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la memoria de goya en aragón / 2

Francisco de Goya que estás en las alturas

Hay que elevar la mirada para apreciar las pinturas atribuidas al artista en tres pueblos de Zaragoza y en la ciudad de Calatayud. Poder presumir de ellas es un regalo que se aprovecha con distinta fortuna.

Las pechinas pintadas por Goya en Muel son las que están más próximas al visitante. Dese hace casi un año no pueden verse.
Las pechinas pintadas por Goya en Muel son las que están más próximas al visitante. Dese hace casi un año no pueden verse.
Francisco Jiménez

Aquello de ‘se non è vero, è ben trovato’ casa bien con la atribución en décadas pasadas al Goya joven de pinturas religiosas repartidas por la provincia de Zaragoza, más o menos discutida según el caso (algo no infrecuente, por otra parte, en la acreditación de obras de este artista), e importante para esas localidades y para sus pobladores, que las aprecian y han conseguido con ellas un recurso para atraer el turismo cultural. Este se encuentra ahora muy tocado por la covid. Pero sigue teniendo todavía mucho territorio para crecer cuando la crisis sanitaria quede atrás, siempre que se destinen medios a promover rutas coordinadas, a mejorar la señalética o a atender las visitas en cada uno de sus hitos. Son obras, en todos los casos, sin aparentes problemas de conservación.

Es en Remolinos donde más información encontrarán quienes acudan sin guía a ver a los cuatro Padres de la Iglesia que decoran las pechinas de su barroca parroquia de San Juan Bautista, gracias a una placa en el exterior con bastantes datos. Aunque en este tiempo de restricciones el templo solo se abre en principio para el culto y con todas las precauciones, dos vecinos muy dispuestos, Jesús Zaldívar y Marisa Va, matrimonio, tienen llave y puede concertarse una cita para entrar.

La historia del ‘descubrimiento’ de la autoría de esas pinturas tiene algo de mágica. Ocurrió en 1915. Una se desprendió de la pechina que ocupa en una cúpula y el párroco de la época, Pablo Aznárez, y otro sacerdote, José Castro y Marcellán, la relacionaron al verla de cerca con las de Goya que habían conocido en la cartuja de Aula Dei. Llevada a Zaragoza, unos estudios confirmaron su opinión se confirmó y más adelante recibió el espaldarazo del pintor Ignacio Zuloaga, en una visita a Remolinos junto a un grupo de colegas. Cuenta Marisa Va que se decía que aquel párroco, para hacer ver a los vecinos lo valiosas que eran esas obras, especulaba con que solo con la venta de una de ellas podría financiarse el puente que entonces tanto necesitaba este pueblo, cuando dependía de una barca para comunicarse cruzando el Ebro.

Uno de los óvalos colocados en las pechinas de la iglesia parroquial de Remolinos
Uno de los óvalos colocados en las pechinas de la iglesia parroquial de Remolinos
Francisco Jiménez

Teresa Grasa y Carlos Barboza, restauradores de Goya en Aragón, intervinieron en el conjunto en 1989 y este se lució en sendas exposiciones en Venecia y Zaragoza (palacio de Sástago) y en el pabellón aragonés en la Expo de Sevilla del 92. Ahora sigue viéndose bien en su lugar, sobre todo si el día se presenta soleado y se filtra la suficiente luz al interior de la iglesia. Pronto debiera poderse apreciar al detalle, cuando esté lista la aplicación anunciada por el director general de Cultura del Gobierno de Aragón, Víctor Lucea, con motivo del 275 aniversario del nacimiento de Goya, que ofrecerá imágenes en alta definición de estas obras y otras ‘en las alturas’, incluida la cúpula ‘Regina Martyrum’ del Pilar.

Los lienzos de la iglesia de Remolinos no se encuentran unidos directamente a las pechinas sino en unos bastidores de madera fijados en estas. Así pueden evitar la acción de la sal (cuyas minas tanta riqueza han dado al pueblo, por otra parte), la cual sí se aprecia en el deterioro de la pintura de las paredes del templo, donde hay bastantes desconchones.

Se cree que Goya pudo trabajar en la representación de estos cuatro Padres de la Iglesia en 1772. Probablemente un poco después, lo haría en la ermita de la Virgen de la Fuente, en Muel, plasmando directamente sobre los muros la misma iconografía, en otras pechinas en el presbiterio, según estableció en 1935 la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, de Zaragoza, atribución apenas cuestionada. Dos veces se han restaurado, la última en 1997. A menos altura que las anteriores, se aprecian sin problemas.

Cerámica de Muel para anunciar a Goya en la ermita de Nuestra Señora de la Fuente
Cerámica de Muel para anunciar la ermita de Nuestra Señora de la Fuente.
Francisco Jiménez

Esta ermita, asomada al parque natural muelense, es de propiedad municipal y permanece completamente cerrada desde marzo de 2020, desde la declaración del estado de alarma, para las celebraciones religiosas y para las visitas. Estas podían acceder antes diariamente de 9.00 a 13.00. Juan Hernández se responsabilizaba de abrir y cerrar el edificio. Otra vecina, Marta Rubio, puede ofrecer información detallada. María Luisa Prat, concejal de Turismo y Patrimonio, se da de plazo hasta abril para decidir si, más allá de los voluntarios, «este año podemos tener una persona que abra, reciba a los visitantes y se ocupe de la limpieza».

