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Pedro Bosqued: “A las personas no nos iría nada mal una capa de extrañamiento. Calma iras”

El farmaceútico, escritor y crítico literario publica su primera novela: 'Para cenar, aire', en Pregunta, una narración de sustrato onírico

PEDRO BOSQUED ( FARMACEUTICO Y ESCCRITOR ) / 28/09/2015 / FOTO : OLIVER DUCH[[[HA ARCHIVO]]]
Pedro Bosque es escritor y crítico y asiduo colaborador con la librería Cálamo.  
Oliver Duch.

Muchas son las pasiones de Pedro Bosqued (1970): es farmacéutico, ha sido cronista deportivo durante años, es zaragocista apasionado, le interesa mucho el arte, y ejerce de lector y crítico literario en ‘Artes & Letras’. Publicó primero ‘Pieles de Italia’ en Confluencias y ahora publica su primera novela, ‘Para cenar, aire’, en el sello Pregunta.

¿Qué se siente usted más, escritor o lector?

Un escritor es un lector que prueba. Un lector es un escritor en potencia. La prueba de la potencia es lo que forja. Sin lectura no se puede construir un escritor. Soy lector porque es lo que nos forja.

Mejor dicho, ¿qué literatura le gusta leer y escribir?

Cualquiera que tenga un propósito honesto. Es decir, aquella que desee expresar algo que todavía no está dicho, aunque todo lo está ya. La literatura que cuestiona límites, la que se atreve a ir más allá, es la que en el fondo, interpela al lector. Puede que no lo sepa, pero es la que acabará marcándolo. Y eso es un fruto.

Impresiona esa cita final, en la IV parte de la novela. “Todo lo que me dicen, todo lo que leo, me aparece como que debe ser traducido”. ¿Teme que le ocurra eso a Su lector? Su novela está basada en los detalles, en la vida interior, en los recuerdos, pero también en el extrañamiento constante…

Paul Valéry es un malabarista de la cita. Sí, como escritor, es un trabajo laborioso, detallista, que parezca ligero, pero solo en la forma. No ocurren muchas acciones de forma cerrada, el lector aprecia los huecos por donde puede entrar su peripecia vital. Al no detallar localizaciones, uno puede imaginar su cabaña ideal o la que conoce y dejarse llevar por lo narrado, desligándose un tanto de la realidad. Por eso ese extrañamiento adquiere un poso, como la niebla o la nieve. Empiezan por las tres mismas letras y tienen una apariencia física similar. Son muy volubles. Y sí, el lector puede que tenga que traducir lo que se narra, el no darlo todo hecho, conlleva un empeño que si le presta atención, verá lo que le puede dar de más. Si una canción de Serrat decía: "Por cierto, al techo no le iría nada mal una mano de pintura"; podríamos decir que a las personas no nos iría nada mal una capa de extrañamiento. Calma iras.

¿Cómo surgió la novela, qué buscaba y qué le debe al azar?

La novela surgió de una noticia inicial, de un niño en la montaña de edad parecida, un poco más mayor que Jon, y el desamparo. El mismo que siente Gabriel, el director del equipo ciclista. Al protagonista principal, Fabien, cuando la vida parece casi detenida, se le presentan dos hechos accidentales y reacciona de manera completamente distinta. ¿Por qué? Si a lo mejor su ayuda era más necesaria donde no lo parece. La búsqueda del por qué de la decisión, y ese azar al que nos agarramos para lo que no queremos interpretar o comprender. Es eterno en el ser humano. Nunca desaparecerá.

El libro, en cierto modo, parece una partitura musical, por su escritura y sus ritmos, por el silencio y los secretos, por los detalles y porque en apariencia sucede poco.

Así es, esa observación es fundamental. La estructura, la extensión de las reflexiones de Fabien que tienen un crescendo constante y aritméticamente proporcionado, conservando determinadas palabras. Hay una sublectura interior de elementos también. Cuaderno y grabadora de lomo ancho. Las bicicletas. Los portazos a coches y a casas. Eso hace que el lector pueda mecerse en el mundo que se le presenta y se olvide más de la realidad que circunda al libro.

Hablemos de Fabien, el protagonista. Es un octogenario marcado por el recuerdo de su mujer muerta y por el desencuentro con su hija Mathilde… ¿Qué le atrapó de un personaje así?

Por un lado, la angustia vital que podía tener de no tener nietos, la descendencia interrumpida. Fabien ha vivido mucho y puede pensar con calma, es un personaje para compartir tiempo, diálogo, dudas. Todos tenemos algo de Fabien. El complejo de ser un inútil, no es necesario que sea real, con que lo piense, como todo el mundo, ya se transforma la realidad que ve y la que realmente está. Y a la vez, lo que le despierta Jon le hace percibir que nunca la esperanza desaparece. Y es el elemento dinámico, la bicicleta, el que sirve de metáfora.

Pedro Bosqued publica 'Para cenar, aire'.
Pedro Bosqued es un experto en literatur, y autor de 'Pieles de italia'
Archivo Bosqued.

¿Qué significan para usted las bicicletas y en concreto una bicicleta blanca?

