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Un año del último concierto: 4 millones de pérdidas y 2.500 cancelaciones en Aragón

Las salas aragonesas cumplen 12 meses sin actividad y se hallan en una situación delicada. Denuncian la falta de ayudas para mitigar los efectos del cierre al que obliga la pandemia. 

Jorge Pérez, de El Verbo Odiado, y Luis Costa, de El Veintiuno.
Jorge Pérez, de El Verbo Odiado, y Luis Costa, de El Veintiuno.
Pablo Segura

Pocos sectores están sufriendo las consecuencias de la pandemia del coronavirus con tanta virulencia como las salas de conciertos en particular y la música en general. Las normativas y las restricciones han obligado a bajar la persiana desde hace un año, propiciando un silencio inaudito y unas pérdidas preocupantes. Doce meses de inactividad, sin giras ni actuaciones, que están debilitando al sector hasta comprometer la viabilidad y la supervivencia de muchos de los locales.

La celebración de conciertos en Aragón ha quedado reducida exclusivamente a los espacios públicos, como centros cívicos, auditorios o teatros. En el ámbito privado el encefalograma es totalmente plano. Semana tras semana, mes tras mes, las poco más de 20 salas que existen en la Comunidad han permanecido cerradas. Y así siguen.

"El pasado 14 de marzo hará un año que las salas de Aragón silenciaron su música. Y un año después, seguimos peleando por no desaparecer, alguna ya ha cerrado definitivamente y más de una dudo mucho que vuelva a levantar su persiana", explica Pablo Cano ‘Patxi’, el presidente de Aragón en Vivo, la asociación que aglutina a 19 salas –el 95% de las existentes en Aragón–.

Las cifras ayudan a calibrar la magnitud de este drama. En estos doce meses se han suspendido más de 2.500 conciertos en la Comunidad, lo cual ha propiciado unas pérdidas estimadas de unos cuatro millones de euros. Esto supone que se han quedado sin trabajo más de 200 personas entre camareros, profesionales de la seguridad, diseñadores, técnicos de sonido, DJ, empresas de comunicación y programadores, además de los propietarios, que en la gran mayoría de casos son autónomos.

"Los números son dramáticos y reflejan la situación por la que atravesamos. Son decenas de puestos de trabajos directos en el limbo, con muchas personas paradas o en trabajos que nada tienen que ver con la música. La mayoría de salas no han levantado aún la persiana y algunas pudieron trabajar tres semanas y, las menos, han podido reducir pérdidas reinventándose en algo que no eran", relata el máximo representante de Aragón en Vivo.

Pese a tímidos intentos de programar conciertos de aforo limitado el pasado verano por parte de pequeñas salas como la Creedence, La Lata de Bombillas, Moliner 7 o el Juan Sebastián Bar –esta últimoa cerró definitivamente sus puertas en noviembre–, la realidad ha imposibilitado que desplegaran una programación más allá de esa propuesta estival.

El día a día de las salas es poco halagüeño. Al pago de los alquileres –algunas han logrado negociar una reducción– se unen el de los impuestos y de otros gastos corrientes como luz, agua, seguros, alarma, seguros sociales, gestoría laboral y fiscal, internet, amortización de las inversiones... Ante la ausencia de ingresos, la solución está consistiendo en consumir los ahorros y en la solicitud de créditos.

"Han sido doce meses durísimos, llenos de impotencia por vivir una situación de la cual no teníamos ninguna culpa. Las ayudas han sido mínimas, insuficientes y frustrantemente lentas. Pero lo único que nos ha demostrado esta pandemia es que siempre hemos intentado ofrecer soluciones, que las salas que sobrevivan volverán a llenar sus espacios de actuaciones en directo y de oferta cultural cumpliendo con las medidas que sean necesarias. El público y nosotros estamos deseando volver y llenar las noches de música, pero eso ya no depende de nosotros", sintetiza y concluye el presidente de la asociación de salas de Aragón.

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