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Carlos Forcadell: "Aragón participó de la normalización democrática de la Historia"

El catedrático de Historia Contemporánea y director de la Institución Fernando el Católico es objeto de un libro coral de homenaje

CARLOS FORCADELL ( HISTORIADOR Y DIRECTOR DE LA INSTITUCION FERNANDO EL CATOLICO ) / 31/03/2021 / FOTO : OLIVER DUCH[[[FOTOGRAFOS]]][[[HA ARCHIVO]]]
Carlos Forcaell Álvarez, catedrático de Historia Contemporánea y director de la Institución Fernando el Católico.
Oliver Duch.

Carlos Forcadell Álvarez, catedrático jubilado de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y director de la Institución Fernando el Católico es objeto de un libro 'Carlos Forcadell. A propósito de la Historia' (IFC, 472 páginas), que han coordinado Carmen Frías, Pedro Rújula y Alberto Sabio, tres de sus discípulos.

Por lo regular es un hombre discreto y tímido, aunque también quizá socarrón. ¿Cuál es la primera impresión ante 'Carlos Forcadell. A propósito de la Historia' (IFC)?

En primer lugar de agradecimiento a los compañeros del Departamento, antiguos alumnos y doctorandos, que tuvieron la iniciativa de organizar este reconocimiento, así como a todos colegas y amigos que participaron en las jornadas celebradas en el Paraninfo que han dado lugar al volumen que ahora se publica. La impresión es una mezcla de pudor al verme expuesto en el centro y en las luces del escenario, reflexión retrospectiva sobre el pasado profesional y personal, y curiosa intriga al comprobarse uno reflejado en el espejo de otros, de muchos. Uno, socarrón o no tanto, somarda o no tanto, no es muy propenso a melancolías o nostalgias, pasiones inútiles para quien, a pesar de su oficio de historiador, prefiere ocuparse del hoy y del mañana. Pero una serie de circunstancias me han conducido necesariamente a confrontarme con mi propio pasado: en primer lugar la jubilación, seguida demasiado pronto por el fallecimiento de mi mujer, Pilar Aznar, en el verano de 2019, que son contundentes hitos de una biografía, pero también episodios de menor alcance…

¿A qué se refiere?

El traslado del viejo edificio de la Facultad de Filosofía y Letras, que supuso levantar un despacho ocupado durante mas de 25 años y del que surgieron papeles y materiales olvidados, o la obligación de construir un ‘curriculum’ completo, del que carecía, para solicitar la condición de profesor emérito; ambos casos me invitaron a recordar y aquilatar el pasado personal, y me permitieron comprobar la magnitud del olvido, ahora que se habla tanto de memoria. El 'propósito' de la Historia ha sido y es, precisamente, recuperar las innumerables huellas de los pasados olvidados. 

De entrada, se diría que has sido un historiador que ha hecho de todo: historia de Aragón, de la prensa, de España, del mundo, libros a cuatro manos. ¿Cómo se define?

De momento prefiero no definirme del todo, antes de hora, pero pienso que comparto con muchos historiadores y humanistas de mi generación un perfil “generalista”, pues ya es bastante especialización la propia historia contemporánea, un cajón que de por sí resulta bastante estrecho y artificial, o una investigación centrada principalmente en el siglo XIX y primeras décadas del XX, como es el caso de quien desconfía de la condición de testigo, y deja para otras generaciones mas jóvenes el trabajo, tan necesario como fundamental, sobre el pasado mas cercano del franquismo, la transición o los tiempos del nuevo siglo y milenio. Yo leí la tesis doctoral a mediados de los setenta sobre la dimensión española de un gran tema europeo, como fue la crisis de la socialdemocracia y el surgimiento de culturas y partidos comunistas en la hora de la Gran Guerra. 

Pero si nos situamos en esa década de los setenta, los historiadores, universitarios, intelectuales de lo que podemos denominar generación del 68, en la España del tardo y postfranquismo se vieron solicitados a atender a múltiples frentes y demandas urgentes de todo tipo para tratar y transmitir tantos aspectos del pasado enterrados por la política y la cultura de la dictadura durante cuatro décadas. No eran incompatibles la historia próxima, local, y la historia universal, global; con ese rótulo, ‘Historia global’, proyecté y dirijo desde 2010, y desde una institución provincial (IFC), una colección que ha publicado mas de una docena de títulos. El conocimiento histórico se construye desde escalas espaciales distintas, como el conocimiento en general, que ha de recurrir tanto al microscopio como a la perspectiva macroscópica.

