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NARRATIVA HISTÓRICA. OCIO Y CULTURA

Domingo J. Buesa: "Zaragoza, en 1766, está despertando a la modernidad"

El historiador del arte y escritor presenta su novela 'El día que ardió Zaragoza' (Doce Robles), centrada en el Motín de los broqueleros de 1766

DOMINGO BUESA PRESENTA SU NOVELA
Domingo Buesa se inclina cada vez hacia la ficción.
Oliver Duch.

Domingo Buesa Conde (Sabiñánigo, Huesca, 1952), presentaba el viernes, en el Patio de la Infanta, su nueva novela: 'La tarde que ardió Zaragoza', que se centra en el llamado 'Motín de los broqueleros', que sucedió en 1766 y convirtó la ciudad "en una antorcha". El libro lo publica Doce Robles y el narrador e historiador estuvo acompañado por José Luis Melero, bibliófilo, escritor y bibliotecario de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, que dirige Domingo Buesa.

¿Por qué se pasa el historiador a narrador de ficciones? ¿Qué le da la ficción que no le da la historia?

Cercanía con los acontecimientos. La ficción te permite en el mar del frio dato documental navegar por las emociones. En la novela la historia se convierte en vida y en mi caso me atrapa totalmente. Cada novela es una experiencia preciosa, una forma de disfrutar y de poder trasmitir lo poco que he logrado aprender durante tantos años.

¿Qué sucedió de especial en el llamado ‘Motín de los broqueleros’?

Las gentes sintieron cómo llegaba la penuria a su mesa, a sus casas, y se plantearon la necesidad de dar un paso al frente y luchar contra su principal causa que era, a pesar de los años de malas cosechas, la ambición de los poderosos. Esa idea latía en todos los documentos que he estudiado para documentarme, era como un grito que los siglos no han podido sofocar.

También se le llamó ‘Motín del Pan’. ¿Demandaban los ciudadanos la rebaja de los productos de primera necesidad o había unas reivindicaciones más sociales?

Dos líneas marcaron las reivindicaciones: luchar contra la brutal subida del alquiler de la vivienda y luchar contra los abusivos precios en los artículos de primera necesidad. No es un movimiento contra la corona, ni contra el estado. Es una protesta que nace de la necesidad de poder vivir dignamente, de la rebeldía de una sociedad que no quiere que la conviertan en un saco de menesterosos.

¿Cuál fue la idea, de partida: viajar a la Zaragoza, ahora pobre del siglo XVIII, o redactar una novela policíaca?

Viajar a la Zaragoza ilustrada, dar vida a sus personajes más influyentes, recrear los ambientes y acercar al lector esa ciudad que comienza a enfrentarse a un cambio brutal. Y cuando me planteo cómo hacerlo, descubro que mi mente ya estaba contemplando un asesinato. Y decidí seguir la sugerencia.

Todo parte con un asesinato en el monasterio de Cogullada. ¿Tenía en la cabeza ‘El nombre de la rosa’? Parece haber bastantes guiños en el libro.

Fue una novela que me apasionó y todo influye. Desde luego, comprendí que el hilo argumental tenía que ser el asesinato de un clérigo al que todo su entorno lleva a vincular con la aparición de los pasquines. Tuve claro que debería ser un monje, enemigo de la vida urbana y acostumbrado a la soledad de su huerto, quién debía verse en medio del suceso. Me propuse el reto de ver una sublevación reivindicativa a través de los ojos de un monje, hijo de unos emigrantes pobres, que no aspira a nada pero que no ha asumido que lo abandonaran en el convento.

¿Cómo es fray Inocencio, nacido en Moyuela, de 45 años y experto en herboristería?

Es un hombre entrañable que siempre ha vivido recluido en el monasterio, donde sus padres esperaban que pudiera tener una vida segura y mejor que la suya. Su sencillez y su pasión por la naturaleza le llevan a conocer las hierbas y a convertirse en fuente de salud para los que le rodean. Al final, con su sensatez y atrevimiento, se convierte en la persona indispensable para los que lo conocen. Es la lógica de un hombre de pueblo analizando y asesorando a las gentes de ciudad.