En torno a estos Goya de Muel corre una fábula que nada menos que quiere hacer hijo de este pueblo al más universal de los aragoneses: su familia habría ido a este pueblo a moler, poniéndose su madre de parto justo al emprender el camino de vuelta hacia Fuendetodos. Esto explicaría que años después, mostrando su apego a su ‘verdadera’ patria, el joven pintor decorara la ermita.

Las últimas pechinas incorporadas al catálogo de Goya en Aragón son las de la parroquia de San Juan el Real, de Calatayud, con, de nuevo, iguales personajes representados. Habrían sido pintadas hacia 1766, por un joven artista que no había experimentado aún su etapa de formación en Roma. La atribución fue establecida en 1984 por José Manuel Arnaiz y Rogelio Buendía. Se procedió a su restauración.

Rápidamente se han hecho un hueco en el recorrido por Calatayud de quienes hacen escala en la ciudad. Esa iglesia levantada por los jesuitas recortó su horario de apertura debido a la pandemia, pero todavía puede visitarse de 11.00 a 13.00 y de 18.00 a 20.00. Desde que terminó el confinamiento casero, un grupo de más de 20 voluntarios controla que se respeten las medidas de seguridad y ofrecen una información básica a quien lo solicite (antes había unos folletos, pero fueron retirados por la crisis sanitaria). «Si alguien pide venir en otro momento del día, también se intenta atenderlo», explica Justo José Sánchez, el párroco de San Juan el Real, que lleva tres años en este destino. «Tenemos previsión y deseo de que venga más gente. Es una pena la situación y que se pueda desaprovechar esta ocasión del aniversario de Goya para promocionar las pinturas. Las pechinas son una joya, pero, además, hay mucha historia aquí metida», añade.

El templo, que va restaurando poco a poco algunas imágenes y otras piezas de su patrimonio, renovó sus cubiertas hace un lustro. Así que ya no hay problemas de filtraciones de agua. Pero las pechinas piden unas mejores condiciones para su observación. «Tienen una iluminación malísima, por insuficiente y por agresiva, porque es muy abrasiva. Habría que plantearse cambiarlas», dice Sánchez.

El armario de reliquias de Calatayud cuyas pinturas algunos atribuyen a un jovencísimo Goya de 14 años.
El armario de reliquias de Calatayud cuyas pinturas algunos atribuyen a un jovencísimo Goya de 14 años.
Jesús Macipe

El mismo Buendía, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, que identificó estas pinturas como goyescas, también ha respaldado la teoría que atribuye la misma filiación a las que decoran las puertas de madera de un armario de reliquias que se conserva en la sacristía. Aparecen representados San Íñigo, patrón de Calatayud, y la Asunción de la Virgen. Cuando fueron restauradas, en 1999, se planteó esta posibilidad, la de que las hubiera hecho el artista cuando tenía unos 14 años, recibida con escepticismo por otros especialistas. Serían las más antiguas que se conservan de él. Antes de la atribución eran escasamente valoradas: se cuenta que algunos monaguillos habían jugado a lanzar dardos a ese armario. En la misma sacristía, ahora ocupada por mesas en las que se imparte la catequesis, buscando espacio en la parroquia para mantener la distancia de seguridad, se encuentra también un sitial que habrían utilizado los Reyes Católicos.

Un mural en una casa de cultura y un retrato en un palacio

Además de en Remolinos, hay más memoria de Francisco de Goya en la Ribera Alta del Ebro. El pintor ya había vivido de niño un tiempo en Alagón y ahora se cree que, siendo joven, volvió para pintar ‘La exaltación del nombre de Jesús’, mural que corona la gran escalera del antiguo colegio de la Compañía de Jesús, luego escuelas nacionales hasta los años 70 y desde mediados de los 80 casa de cultura. Allá atiende Pilar Pérez Viñuales en horario de oficina (9.30 a 14.00 y 16.30 a 19.30 de lunes a jueves, viernes solo por la mañana) y ofrece con gusto una completa información a todo aquel que lo solicite. Se mantienen además las visitas guiadas, en grupos muy limitados por las medidas sanitarias actuales.

El mural atribuido a Goya en Alagón se encuentra en el interior de la actual casa de cultura.
El mural atribuido a Goya en Alagón se encuentra en el interior de la casa de cultura.
Francisco Jiménez

Para aprovechar el posible tirón del aniversario goyesco de este 2021, se quiere colocar en los próximos meses una placa en el exterior anunciando la existencia de esta obra, que fue restaurada en 1986 y que, poco a poco, ha ido atrayendo turismo cultural. También, Pilar Pérez Viñuales espera organizar próximamente alguna visita teatralizada.

Cuando la situación sanitaria se normalice, volverá a estar disponible una opción más de ver a Goya en la Ribera Alta del Ebro. En Pedrola, en el palacio de los duques de Villahermosa, se conserva un retrato de Ramón Pignatelli de Aragón y Moncayo. El cuadro podía apreciarse en las visitas guiadas que se ofrecían dos veces al mes, hasta la declaración del estado de alarma en marzo. El palacio, asimismo, abría para bodas y otros actos sociales y para encuentros empresariales.

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