Libro de homenaje a Carlos Forcadell.
Carlos Forcadell con otro profesor y exdirector de HERALDO y de la IFC: Guillermo Fatás.
Archivo Forcadell.

Su trayectoria, en cuando a los ecos y las voces, siempre ha estado vinculada a Juan José Carreras. ¿Qué le debe, qué le ha enseñado?

Yo he tenido el privilegio de tener un maestro y una guía segura tanto en lo profesional como en lo personal, desde que lo conocí a mis 22 años cuando llegó como catedrático al Instituto Goya, un azar funcionarial, pues nada le vinculaba a nuestra ciudad, al que destinaron a un recién licenciado para hacer prácticas docentes; desde entonces hemos mantenido una relación intelectual y humana casi cotidiana durante cerca de 40 años, entre 1968 y 2006, fecha de su fallecimiento. Somos muchos los que le debemos mucho, su contagiosa capacidad formativa sobrepasó las fronteras de nuestra universidad e influyó notablemente en la comunidad de historiadores contemporaneístas jóvenes, así como en la democratización de la disciplina; fue la mía la primera tesis doctoral que dirigió en nuestra facultad, pero también orientó y dirigió sus primeras investigaciones a historiadores como Julián Casanova, Ignacio Peiró, Gonzalo Pasamar, Miguel Ángel Ruiz Carnicer, catedráticos de historia contemporánea hoy en nuestro departamento. Venía de un Heidelberg en cuyas calles y aulas se cruzaban Habermas, Gadamer, Koselleck…; sus enseñanzas eran sutiles, mas orales que escritas, sin darse importancia ni protagonismos, nos hacía conocer, sin apercibirnos en su momento, los fundamentos de la crítica y método históricos que traía asumidos de la mejor tradición académica alemana y centroeuropea; era una persona que influía notablemente en la realidad, con discreción y sin alardes, contrariamente al mundo de apariencias falsas y presencias efímeras tan generalizado hoy.

"La mía la primera tesis doctoral que dirigió  Juan José Carreras en nuestra facultad, pero también orientó y dirigió sus primeras investigaciones a historiadores como Julián Casanova, Ignacio Peiró, Gonzalo Pasamar, Miguel Ángel Ruiz Carnicer, catedráticos de historia contemporánea hoy en nuestro departamento"

¿Cómo resumiría sus trabajos en colaboración con Eloy Fernández Clemente? ¿Cómo lo hacían, había disidencias, debates, qué supuso para usted esa labor?

Resumirlos sería complicado, por lo variopinto de los temas, pero sí que pueden ser explicados como un producto de época, unos años, los setenta, vertiginosos e inciertos con múltiples frentes que atender, universitario, cultural, periodístico, político… Detrás de nuestras colaboraciones también esta la mano oculta de Juan Jose Carreras, por cuanto fue encargado de organizar la docencia de historia económica en la nueva facultad de Empresariales nacida en 1974 y nos nombró -no eran tiempos de concursos ni baremos- a Eloy y a mí para ocuparnos de impartir esa asignatura. Para mí fue una nueva forma de aprendizaje, Eloy era más creador, tenía mas iniciativas y mejores contactos, una temprana vocación de hombre público en el escenario aragonés, yo era más pausado, por carácter, y por influencia de Juan José, a quien he visto ocupar una tarde entera para localizar una nota a pie de página, lo más opuesto a atender a urgencias varias políticas y culturales, que nos llevaban a dar clases, escribir en periódicos, fundar partidos, concurrir a elecciones, investigar en nuestras disciplinas, escribir libros…, se estaba en todas partes, en contra de lo que razonablemente aconseja cualquier forma de sentido común, que tardaría en llegar, pero acabaría llegando, primando finalmente la vocación y dimensión académica, ya desde mediados de los años ochenta, muy conscientemente en mi caso personal.