No importa mucho lo que signifique para el escritor, aunque el haber estado apostado en las laderas de los puertos del Tour, hacer noche a dos mil metros, es algo que no se olvida. La bicicleta en la novela tiene varios significados. Por una parte, es algo que si no te enseñan, no puedes usar. Jon necesita un padre que no se sabe si tendrá, y la bicicleta es la metáfora de lo que es Fabien, alguien que le ayuda a moverse, a crecer, a tener un recorrido vital más variado. Y el color blanco, por algo simple, el color luminoso a partir del cual se puede lanzar a una vida del color que desee o pueda llegar a alcanzar. Como antítesis de los coches negros que se conducen en la novela.

Los padres del niño Jon lo dejan a pie de las colinas, lo encuentra Fabien, lo lleva a su cabaña y ahí viven dos o tres días maravillosos. Desconocemos la alarma que vivirán sus padres. ¿Ser escritor consiste es despojarse de lo accesorio y fortalecer una realidad distinta?

Cierto, forjar una realidad distinta es algo determinante. Es la elección narrativa. No se trataba aquí de reproducir una realidad que, por otra parte, cada mirada la aprecia de una manera; sino crear una realidad paralela que ayude al lector a interpretar la suya, con la que se levanta cada mañana y acaba siempre acostándose por la noche, con o sin portazos.

¿Qué son más poderosos, los recuerdos o el rencor?

El rencor surge de la ausencia de algo, los recuerdos llegan sí o sí. Cuando en Mi vida sin mí de Coixet, la protagonista graba lo que les diría a sus hijas en los cumpleaños que ya no verá, al espectador le encantaría ser capaz de generar un recuerdo para el futuro. Algo de eso hay en la carta de la novela. Calmar el rencor y recordar el recuerdo -con toda la reiteración incluida, recordar es volver a pasar algo por el corazón-, es lo que hace más poderosas para sí mismas a las personas. Y en eso anda muy implicado Fabien. La bondad de Lucrecia, que está sin estar en toda la novela, que no se cansa de hacer el bien, es lo que no consigue aplacar nada ni nadie.

"No se trataba aquí de reproducir una realidad que, por otra parte, cada mirada la aprecia de una manera; sino de crear una realidad paralela que ayude al lector a interpretar la suya, con la que se levanta cada mañana y acaba siempre acostándose por la noche, con o sin portazos"

¿Qué le debe su estilo a Julien Gracq, por qué le gusta tanto, y también a Vladimir Nabokov?

En esta novela, mucho. Cuando leí por primera vez a Gracq, me quedó claro que era otra cosa, un mundo onírico, una calma tensa, una espera imprevista. Cuando comprobé que me había sacado de la realidad que te rodea, comprendes las capacidades y herramientas que posee la escritura. Es un trabajo de orfebre, medir palabras, ritmos, sorprender sin efectismos, todo lo que las prisas del día a día no permite, se puede poner en la ficción. Y además, como persona, profesor que no quiso laureles o premios. Quería escribir, sencillamente, como Jiménez Lozano, por poner un ejemplo de escritor recientemente fallecido. El gusto por la escritura, al margen de lo que sea el exterior. Leer una entrevista a Nabokov es como con Gracq, otra cosa, sea la que sea, pero otra.

"La certeza de cierta ensoñación que curiosamente lleva al que habla a narrar su recuerdo como si fuese un notario. Creerse que lo que decimos en ese momento es verdad absoluta, es una de las torpezas que tenemos los humanos"

¿Ha querido que todo el libro tenga una atmósfera un tanto absurda, de suave surrealismo?

De ensoñación, sí, más bien, porque lo que recordamos, no es lo real, es lo que proyectamos según lo que hemos aprendido, sufrido, vencido, llorado, y si nos fijamos en alguien justo antes de que empiece a contar un recuerdo, siempre hay esos segundos en que su vista se pierde en busca de concentración. Eso sí que es una certeza. La certeza de cierta ensoñación que curiosamente lleva al que habla a narrar su recuerdo como si fuese un notario. Creerse que lo que decimos en ese momento es verdad absoluta, es una de las torpezas que tenemos los humanos.

¿Qué es lo más decisivo en la condición humana: lo que sucede o el mundo de obsesiones que lleva dentro?

Una disyuntiva difícil de aclarar. Aún hay gente que piensa que la pandemia es algo orquestado o que no se ha llegado a la luna. Eso tiene el aroma de una obsesión abracadabrante. Da para escribir sobre ello.

Se habla mucho de definir. A Lucrecia, la esposa, a la propia hija, al mundo circundante. Como dice Enrique Vila-Matas, ¿quiere Pedro Bosqued ejercer de alguien altamente imprevisible?

Lo imprevisible está en el mundo, en espera, como un virus, de inocularse. Otra cosa es como creación, lo imprevisible ha sido el motor de avance de cualquier creación artística. Desde la consecución de estilos artísticos en pintura, los tempos musicales, las técnicas narrativas. Si no, seríamos antiMomos andantes sin palpitar. Por cierto, Vila-Matas no da puntada sin hilo. Bertolucci rodó en Sabbioneta en 1970, 'El conformista'; película homónima de la novela de Alberto Moravia. Y cuánto de conformista tiene Fabien. Y todos, no va mal recordarlo, tenemos algo de Fabien.

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