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LITERATURA. ARTES & LETRAS

Florence Hall, la tercera mujer de Ramón José Sender

El ensayista cierra aquí el recuerdo de las tres esposas del autor de 'Crónica del alba'

las mujeres de Sender. Y 3.
Sender y Florence Hall, en la madurez.
Instituto Cervantes.

Sender volvió de México a Estados Unidos en agosto de 1942, merced a un visado de entrada que obtuvo gracias a la recomendación de la mujer del presidente Roosevelt, amiga de unos amigos suyos. Vivió una temporada en Santa Fe y de ahí se trasladó a Las Vegas, donde trabajó en un proyecto que trataba de prestar ayuda a los residentes hispanos con menos recursos. Ese año llegó a Las Vegas Florence Hall, que tenía por entonces 39 años e iba a poner en marcha un programa de formación para mujeres hispanas que había diseñado la Oficina del Departamento de Estado en la que trabajaba. Ramón y Florence se enamoraron y se casaron en Las Vegas en agosto de 1943. Se fueron de luna de miel al pueblo indio de Taos, pero no debió de ser una luna de miel demasiado idílica, porque, como recuerda Jesús Vived, “Sender no se encontraba bien a causa de unas molestias ocasionadas por una hernia en peligro de estrangulación, producida durante la Guerra Civil al intentar levantar un mortero” y tuvo que ser operado.

Florence y Ramón se trasladaron en septiembre a Massachusetts, al Amherst College, una vieja universidad fundada en 1821, donde vivieron junto a la casa-museo de Emily Dickinson y conocieron a Bertrand Russell y al piloto que, según Sender, lanzó las bombas sobre el Pilar el 3 de agosto de 1936, un tal Canudas, que estaba allí de profesor de español (aunque José Ramón Marcuello había escrito en ‘Andalán’, siguiendo a Salas Larrazábal, que quien pilotaba el avión era Manuel Gayoso, director de la Escuela de Polimotores de Reus). 

Luego se trasladaron a la Universidad de Denver, Colorado, donde Florence dio clases de español. Florence Hall tradujo muchos de los libros y artículos de su marido al inglés, y cuando en Nueva York Sender trabajó para la Metro-Goldwyn-Mayer como adaptador de películas al español (lo que hizo con el seudónimo de Clemente Azlor, de resonancias tan aragonesas), ahí estaba también Florence para ayudarle. En 1947 comenzaron una nueva etapa de su vida en la Universidad de Alburquerque y al año siguiente Ramón le dedicó a Florence su novela ‘El vado’, publicada en Toulouse.

Florence y Sender se divorciaron en noviembre de 1963, aunque siempre mantuvieron una buena relación. En una carta a Joaquín Maurín enviada por esos días, Sender le dice que ha llegado a Alburquerque para “firmar papeles con el abogado para el divorcio, que por fin parece cosa hecha. Es cuestión solo de horas”. Y el último día de ese mes vuelve a escribir al de Bonansa y le cuenta que, a pesar de sus consejos, va a intentar convivir con otra mujer, tal vez “una antigua novia de los tiempos de España que está ahora en México y es viuda”. Se trataría muy posiblemente de Elena Cruz-López, la destinataria de su libro ‘Carta de Moscú sobre el amor (A una muchacha española)’ que había publicado en 1934. 

Elena era hija de un miembro del consejo de administración del periódico ‘El Sol’ y en aquellos años de la República su relación con el escritor no siguió adelante por la decidida oposición de su familia. Lo intentarían años después al reencontrarse en México, pero tampoco la cosa fructificó entonces: en diciembre de 1963 Sender le escribía a Maurín que había decidido no casarse más y que vivía “como un fraile (de los castos, claro, porque los hay que ¡ya, ya!)”.

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