¿Se quedaría con algo?

Guardo muy buen recuerdo de la 'Historia de la prensa aragonesa' que publicamos en 1979 en la editorial Guara, que fue una primera síntesis muy general, pero que vendió miles de ejemplares y que aun no ha sido sustituida, ni corregidos sus errores y ausencias, por otra más solvente y fundamentada.

"El 'propósito' de la Historia ha sido y es, precisamente, recuperar las innumerables huellas de los pasados olvidados"

¿Qué significó 'Andalán' para el historiador que es o quería ser? Por allí, de cerca y de lejos, andaban grandes historiadores, desde George Cheyne a Tuñón de Lara…

Mas que andar, los traíamos a las páginas del quincenal, luego semanal, que fundamos en 1972. Fue una experiencia de aprendizaje fundamental simultánea y compatible con la primera formación como historiador de un veinteañero que durante 15 años conoció, debatió con compañeros, algunos seniores, como Labordeta, con quien también compartía clases en un instituto en Torrero, Gaviria, Marraco, Biescas, Larrañeta, Fatás y Mainer en los primeros años…, etc. Los consejos de redacción de los lunes en el local de la calle San Jorge, y las discusiones entre las diversas versiones de la oposición democrática política y cultural que allí se reunían, son inolvidables. En el libro que me han regalado la prodigiosa memoria de Eloy recuerda al Carlos Forcadell de ‘Andalán’ mucho mejor de lo que hubiera podido hacer yo. Y por cierto, en 2022, se cumplen 50 años de su nacimiento  y sobra material gráfico, y todavía humano y memorial, para posibles exposiciones o audiovisuales que conservaran y transmitieran el recuerdo de aquella ‘generación de Andalán’ y su época.

Entre los retratos que se ensayan de usted, o definiciones, se dice que es ‘un maestro de la historiografía democrática’. ¿Para qué sirve la Historiografía y para qué les ha ha servido a usted y a tus alumnos? ¿Qué se aprende, qué se saca en claro?

Lo de 'historiografía democrática' es un concepto, una categoría naturalmente opuesta a la historiografía franquista hegemónica y dominante hasta la muerte del dictador y aun bastante años más allá, dada la lentitud con la que se fueron desmoronando los marcos culturales y políticos del régimen anterior. Había que escribir otra historia y de otra manera, lo cual fue tarea de generaciones jóvenes que se lanzaron con compromiso y entusiasmo a construir esa 'historiografía democrática', una varilla más del conjunto de la cultura democrática (universidad, prensa, cine…etc.) que se iba desarrollando, también en y desde las instituciones. No eran tiempos de dudas ni, en aquel momento, de “desencantos”. Yo sí que valoro que, con posterioridad, los compañeros de la profesión me eligieran presidente de la Asociación de Historia Contemporánea (2006-2014), quizá en representación de esos procesos de cambio.

"Había que escribir otra historia y de otra manera, lo cual fue tarea de generaciones jóvenes que se lanzaron con compromiso y entusiasmo a construir esa 'historiografía democrática', una varilla más del conjunto de la cultura democrática: universidad, prensa, cine…"

No sé si ha contestado del todo.

A ello voy. Hay que hablar, propiamente, de Historia de la Historiografía, una disciplina con marcos normativos propios, de raigambre germana, que describe e interpreta la evolución de las formas de investigar y escribir la historia, y constituye una perspectiva y un punto de partida indispensable para la autocomprensión del trabajo del historiador. Para investigar cualquier tema hay que conocer cómo ha sido tratado en otras épocas y en otros contextos, que preguntas y respuestas se han dado y porqué, lo cual favorece la pretensión de objetividad que acompaña a todo buen historiador.

Libro de homenaje a Carlos Forcadell.
La última clase de Carlos Forcadell, rodeado de compañeros y discípulos que son ya profesores. De izquierda a derecha: Miguel Ángel Ruiz Carnicer, Carmelo Romero, Carmen Frías, Alberto Sabio (detrás, en el centro), Carlos Forcadell, Pedro Rújula e Ignacio Peiró.
Archivo Forcadell.

¿Cuáles son para usted las virtudes que debe tener un historiador?

