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La crisis de la música, en primera persona: "Ha sido un desastre. La facturación ha caído un 85% y la impotencia es total"

Salas de conciertos y bandas aragonesas lamentan su complicada situación derivada de la pandemia.

Pablo Cano ‘Patxi’, del Rock & Blues, junto a Joey Briz, de The Blue Devils
Pablo Cano ‘Patxi’, del Rock & Blues, junto a Joey Briz, de The Blue Devils
Oliver Duch

El Rock & Blues se ha erigido en uno de los referentes musicales zaragozanos. Su cuidada programación internacional es todo un lujo para los melómanos. El 11 de marzo de 2020, su último concierto lo ofrecieron los estadounidenses Solomon Hicks. Desde entonces, silencio total.

"Ha sido un desastre, solo hemos podido trabajar con nuestra actividad de cafetería. La facturación ha caído un 85% y la sensación de impotencia por el absoluto abandono hace muchas veces que te replantees si merece la pena haber seguido luchando. Ahora que las perspectivas parecen mejores sabemos que nos queda gasolina para aguantar, pero el agujero que va a quedar tardará en levantarse. Nos hemos tenido que endeudar para sobrevivir a un problema del que no somos responsables", lamenta Pablo Cano ‘Patxi’, el propietario.

La pandemia ha afectado directamente a los cinco camareros que reforzaban la plantilla fija y a los que los conciertos daban muchas horas de trabajo. Hay que sumar dos técnicos, una persona de producción, los tres DJ habituales, el equipo de diseño y redes...

El pronóstico a corto y medio plazo no es positivo. "Todavía queda mucho, no arrancaremos como si no hubiera pasado nada. Recuperar la programación estable no se hace de un día para otro. Programar las bandas locales es más flexible, pero las nacionales necesitan meses de planificación y ya no hablamos de las bandas internacionales... Ahora cualquier cosa que vamos apalabrando queda supeditada a las medidas que se vayan tomando, con lo cual, no se genera ni seguridad ni estabilidad", asevera Cano.

Hambre de escenario

La banda zaragozana The Blue Devils añora sus bolos en este local. "En el último, poco antes de la pandemia, no cabía un alfiler. Estaba lleno de gente que se lo estaba pasando en grande, igual que nosotros", rescata su cantante, Joey Briz.

Estos doce meses sin conciertos se han tornado un viacrucis para estos amantes del directo y del rock. "Lo llevamos mal porque no hay nada como la energía de una sala abarrotada como este fantástico Rock & Blues donde siempre hemos ido encantados, si bien deseamos que todos los escenarios de Zaragoza puedan retomar su actividad cuando antes", dice.

Los integrantes de The Crawlies, junto a Chema Fernández
Los integrantes de The Crawlies, junto a Chema Fernández
Toni Galán
"Lo primero sería reconocer el valor de las salas como marca cultural"

Desde 1997 han desfilado por La Casa del Loco de Zaragoza un sinfín de bandas de rango internacional y nacional, además de mimar al talento autóctono. Sus últimas propuestas antes de la pandemia fueron The Cynics con The Crawlies, Los Uppertones con Los Magnetophones, Black Haze con Ice Blue, Ambkor, Martin Barre (guitarra de Jethro Tull) y Los Despistaos.

Pero la música se ha apagado, dejando un panorama sombrío. Chema Fernández, programador de la sala, lo resume así: "Cero ingresos, una sola ayuda, muy escasa e insuficiente, del Gobierno de Aragón y, de momento, cambio de costumbres en el público. Veremos cuando nos vayan dejando abrir con qué aforos y horarios se podrá comenzar a programar conciertos".

La plantilla supera la veintena de personas y, además, cuentan con técnicos de sonido y luces de manera rotativa para el servicio, además del personal que hace la contratación y otros servicios auxiliares.

Al golpe económico, se añade la incertidumbre, que lastra cualquier atisbo de recuperación. Fernández tiene muy clara la receta: "Lo primero sería reconocer de una vez el valor del circuito de salas de conciertos como marca cultural. A partir de ahí: trabajo y ayudas. Que se nos permita abrir con un aforo que garantice unos mínimos de rentabilidad y hasta ese instante ayudas directas a la sala para que pueda estar preparada. Sin dinero se hace más complicado pensar en invertir en buenos conciertos".

Un concierto especial

The Crawlies, un trío zaragozano de garaje rock, cumplió el sueño de telonear a la banda estadounidense The Cynics en el local de la calle Mayor. "Compartir tablas y disfrutar de una de nuestras bandas favoritas de siempre con la sala llena de amigos y gente de otros grupos cercanos fue algo especial", reconoce Alberto Bagües, voz y guitarra.

La actividad del grupo ha caído bajo mínimos este año. Pese a que extrañan la magia de los directos, no lo convierten en un problema insalvable debido a la propia naturaleza ‘amateur’ del proyecto. "Diría que pertenecemos a un subgénero minoritario acostumbrado a remar contracorriente sin esperar nada a cambio y así seguirá siendo", sentencia Bagües.

