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La DGA rechaza declarar BIC las torres de Andorra por tener amianto y superar su vida útil

El artista Miguel Ángel Arrudi prosigue ya en solitario su batalla legal para conseguir que se conserven

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La DGA rechaza declarar BIC las torres de Andorra por tener amianto y superar su vida útil.
Alberto Gracia

La DGA insiste en su negativa a declarar Bien de Interés Cultural (BIC) la chimenea y las tres torres de refrigeración de la central térmica de Andorra en Teruel. Tras el rechazo de marzo pasado a declarar el conjunto de la central ni siquiera bien inventariado, como solicitaron Rolde y el artista aragonés Miguel Ángel Arrudi, este último planteó alegaciones, proponiendo proteger solo la chimenea y las torres de refrigeración. Su propuesta ha sido nuevamente rechazada por la Administración autonómica.

La resolución de la directora general de Patrimonio del Gobierno de Aragón, Marisancho Menjón, se basa principalmente en que el periodo de vida útil de las estructuras ya ha expirado (44 años para el hormigón de buena calidad de 1974, año en que se construyeron) y en la presencia "en algunas de estas edificaciones, en particular en las torres de refrigeración, de materiales de carácter tóxico, como el amianto o el fibrocemento, que desaconsejan su conservación". En la resolución no se especifica más sobre el uso de amianto en dichas construcciones.

Pero este último es un argumento que se ha deslizado recientemente en el debate sobre el futuro de las instalaciones de la central. El mes pasado un senador de Vox llegó a asegurar que el conjunto de la central "está repleto de amianto". Desde el partido Teruel Existe se ha reclamado la conservación y se han esgrimido los ejemplos de Dolní Vítkovice, en República Checa, o del Parque Emscher, en Alemania, de renovación e integración de antiguos complejos mineros o industriales.

El artista aragonés Miguel Ángel Arrudi, en lucha por salvar las torres y chimenea de la central térmica.
El artista aragonés Miguel Ángel Arrudi, en lucha por salvar las torres y chimenea de la central térmica.
Guillermo Mestre

Para Miguel Ángel Arrudi, que fue el primero en levantar la voz para reclamar la conservación de este conjunto de arquitectura industrial, los argumentos que esgrime el Gobierno de Aragón para no proteger las antiguas instalaciones de la central turolense no se sostienen en pie. "No hay por dónde cogerlos –asegura–. Solo el hecho de que se piense en derribar la chimenea más alta de Aragón ya por sí solo es un atentado a la lógica mas elemental".

En cuanto al amianto y otros componentes tóxicos, el artista reconoce desconocer "en qué proporciones y dónde se emplearon al construir la central, pero vamos que, de ser así, han puesto en riesgo la vida de los empleados. Lo que me resulta extraño es que, si este peligro es cierto, cómo en otras zonas se reactivan instalaciones de este tipo y se les dan otros usos".

El artista, que presentó sus alegaciones acompañándolas de cientos de firmas, asegura que va a interponer un recurso de alzada frente a esta última resolución. "Si no lo hago estaría cometiendo un acto impropio de mi filosofía de vida, a la par que traicionaría a todos cuantos apoyaron mis propuestas con sus firmas". Pero, añade, "la verdad es que tengo la sensación de estar desarrollando un enfrentamiento a todas luces desigual puesto que me enfrento a Enel/Endesa y parece ser que también a la dirección general de Patrimonio Cultural, que en teoría tendría que ser quien defienda el legado de la cultura industrial".

Boceto de cómo quedarían las instalaciones de la antigua central según una propuesta artística de Miguel Ángel Arrudi.
Boceto de cómo quedarían las instalaciones de la antigua central según una propuesta artística de Miguel Ángel Arrudi.
Miguel Ángel Arrudi

La cuenta atrás para el derribo de las torres ya ha comenzado. El desmantelamiento de la central térmica, con un presupuesto de 60 millones de euros, se inició el pasado 25 de febrero con la demolición de los equipos que se utilizaban para la descarga, almacenamiento y transporte de carbones hasta los molinos de las calderas. Paralelamente, la compañía Endesa ha iniciado trabajos en el interior de las torres de refrigeración como paso previo a la demolición de las estructuras, y a lo largo de este mes tiene previsto ocuparse de la zona de calderas y turbinas.

"Me resultaría triste –concluye Arrudi– ver cómo derriban estos elementos icónicos. La verdad es que sería un fracaso de toda la sociedad aragonesa". 

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