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Miguel Caballú: "Nos queda el espíritu que animó a cientos de aragoneses en 1925"

El director de 'Aragón turístico y monumental' recuerda que la publicación cumple 95 años, alcanza el número 389 y sigue apostado por la Comunidad

'Aragón turístico y monumental' cumple 95 años.
Miguel Caballú en uno de los viajes a Canfranc, que organiza el SIPA.
Archivo SIPA.

A Miguel Caballú (Caspe, 1941) le gusta decir que la revista ‘Aragón turístico y monumental’ es un pequeño milagro en papel. La publicación, que cumple 95 años, está dividida en seis secciones: Patrimonio, Cultura, Economía, Arte, Naturaleza y SIPA (Sindicato de Iniciativa y Propaganda Aragonesa), la asociación que la fundó. En este nuevo número, como suele ser habitual, hay temas misceláneos y sorpresas: se habla de los Cursos de Verano de Jaca, de los Sitios, de la infancia aragonesa de Ramón y Cajal, del editor y bibliógrafo Bartolomé José Gallardo y de Goya, del artista Félix Lafuente, del Museo de Juguetes de Urrea, de la presencia de los niños en la pintura de Francisco Marín Bagüés, etc., por citar algunos temas del sumario.

¿Cómo se pueden resumir estos 95 años de la revista ‘Aragón turístico y monumental’, que llega a su número 389 y que usted dirige?

El resultado de un deseo de dar a conocer Aragón independientemente de todo lo que pase: nació con la dictadura de Primo Rivera, siguió con la dictablanda, sobrevivió a la Segunda República, a la Guerra Civil sin flaquear, se animó con el franquismo, no perdió el paso con la transición, se ha consolidado en el siglo XXI… La revista siempre ha defendido nuestros valores y formas de ser. Miles de variados artículos y miles de colaboradores de toda condición han defendido cultura aragonesa en estos 95 primeros años. 

¿Qué busca la revista ahora, qué quiere contagiar? 

Argonesismo, no político, basado en los hechos. Entusiasmo a los aragoneses. Respeto para Aragón ante sus riquezas. Deseo de disfrutar del conocimiento de esta tierra, sin menosprecio de todas las demás tierras del mundo. Aumentar el orgullo de pertenencia y el compromiso comunitario, animando a colaborar mejorando el futuro al conocer el pasado.

¿Cuántos ejemplares editan y a quién van a parar?

La distribución de nuestros 1.500 ejemplares en papel es costosa pero llevamos el mensaje de Aragón a los institutos Cervantes, bibliotecas de toda España, casas de Aragón, entidades turísticas…, y a los socios y en general a las personas interesadas por lo que humildemente representamos u ofrecemos de forma gratuita.

¿Qué queda del SIPA, Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón, que la fundó?

El lema «todo por y para Aragón» ha quedado maximalista, pero queda el espíritu que animó a varios cientos de aragoneses en 1925. Hoy medio millar de socios tienen una estructura desde donde animar iniciativas y editar una revista como ésta. Se montan viajes mensuales para recorrer Aragón y regiones limítrofes, y viajes internacionales para lo que llamamos ‘aragonear’ que es presumir y promocionar lo mucho y bueno que tenemos. 

¿Qué destacaría del número? 

Destaco su carácter panorámico, interdisciplinar, diverso… Han colaborado en este número, el 389, seis licenciados en arte, tres médicos, dos arquitectos, cuatro arqueólogos, tres profesores de Universidad, dos abogados, tres ingenieros, dos biólogos…

¿Podría avanzarnos algunos asuntos del contenido?

Trata desde la restauración de una humilde ermita en Luna hasta la obra de recrecimiento del pantano de Santolea o el Gran Reloj de Zaragoza; desde la Muralla de Teruel a la Residencia Universitaria de Jaca;desde una iglesia desconocida en Baells hasta la Real Maestranza en Zaragoza; desde los peces del acuario a los quebrantahuesos del aire; desde el arte mural al de los juguetes industriales.Hablamos desde pintores por nuestro territorio a museos desconocidos o de ilustres aragoneses como Cajal o Goya, siempre con novedades o propuestas para el futuro. 

¿Por qué ha querido reivindicar la huella de la CAI?

En el bloque de Economía, se publica una artículo mío cuyo título da una pista concreta, ‘La CAI del aplauso al olvido’, y es un lamento escrito que da a conocer someramente los 107 años de existencia de la ‘cajeta’ y pone de manifiesto las razones de su desaparición, entre otras cosas poco ciertas, sobre todo por la normativa europea y nacional que hizo desaparecer 40 cajas de ahorros. Se eleva el tono criticando a los aragoneses porque les ha faltado generosidad, justicia, y nobleza para reconocer lo mucho que hizo la CAI por ellos.

¿Cómo concreta esas críticas?

Se revela la falta de manifestaciones en su recuerdo, se extraña lo extraño que resulta que nadie de los cientos de asociaciones y los miles de personas que deben poco o mucho a la CAI hayan promovido acciones de gratitud. Los exempleados no pueden estar contentos con este callado desprecio. ¿Nadie en Aragón recuerda con agrado a la CAI? Hace dudar de la nobleza aragonesa que se pregona. Esta inercia hacia el silencio no nos honra.

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