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Pequeñas pasiones

"Me gustaba rellenar sifones por ver si alguno explotaba"

Miguel Caballú tiene una colección de un centenar de obras de arte, todas con el antiguo utensilio de bares y cafeterías como figura principal

Miguel Caballú, junto a algunas obras de arte de la Colección Albiac
Miguel Caballú, junto a algunas obras de arte de la Colección Albiac
Laura Quílez

Coleccionistas hay para todos los gustos y de todos los colores. Hace ahora 25 años, en 1995, se celebraba en el Edificio Paraninfo una exposición que habría que repetir. Con el título de ‘El extraño coleccionista’ se presentaban al público una veintena de colecciones aragonesas ‘rarunas’: de portaminas, silbatos, máscaras de gas, paraguas, fotografías dedicadas, tipos de imprenta, cámaras fotográficas de espía, esquelas, plumillas, billetes de tren, botones, libros de urbanidad para niños, cajas de agujas para gramófonos, cuchillas de afeitar... había quien coleccionaba hasta pegatinas de fruta.

Algunos de estos objetos no tienen gran valor ecónomico. Otros sí, porque, al fin y al cabo, el valor lo da quien lo compra. Hace un par de años, por ejemplo, se pagaron 70 euros en Todocolección por la tapa arrugada de un yogur Yoplait. Sí, por la película de papel de aluminio que cubría el envase.

Miguel Caballú Albiac, erudito en muchas cosas pero sobre todo caspolino de nacimiento y corazón, colecciona desde finales de los años 90... obras de arte cuyo tema central es un sifón. El asunto, una vez explicado, es menos raro de lo que parece.

"Mi abuelo creó una empresa en Caspe en 1921, Distribuciones Albiac, que repartía bebidas por los pueblos. Tuvo también fábrica de gaseosas. Me gustaba ir de pequeño a la fábrica a rellenar los sifones por ver si alguno explotaba. No iba a pasar nada, obviamente, porque las máquinas de rellenado tenían una rejilla protectora para evitar que resultara herido quien las manejara, pero era relativamente frecuente que alguno estallara. Hay que tener en cuenta que el sifón es agua con gas: el contenido apenas vale nada pero la botella sí, porque tiene que aguantar 4 o 5 atmósferas de presión. Eso hizo que desapareciera con cierta rapidez. Pero ha quedado como algo antiguo, con imagen alegre y festiva. Así que, cuando quise iniciar una colección de arte, pensé en el sifón como protagonista temático. No había ningún afán comercial porque la empresa entonces no vendía ya sifones".

La colección Albiac, que así se llama, no es una más. Siendo la única del mundo dedicada al sifón, tiene el atractivo añadido de que busca fomentar muchas cosas.

"La colección pretende acercar el arte al público en general para generar así más iniciativas culturales –relata Miguel Caballú–. Pero también tiene otra intención, la de  estimular la creación artística en el Bajo Aragón". Y es que no hay creadores que pinten o esculpan sifones (ya sería casualidad que apareciera alguno), por lo que la colección se nutre del encargo directo.

Caballú busca artistas de la comarca, les encarga que realicen una obra inspirada por un sifón y la compra. La pieza inaugural fue de Teodoro Pérez Bordetas y la última, de hace tan solo unos días, de Luis Gandul, profesor y artista de Castellote. Albiac Distribuciones ha cerrado recientemente, tras 98 años de andadura, pero la colección Albiac sigue viva.

Para difundir la obra de los artistas de la comarca, además, se montan exposiciones en poblaciones del Bajo Aragón. También en este apartado la Colección Albiac es especial. "En todas las inauguraciones hay vermú con sifón y aceitunas rellenas –relata Miguel Caballú–, porque me gusta que el visitante pueda contemplar las obras en torno a un aperitivo y fomentar con ello la tertulia, que siempre enriquece. También tengo dos sifones de plástico de cuatro metros de altura, que colocamos a la entrada de la exposición a modo de reclamo".

Hasta ahora se han celebrado muestras en Caspe, Chiprana, Maella, Nonaspe, Escatrón, Mequinenza, Sástago, Bujaraloz, Fayón... Actualmente, a causa del coronavirus, la colección está ‘parada’, pero en cuanto la situación mejore volverá a girar.

"El principal mérito de la colección está en la diversidad, porque en ella están representadas todo tipo de técnicas y soportes. Y porque hay artistas jóvenes y veteranos".

Las obras seleccionadas para la Colección Albiac tienen una enorme difusión, ya que se editan en postales, calendarios, sellos de correos y azucarillos. Así, para las obras más votadas de la colección en 2007 y 2010 se hicieron sellos oficiales para toda España (‘Acertijo’, de Álvaro Clavero; y ‘Café Centro’, de Paco Tomás). También se han impreso once obras en tamaño grande como calendarios de pared para su distribución en establecimientos de la comarca. Los 3.500 calendarios editados han reproducido obras de Joaquín Ferrer, ‘Feguars’ (la pintura ‘Sifonía’, que aparece a la izquierda en la fotografía, en 2008), María Piazuelo (2009), Francisco Sánchez (2010), Marisa Herrero (2011), Eva Ricart (2012), Agustín Lasheras (2013), Lorena Villegas (2014), Francisco Tomás (2015), Sabina Blasco (2016), Miguel Estaña (2017) y Álvaro Lombarte (2018).

Otras 30 obras se han convertido en 8.000 postales de correo o de colección, que se obsequian en el transcurso de las exposiciones. Y las 42 piezas más representativas han ilustrado 5.000.000 azucarillos.

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