Jorge Pérez, de El Verbo Odiado, y Luis Costa, de El Veintiuno
Jorge Pérez, de El Verbo Odiado, y Luis Costa, de El Veintiuno foto pablo segura
Pablo Segura
"Como otras veces en el pasado, vamos a superarlo con mucha unión y trabajo"

El Veintiuno es toda una institución en Huesca y en el circuito nacional de conciertos. Una fama bien ganada con años de audacia y de apuesta por la música. Un idilio que ha truncado el coronavirus. Sus últimas actuaciones fueron en febrero con Sotta el día 15, Shinova el 21 y el doblete de Dani Fernández los días 28 y 29.

"En la sala la inactividad ha repercutido muy negativamente ya que se han suspendido decenas de conciertos, algunos de ellos con las entradas agotadas y otros a punto de agotarse, por lo que ha significado un parón sin precedentes en la actividad económica, teniendo que seguir soportando algunos de los gastos fijos que esta tiene", desgrana Luis Costa, propietario de la sala.

Doce trabajadores, entre técnicos, camareros y porteros, están padeciendo las consecuencias. Una deriva que no logra aplacar la ilusión por escapar de este agujero. "Somos muy optimistas tanto a corto como a largo plazo. El Veintiuno nació con muy pocos recursos, por lo que durante todo este trayecto nos hemos tenido que enfrentar a multitud situaciones, en algunos casos mucho peores a la actual, que hemos superado con mucha unión y trabajo. Así que esto, unido al buen estado de salud económica de la que goza la empresa pese a la pandemia, nos hace tener más ilusión por el futuro que preocupación", expresa.

El Verbo Odiado, una de las bandas oscenses con más proyección, fue inquilina de una de las últimas noches de El Veintiuno. "Como todas las noches que hemos pisado la sala, ya fuera sobre el escenario o como público, fue una noche especial, esas paredes encierran algo único. No hacía mucho que habíamos fichado por el sello Subterfuge y estábamos presentando nuestro primer elepé", comparte Jorge Pérez, el cantante.

El parón lo han aprovechado para componer y ensayar. "Nos encontramos muy inmersos en la creación de nuevo material, si bien es cierto que nos encantaría poder armar una gira de presentación de nuestro segundo disco, ‘Nada que celebrar’. Lo complicado de las circunstancias para llevar ese plan a cabo hacen que no descartemos la grabación y publicación de algún pequeño formato en los próximos meses. De lo que no hay duda es que vamos a seguir colgándonos los instrumentos", zanja.

Sergio Vinadé, de Las Armas, y Jorge Martínez, de la banda Despierta McFly
Sergio Vinadé, de Las Armas, y Jorge Martínez, de la banda Despierta McFly
Óliver Duch
"Está siendo un auténtico desastre. Ahora mismo nuestra meta es resistir"

Hace un año que la música no suena en el Centro Musical Las Armas de Zaragoza. Su programación, que reunía a artistas internacionales, nacionales y locales, se extraña entre los aficionados.

La última actuación en este emblemático escenario del barrio del Gancho fue el 7 de marzo de 2020, con el rapero malagueño Delaossa. Una semana antes habían desfilado Amaral con un acústico y dos bandas zaragozanas, la Kleejos Band y Despierta McFly.

Sergio Vinadé, uno de los responsables de la gestión de la sala, narra lo vivido hasta el momento: "Aún no sabemos cómo acabará la historia, ya que de momento la sala sigue cerrada, así que es complicado valorar las repercusiones. Para nosotros como empresa, está siendo un auténtico desastre. Ahora mismo nuestra única meta es resistir".

Una situación crítica que afecta a los trabajadores y al entorno geográfico más próximo. "El cierre de Las Armas ha influido en mucha gente. Directamente a las 15 personas contratadas a tiempo completo y a otras tantas con contratos a tiempo parcial, por no hablar del impacto económico en el resto del barrio, en los músicos, en los mercados y un largo etcétera", indica Vinadé.

Si preocupante ha sido el pasado, el presente y el futuro todavía no se vislumbran con excesivo optimismo. "En nuestro caso el futuro es mañana, y significa intentar resistir y que cuando podamos volver a abrir los números salgan. Si no se trabaja conjuntamente con la Administración en el sostenimiento de las estructuras culturales, no habrá salida para la inmensa mayoría", remacha.

Una sala llena

Jorge Martínez, voz y guitarra de Despierta McFly, fue uno de los últimos en tocar en Las Armas. Una noche que no olvida. "Fue el concierto de presentación de nuestro último álbum, ‘El Campeón’. Recuerdo a la banda sonando como nunca, mucha comunión con el público y la emoción de ver la sala llena levantando los brazos en señal de victoria, como en la portada del disco. Una imagen icónica. Y vista desde hoy, también irónica...", rememora.

Por el camino de la pandemia el grupo perdió diez fechas confirmadas y otras muchas pendientes. Ante la imposibilidad de salir a la carretera, ha aprovechado para componer los temas de un próximo epé.

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