La identidad del historiador -y lo digo aproximadamente con palabras del recordado Santos Juliá- consiste en leer, investigar, escribir y enseñar historia, en practicar un método histórico venerable que consiste en documentar, interpretar, explicar y relatar aspectos de la Historia, cuya reconstrucción a partir de las huellas del pasado es posible, más allá y por encima de relativismos, y constituye una actividad socialmente útil que es necesario trasladar tanto al espacio público como al sistema educativo. La pasión por conocer y estudiar el pasado es una marca de la identidad de nuestra profesión. Conviene tener siempre presente que la práctica historiográfica, como cualquier ámbito de conocimiento, tiene dos destinatarios principales, la propia profesión y el conjunto de la sociedad.

"La identidad del historiador -y lo digo aproximadamente con palabras del recordado Santos Juliá- consiste en leer, investigar, escribir y enseñar historia, en practicar un método histórico venerable que consiste en documentar, interpretar, explicar y relatar aspectos de la Historia"

¿Cómo definiría la Historia social y desde cuándo le empezó a interesar?

La historia, como cualquier disciplina científica o humanística ha sido siempre un saber acumulativo. La historia social surgió de una reacción contra una historia excesivamente centrada en hechos y explicaciones políticas, antes en Gran Bretaña, Francia, o Alemania, y pronto practicada entre nosotros como bandera de una renovación historiográfica más tardía; en torno a la década de los ochenta planeó una “edad de oro” de la historia social; todos, éramos o queríamos ser, 'historiadores sociales', hasta el punto que esta perspectiva, más que disciplina, pudo caer en un pecado de soberbia, hasta que comenzó a ser contestada por la defensa y la práctica de una 'historia cultural' que hoy puede estar cayendo en el mismo pecado de pretender constituirse como hegemónica.

Yo todavía sigo creyendo que hay movimientos colectivos profundos que van mucho más allá de la superficie de la política, y valga el ejemplo de las profundas transformaciones de las relaciones y roles de género, potentes movimientos sociales y culturales que preceden y acompañan a unas acciones políticas que pueden estimular o frenar estos fenómenos colectivos, pero que van por detrás y deben adaptarse a la realidad social. La historia social clásica hizo grandes aportaciones al conocimiento histórico de los factores de exclusión de la ciudadanía, fueran la clase, el género o la raza, y está en la raíz de muchas tendencias historiográficas actuales, que, en ocasiones, adolecen de cierto adanismo.

¿Cree en la existencia, como dicen algunos profesores, de la Escuela de Zaragoza de Historia?

Quizá el término 'escuela' sea algo pretencioso, pero si que es cierto que tanto en la universidad española como en prestigiados centros de investigación europeos, singularmente alemanes, italianos y franceses, las aportaciones de profesores zaragozanos, de modo particular a la subdisciplina de “Historia de la Historiografía”, han obtenido un claro reconocimiento, lo que se ha venido traduciendo en frecuentes colaboraciones en revistas y congresos internacionales. Las tesis que, desde mediados de los años ochenta, propone Juan José Carreras a discípulos como Gonzalo Pasamar o Ignacio Peiró tienen esa intención y van por ese camino, y a partir de estas aportaciones seminales ambos han configurado sus investigaciones, proyectos, dirección de tesis, de revistas y de colecciones editoriales un grupo reconocible y definido en ámbitos europeos

¿Qué ha significado para Aragón, en la Transición, el estudio de la historia, qué aportaciones capitales se han hecho?

Desde Aragón se ha participado, en primer lugar, en el proceso de normalización democrática de la historia, de su investigación y enseñanza, general en el conjunto del país, y posteriormente en el despliegue y crecimiento natural de la disciplina, desde la antigüedad hasta hoy. Me suena que en los indicadores de calidad por áreas de conocimiento las de historia de nuestra universidad se encuentran en posición destacada. Por lo que se refiere a la recuperación del pasado más reciente conviene no perder de vista que las renovaciones y revisiones que se producen en Alemania e Italia tras 1945, aquí han de esperar más de 30 años y solo pueden desplegarse a partir de 1975. En esa indispensable tarea cultural de conocimiento y asunción del pasado conflictivo contribuyeron las primeras y tempranas investigaciones de Julián Casanova sobre la guerra civil en Aragón, continuadas por discípulas suyas sobre el franquismo, como Angela Cenarro, o las propias y dirigidas de Miguel Ángel Ruiz Carnicer sobre historia reciente…, etc., que también han proporcionado visibilidad al contemporaneísmo en y sobre Aragón.   Por lo demás los conocimientos históricos, como todos, son provisionales y revisables, y lo importante es garantizar, a través de la docencia y de la investigación, la continuidad futura del oficio entre nosotros.

