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Israel Fernández: "Si estoy a la deriva y no me encuentro, me ‘agarro’ a Camarón"

El cantaor flamenco ofrece este domingo un concierto en el Auditorio de Zaragoza acompañado a la guitarra por Diego del Morao

Diego del Morao e Israel Fernández, en la portada del disco 'Amor'
Diego del Morao e Israel Fernández, en la portada del disco 'Amor'
Heraldo.es

De Israel Fernández (Corral de Almaguer, Toledo, 1989) se viene diciendo desde hace tiempo que es el sucesor natural de Camarón de la Isla. No lo tiene tan claro. «Con él no se puede medir nadie –subraya–. Es como comparar el mar con una botella de agua. El agua de la botella siempre se acaba gastando, y hay que rellenarla, y el del mar no se acaba nunca. Me gusta mucho el cante y tengo devoción por Camarón. Cuando estoy a la deriva y no me encuentro, me ‘agarro’ a Camarón de la Isla y a Paco de Lucía, y son ellos los que me devuelven a mi ser, los que me ponen de nuevo en el carril bueno».

Israel Fernández no es Camarón, pero en muchas cosas se le parece. Hoy, los aficionados al flamenco tienen una cita con él en el Auditorio de Zaragoza (entradas a 28 euros). El horario es tan poco habitual (12.30), que hasta sorprende al propio cantaor. «Vaya, habrá que dormir por la noche», asegura, un tanto chusco.

El caso es que Israel Fernández, acompañado a la guitarra por Diego del Morao, comparecerá a la hora del vermú frente a los aficionados zaragozanos. El guitarrista lleva un buen tiempo ya con él. «Es un ejemplo para la juventud –le define el cantaor–. Se pueden contar con los dedos de una mano los guitarristas flamencos que hoy tienen personalidad, que los escuchas e identificas su sonido a la primera. Eso te ocurre enseguida con Diego. Pero, aparte de su personalidad, lo bueno que tiene es que le gusta mucho acompañar el cante, es algo que lleva en los genes y no suele ser muy habitual. Yo no soy cómodo para los guitarristas. Improviso mucho, me tiro mucho al precipicio».

En el concierto, Israel Fernández presentará su último disco, ‘Amor’. Si en su anterior grabación se sumergió en el cante de los Pavón (Pepe Pinto, Tomás Pavón, la Niña de los Peines...), en este ha retomado su camino más personal. «En este disco hemos puesto nuestro corazón y nuestra alma, mitad y mitad. Me he atrevido a plasmar en él mis vivencias, lo he escrito y compuesto en un 90%. Mis letras hablan del amor, del desamor, del desengaño, de lo que es la vida en sí, y el trabajo me ha servido para descubrir que el amor es el verdadero motor de la vida. Este es mi cuarto disco, en todos he incluido dos o tres letras mías, pero hasta ahora no me había atrevido a hacer lo que he hecho con este. Creo que tenía la necesidad de desahogarme, aunque quizá hasta ahora no había vivido lo suficiente o no tenía madurez para escribir un disco entero. Porque el problema del flamenco es que te tienes que creer las letras. Si no, no funciona».

El disco, como será el concierto de hoy, es una antología de palos flamencos: fandangos, granaínas, malagueñas, soleás, bulerías, las ya casi raras murcianas... «Si he de ser sincero, y no quiero parecer presuntuoso, me encuentro cómodo con cualquier palo. Pero quizá me sienta más puro con la soleá, la bulería y el fandango. Seguramente se deba a mi niñez. Nací en un pueblo de Toledo y me he criado dentro de una familia cantaora, aunque no profesional. Y de mi infancia recuerdo mucho las fiestas, que a menudo hacíamos sin tener nada que celebrar, con la naturalidad de quien pone un plato en la mesa. Bailábamos a palmas porque no teníamos guitarra, nos rompíamos la camisa... esas cosas que se hacen, que a lo mejor no son tanta verdad».

Tras sufrir durante la pandemia, cree que ahora vive un buen momento («estoy feliz, tengo salud, libertad y un trozo de pan en la mesa») y está dispuesto a darlo todo en el concierto. «Soy fiel a mis sentimientos y me arriesgo en el escenario. Si estoy cantando y el propio canto me pide una melodía por otro lado, me voy con lo que siento, me atrevo. Pero el verdadero premio es el público. Ningún artista es dichoso sin él».

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