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LITERATURA. ARTES & lETRAS

Sergio del Molino: Contra, de, desde, en... La España vacía

El escritor vuelve a su obra más conocida para "rascar en todos las capas de sobreentendidos que se le han ido pegando"

Sergio del Molino presentó 'Contra la España vacía'.
Sergio del Molino en su despacho en su casa de Zaragoza.
Guillermo Mestre.

En la memoria de todo país hay libros que tienen la cualidad de ser certeros y singulares. Por no se sabe bien qué razón, acaban convirtiéndose en productos ‘mainstream’. Certeros, respecto al fenómeno de la despoblación del medio rural, fueron ‘El disputado voto del señor Cayo’ (1978) y ‘La lluvia amarilla’ (1988), sin dejar de serlo también como piezas literarias. Las obras singulares, como su propio nombre indica, no son corrientes, pero tampoco tienen por qué ser grandes cumbres narrativas, aunque siempre son textos de primera. Lo que las singulariza es la capacidad de registrar una época con tanta naturalidad expresiva como carga simbólica, razón por la cual suelen quedar enganchadas en el subconsciente de los lectores. Tal cualidad puede atribuirse sin duda a ‘La España vacía’ (2016), que también abordó la hemorragia demográfica del interior peninsular.

Sergio del Molino, periodista afincado en Zaragoza, logró hace cinco años un éxito tan excepcional como el que Irene Vallejo ha alcanzado con ‘El infinito en un junco’ (2019). Dos ensayos sobre temas antiguos y escritos en Aragón han conseguido, contra la lógica del mercado, cautivar al público de todo el país y aun de más allá. Nadie lo esperaba, ni los propios autores, por no tratarse de novelas ni abordar asuntos de moda. Fueron dotados de un ‘no sé qué’ espiritual que, junto a la sutilidad de sus asertos y el pulso de su redacción, ha arrebatado a los lectores.

Vuelve ahora Del Molino a la obra que le dio notoriedad, acaso porque los libros son cuerpos vivos que respiran a través de la relación que establecen con los lectores, pero también porque nunca acaban de separarse totalmente de sus autores. Después de introducir el aguijón de la España vacía en los discursos de los partidos de la España llena (también de votantes), siente la necesidad de «rascar todas las capas de sobreentendidos que se le han ido pegando».

Quien se sumerja en ‘Contra la España vacía’ con el cómodo prejuicio de considerarlo como una secuela del libro que le dio éxito, descubrirá pronto su error: el autor sigue avanzando en su análisis para actualizarlo con lo acontecido en el último lustro, pandemia incluida, con la inmediatez propia del buen periodismo y con la hondura del ensayismo de prestigio. Para ello hace alarde de una contrastada solvencia argumental y estilística, que sustenta sobre una panoplia de fuentes y lecturas. Son innumerables, desde los clásicos de la literatura (Homero, Goethe, Cervantes, Tolstói, Shakespeare, Nietzsche, Baudelaire, Kafka, Quevedo, Voltaire, Clarín, Proust, Flaubert, Max Aub…) hasta los pensadores más nombrados en las últimas décadas (Popper, Adorno, Bauman, Savater, Judt, Debord, Solnit, Applebaum, Rosanvallon, Lipovetsky, Núñez Seixas…) e incluso alguna canción de Joaquín Sabina. Los cita profusamente para apoyarse en ellos o, también, para rebatirlos, como en el caso de Byung-Chul Han o Yuval Noah Harari.

El resultado es un ensayo nutritivo en el que todas las páginas tienen una o varias ideas de provecho, al estilo de Slavoj Zizek, a quien, por otra parte, hace referencia y critica con frecuencia. Como el filósofo esloveno, Sergio del Molino realiza rápidas y ocurrentes reflexiones sobre muchos asuntos colaterales que van desde el patriotismo constitucional de Habermas al antropoceno, pasando por la movida, Caín y Abel, el empoderamiento de China, el peronismo, el racionalismo arquitectónico, el imperio austro-húngaro, la mili, la pax romana o el reasilvestramiento, por citar solo algunos. Y todo ello aderezado con buenas dosis de humor que destila su visión desacomplejada de «gafotas» del que se burlaban sus compañeros de clase. No faltan tampoco chistes y referencias a películas. Despliega tal voracidad argumental que en algunos pasajes también acaba generando la sensación de que, en línea con la tradición cínica de Diógenes, juega con múltiples destellos ingeniosos sin ir a ningún sitio concreto.

‘Contra la España vacía’ sobrevuela sobre buena parte de las materias que hoy acaparan el debate público, esas que fijan los ‘pijoprogres’, las minoritarias clases creativas en las que él mismo se encuadra frente a las mayoritarias clases medias. «No gozamos de poder financiero, pero sí acaparamos tribunas en el ágora desde las que lloramos nuestras penas», afirma. Ahí están, como ejes de reflexión, los populismos, el independentismo catalán, el nacionalismo español, la supuesta vuelta al campo o la decadencia de las capitales de provincia interiores.

A la luz del actual contexto cultural, Sergio del Molino debe ser visto como un rutilante ejemplar hispano del paradigma del intelectual posmoderno. Juega con las ideas, epata, se exhibe y hace un espectáculo de sí mismo. «Obedeciendo al espíritu contemporáneo impúdico y narcisista, voy a autocitarme», proclama con una mezcla de ironía y egolatría antes de transcribir dos largos párrafos de ‘La España vacía’ al comienzo del segundo capítulo de ‘Contra la España vacía’. No es un filósofo ni un sociólogo ni un historiador de relumbrón, es un periodista que se ha reconvertido por necesidad, como él mismo reconoce, pero que está logrando brillar como un ocurrente ensayista/divulgador al estilo anglosajón. No tiene la autoridad científica del catedrático universitario o del investigador de laboratorio; a cambio, goza de una gran habilidad para generar y aprehender ideas, mezclarlas con ingenio y exponerlas con claridad y amenidad.

En un memorable ensayo, Isaiah Berlin realizó una distinción de los seres humanos a partir de un verso helenístico: la zorra sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una importante. Según el intelectual ruso-británico, los erizos simplifican la complejidad del mundo y reúnen su diversidad en una única idea; los zorros, a cambio, son incapaces de reducir todo a un solo pensamiento y están constantemente moviéndose entre múltiples ideas y experiencias. Aplicado este axioma al ensayismo español actual, está claro que Sergio del Molino no escribe de forma obstinada y perseverante, como si fuera un erizo, sino que sobresale como un astuto y flexible polemista.

NOVÍSIMOS ENSAYISTAS ARAGONESES

Aragón cuenta con una hornada aún caliente de ensayistas con gran proyección nacional. Sin llegar a la altura académica, al menos todavía, de José–Carlos Mainer o Agustín Sánchez Vidal, los novísimos destacan porque han ampliado su campo visual y analítico con notable éxito entre los lectores. Junto a los nombres de Sergio del Molino e Irene Vallejo, están los de Daniel Gascón, Cristina Monge, Víctor Lapuente e Ignacio Urquizu, entre otros. También se debe agregar a ‘francotiradores’ ocasionales, como Ignacio Martínez de Pisón, y a profesores más maduros, como Enrique Gil Calvo. Además de sus libros, todos cuentan con una relevante presencia como articulistas en la prensa escrita española, que, a pesar del evidente signo perecedero derivado de su inmediatez, sigue siendo un buen calibrador de la consistencia intelectual de nuestro panorama ensayístico.

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