Libro de homenaje a Carlos Forcadell.
De izquierda a derecha: Carlos Forcadell, Daniel Gascón, Pedro Rújula, Marisa Santiago, Pilar Aznar (esposa de Carlos Forcadell, fallecida en 2019), Eloy Fernández Clemente y Luis Alegre. 
Archivo Forcadell.

En el libro se habla mucho de "los usos de la historia". ¿Cuáles son?

Es un concepto establecido, como el de políticas de la historia o políticas de la memoria, que pretende atender a los usos políticos y públicos -abusos en muchas ocasiones- a los que se ven sometidas las escrituras y los relatos del pasado, o a las políticas conscientes de la memoria practicadas siempre por estados, religiones, grupos de poder…

Los mejores historiadores han respondido a la perplejidad o escepticismo que puede provocar la coexistencia de historias diferentes, opuestas, y aun enfrentadas, haciendo de estos 'usos' un objeto de análisis histórico que acaba diciendo más de los gestores de los mismos, sean Napoleón, Hitler, el estado soviético, el franquista, la iglesia católica, las naciones o los nacionalismos que en el mundo han sido y son, que de los relatos que construían, ficciones interesadas y mitografías falsas. Se trata de estar alerta y de descubrir y eludir instrumentalizaciones interesadas del relato del pasado, incluso del propio. Conocer las políticas y usos del pasado, de la historia, de la memoria, permite revelar los intereses de los gestores de las mismas. Los historiadores, mayoritariamente hoy, escriben para sus compañeros de profesión y para la opinión pública y la ciudadanía, no para elaborar historias oficiales al servicio de los estados o grupos de poder.

¿Por qué sigue siendo tan difícil conocer la verdad de la historia?

La pregunta es oceánica, vale para la historia y para el conjunto del conocimiento, ya se la hizo Platón en el mito de la caverna, se la repitió Aristóteles, y ha seguido siendo un tema filosófico central hasta hoy. Conviene alejarse de un dogmatismo seguro de la existencia de una verdad absoluta, lo que ha causado las mayores catástrofes en la historia de la humanidad, y también de un relativismo, escepticismo o nihilismo nocivo e inoperante. Un historiador británico escribió que nadie en su sano juicio afirmaría que Bélgica invadió Alemania, fue Alemania la invasora, dos veces en la primera mitad del siglo XX. El ejemplo es burdo y elemental, pero se puede ir mucho más allá del mismo. El oficio de historiador tiene unas exigencias y dispone de algunos consensos profesionales que exigen ajustarse a normas y métodos de la profesión en las que hay cierto acuerdo. No vale todo. Hay procedimientos de crítica y establecimiento de la veracidad de documentos o testimonios, interpretaciones que han de ser objeto de demostración y debate. Una sociedad democrática no debe imponer ningún tipo de historia oficial y en ella han de concurrir naturalmente diversas formas de interpretar o explicar el pasado, pero también conviene avanzar en algunos consensos sobre el mismo, algo que en la España actual es más fácil conseguir entre los historiadores que en la opinión pública.

"Una sociedad democrática no debe imponer ningún tipo de historia oficial y en ella han de concurrir naturalmente diversas formas de interpretar o explicar el pasado"

¿Qué le debemos a los congresos bianuales de historia local?

