas: hubo doce bodas, que han llegado hasta casi 40 con el paso del tiempo; 36 años después aquella aventura multiplica su eco de amor y de esperanza de monte a monte. Y sigue suscitando debates y homenajes como el organizado por la Ser el viernes.

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