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275 años de goya

Carlos Barboza y Teresa Grasa: "En la pintura mural, era extraordinaria su técnica y todo lo hizo con humildad"

La pareja de restauradores ha intervenido a lo largo de los años en casi toda la pintura mural de Goya en Aragón. Defienden su importancia porque en ella late ya el genio. 

CCarlos Barboza y Teresa Grasa, en la plaza del Pilar.
Carlos Barboza y Teresa Grasa, en la plaza del Pilar.
Oliver Duch

Como restauradores, ¿qué les sugiere la pintura mural?

Carlos Barboza: Es la primera manifestación artística de la Humanidad. A partir del arte rupestre, la base técnica e iconográfica va evolucionando hasta alcanzar su máximo desarrollo en el Renacimiento.

Son miembros del Consejo Internacional de Museos casi desde su fundación y, como restauradores, se especializaron en pintura mural tras cursar un máster de la Unesco en Roma en 1973. Cinco años más tarde les encargaron las pinturas de Goya de Aula Dei. ¿Cómo se las encontraron?

C.B.: Los primeros andamios se pusieron en los laterales de la escena de ‘La circuncisión’. Recuerdo que subí, me acerqué, y la primera sensación fue de sorpresa. Parecía que no había pintura, se veían unas manchas, unos brochazos... Desde abajo uno ve una figura, pero cuando te acercas descubres que las figuras son en realidad abstractas. Eso demuestra la genialidad de Goya. Físicamente estaban en muy mal estado.

TERESA GRASA: Cuando llegamos, el edificio ya se había saneado, pero antes había entrado humedad. Había zonas en las pinturas que se encontraban en un estado muy delicado, como en la escena de ‘Los desposorios de la Virgen’. Tuvimos que trabajar extremando las precauciones.

Teresa fue la primera mujer que entraba en la cartuja...

T. G.: Pero no hubo problema alguno. Los cartujos, que habían tenido la sensibilidad suficiente como para saber que aquellas pinturas eran importantes y había que luchar por su restauración, pidieron dispensa al Santo Oficio. Mientras llegaba el permiso yo me quedaba en la sala de visitas y el bibliotecario me traía escritos y documentos para que los estudiara. La convivencia fue maravillosa, aunque prácticamente solo teníamos trato con el bibliotecario, el sacristán, el prior y el cartujo que estaba en la puerta.

¿Qué aprendieron allí?

T. G.: Lo que es la verdadera pintura, y que Goya era dueño de una técnica extraordinaria. Que todo lo pintó con humildad y naturalidad.

Entre 1981 y 1982 restauraron la ‘Regina Martyrum del Pilar.

T. G.: Tenía otro tipo de problemas. Estaba completamente repintada al temple y llena de hollín, seguramente por la calefacción de carbón que tuvo el templo durante décadas. Es una cúpula de 12 metros de diámetro, el doble de lo que tiene la de San Antonio de la Florida en Madrid. Son 230 metros cuadrados de pintura, el ‘summum’ de la pintura mural de Goya.

Luego, en los años 1992 y 1993 llegó la restauración del Coreto del Pilar. Otra técnica. ¿También la dominaba Goya?

C.B.: El Coreto estaba fatal, tenía problemas de conservación de todo tipo y había muchos repintes. Cuando lo estudiamos antes de intervenir nos sorprendió descubrir que es pintura al fresco con una sola capa de mortero como preparación. Esto es algo inaudito en toda la historia del arte: como poco hay dos, o normalmente cuatro o cinco capas. La prueba de lo mucho que Goya dominaba esa técnica la dio la bomba caída durante la guerra civil. A cualquier otro pintor se le hubiera venido abajo toda la obra. En el Coreto se ve pintura adherida incluso en los bordes del roto que hizo la bomba.

T.G.: Es además una lección de cómo se debe componer una escena. Está pintado para que se vea desde la silla del deán.

"Para saber de un pintor como Goya hay que ver sus obras de cerca, no fotografías ni diapositivas" 

Ustedes han restaurado otras pinturas en distintos puntos de la provincia de Zaragoza. Hay especialistas que han dudado de la autoría de Goya para algunas, como las de Calatayud.

C.B.. El problema es que, si no son de Goya, hay que buscar a alguien que pintara como él. Nosotros hemos estado más horas que nadie frente a la pintura mural de Goya, y las hemos visto más cerca que otros especialistas. Conocemos su técnica y su forma de pintar. Bayeu pinta de otra manera, Luzán no dominaba la técnica del fresco...

T. G.: Las pinturas de San Juan el Real de Calatayud solo las pudo hacer él, ni Bayeu, ni Mengs, ni otro pintor. Goya tenía una forma característica de pintar para que se viera de una determinada manera abajo. Podemos equivocarnos, como todo el mundo, pero el tiempo ha acabado por darnos la razón en muchas cosas. En ‘Goya en el camino’, libro que publicó HERALDO en 1992, asegurábamos que ‘El éxtasis de San Antonio Abad’ era de Goya. Nos criticaron mucho, y finalmente el Prado, hace cuatro años, lo certificó. También dijimos que necesariamente tenía que haber estado en Venecia. Hubo quien dijo que no, pero luego apareció el ‘Cuaderno italiano’ y se confirmó. En ese libro dijimos que en Calatayud está el preámbulo de las ‘Pinturas negras’.

C.B.: A veces se confunden el Goya de caballete, el retratista, y el que hacía «pinturas para mi capricho», otro, más suelto y liberado. Las obras pictóricas son lo que son, y hay que estudiarlas independientemente de quien se diga que es su autor. Para saber de Goya hay que ver sus obras de cerca, no fotografías ni diapositivas. 

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