Fueron una iniciativa de los profesores Ignacio Peiró y Pedro Rújula que ha dado espléndidos frutos, desde sus inicios en Mas de las Matas en 1997 hasta hoy mismo, pendientes de celebrar su 12 edición bianual este verano en el marco de los Cursos de verano de la Universidad en Jaca. Desde su origen se han mantenido al margen de cualquier tentación identitaria y se ha venido rotulando como ‘Congresos de historia local “en” Aragón’, no de Aragón, por cuanto se han planteado como foros de presentación e intercambio de investigaciones de jóvenes licenciados o becarios, aprovechando el auge de la historia local y con el propósito de proponer el marco territorial aragonés, objeto mayoritario de estas primeras investigaciones, como modelo para la comprensión de procesos históricos contemporáneos. Se han celebrado de modo itinerante en localidades aragonesas de las tres provincias, han convocado a destacados historiadores nacionales y extranjeros, y han constituido un modelo y un éxito, tanto por su regularidad como por su condición de aprendizaje iniciático para muchos jóvenes historiadores en formación.

Libro de homenaje a Carlos Forcadell.
Carlos Forcadell con el catedrático Ignacio Peiró, especializado en Historia de la Historiografía, en la Residencia de Estudiantes de Madrid.
Archivo Forcadell.

Hay bastantes alumnos en el libro. Y todos escriben textos de gratitud y cariño. ¿Cómo ha sido en el aula? Mercedes Yusta, por ejemplo, entre otras muchas cosas, habla de que fomentaba el sentido crítico.

Lo que me toca es agradecer esas muestras de gratitud y cariño, con lo que tienen de reconocimiento tanto a una dedicación y método docentes como a la atención personalizada a primeros trabajos e investigaciones pre y postdoctorales, que he procurado no subordinar a mis propias estrategias de investigación, sino proponer o seguir observando las características y condiciones de quienes, en su momento, eran aprendices de historiador, y hoy tienen carreras académicas consolidadas. Hoy pienso que la función principal de la docencia es despertar interés, estimular curiosidad, trasladar confianza en los saberes humanísticos, alentar el espíritu crítico sobre lo que se lee y lo que se oye. El punto de partida consiste en no creerse lo que dice el documento, o el testimonio, o escribe el historiador, sino someterlo, de entrada y por sistema, a escrutinio. Un autor olvidado, Marx, escribió que toda ciencia sería superflua si la forma de manifestación y la esencia de las cosas, la realidad, coincidiesen, y es este el fundamento del conocimiento en general, tanto para ciencias básicas como para ciencias humanas. Son actitudes básicas que se aprenden y se asumen por procedimientos informales, están fuera de programa, son las importantes.

¿Cuál es el balance de todos estos años en la dirección de la Institución Fernando el Católico? ¿De qué se siente especialmente satisfecho?

Para mí ha sido una experiencia extraordinariamente enriquecedora, tanto por las relaciones personales establecidas en cursos tan numerosos como variados como por el aprendizaje del oficio de editor. Como historiador me ha permitido combinar la atención a las demandas de historias locales de pueblos, conociendo a fondo la provincia de Zaragoza y a todos los que actúan como agentes y mediadores culturales en sus municipios, con los temas más actuales de historia global. He podido mantener, con el apoyo de distintas corporaciones, una actividad formativa y editorial notable y reconocida más allá de los límites provinciales y he intentado compatibilizar tradición y renovación en una IFC que, después de sus más de tres cuartos de siglo de existencia, dispone de un capital cultural extraordinario del que no somos cabalmente conscientes, y de un visible prestigio mantenido y acrecentado en el tiempo. Quiero destacar los esfuerzos de sus trabajadores en adaptarse a los nuevos tiempos de digitalización y edición 'on line'. Me informan que de los 3.800 títulos publicados por la IFC a lo largo de su historia 1200 están disponibles para libre descarga en nuestra página web, la cual es objeto de unas 300.000 visitas anuales, incrementadas a 400.000 durante el pasado año 20, la Biblioteca Virtual ha recibido 105.000 visitas, la revista 'Zurita' 33.000, 16.500 el Archivo de Filología Aragonesa…etc. Los 'Anales' de Zurita han sido consultados en 16.000 ocasiones, como 6000 los 'Epigramas' de Marcial…

¿Algo más? 

Quiero acabar agradeciendo a Javier Lambán la confianza que depositó en mi persona cuando me encargo la dirección de la IFC, esperando haberla correspondido durante estos años.

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