DOMINGO BUESA PRESENTA SU NOVELA
El escritor con su novela, publicada por Javier Lafuente en Doce Robles.
Oliver Duch.

De inmediato aparece Ramón de Pignatelli, de ‘carácter terrible”, se dice en un momento. ¿Cuál era, de verdad, su poder, en qué sentido dominaba la ciudad?

El propio tamaño de un hombre que mide más de 1,80 metros de altura, corpulento, educado en Nápoles, noble, rector de la universidad, e incluso canónigo -aunque él manifestaba no sentirse a gusto en esta tarea-, hace que no pase desapercibido en esa ciudad por la que trabajó siempre y en la que sólo se lamentaba del tiempo que perdía en su trabajo con las trabas que le ponían los que mandaban para no dejarle avanzar en sus proyectos. Levantó la plaza de Toros, hizo el Canal, fundó la Económica… Cosas todas que le llevaron a gozar de la enemistad de buena parte de sus amigos nobles, como era de esperar.

"Me ha interesado mucho mover a los personajes por las calles, recuperar sus nombres tan bonitos, y describir lo que ellos podían ver. Recuperar la ciudad de la Ilustración"

¿Por qué aparecen los pasquines, qué demandaban?

Son una amenaza a los que negocian con el mercado de los productos de primera necesidad, encareciendo su precio para enriquecerse. El mensaje es claro: o comienzas a cambiar de actitud o te quemamos tu casa. En realidad, era un grito para buscar soluciones.

Llama la atención cómo se organiza y se moviliza la revuelta… ¿Fue así?

Si, fue así como se organizó. Desde la base, con la referencia del motín madrileño de Esquilache, y con una voluntad de conseguir el triunfo. La clave es poder saber quién estaba detrás, porque es claro que había clérigos, nobles, funcionarios, militares…, incluso jesuitas.

¿Qué resaltaba más: la impunidad, la venganza y el crimen o el afán de justicia social?

Buscan imponer el sentido común y la justicia social, lo que ocurre es que en ese momento la ciudad está llena de gentes que han llegado buscando trabajo, de gentes que no pueden ni comer, de gentes incluso al margen de la ley que prosperan en este ambiente. Y esas cuadrillas de vagabundos, menesterosos y ladrones, son los que protagonizan los destrozos que se cometen, los saqueos y robos, los incendios que hacen peligrar el caserío urbano. Contra ellos surge esa milicia urbana de los broqueleros que asume la represión, ante la quietud del ejército real que contempla lo que pasa sin intervenir salvo en pequeñas cuestiones.

En la novela aparecen muchos personajes conocidos y famosos de la ilustración aragonesa: el Conde de Aranda, que viaja Zaragoza, Manuel Roda, Paco Goya, Martín Goicoechea y Martín Zapater. ¿Cuál fue su aportación a la época y a la gloria de Aragón?

Todos ellos, con sus muchas luces y sombras, fueron gentes que apostaron por el progreso de los pueblos, por la educación, por las mejoras urbanas, por sacar a la sociedad de ese anacrónico medievalismo que era cómodo para la Iglesia. Fueron además gentes que hicieron industrias, obras públicas, renovaron la agricultura, organizaron la formación profesional de las mujeres, la mejora de la salud con los botánicos…

¿Cómo definiría la implicación de Goya? Se va a Madrid por temor a represalias.

Goya como buen artista es un joven apegado a la realidad, critico con la injusticia y dispuesto a dar salida a todos sus sentimientos. Su familia padece muchas penurias y su padre llega a utilizar la cocina de su casa como taller. Y yo intento recuperar cómo debió ser su vida por el día y por la noche, estudiando y cazando, cuando pintaba y cuando se hace famoso cantando por los mesones...

Dice Fray Inocencio: Zaragoza era una antorcha. Se quemaron casas, se mató a gente… ¿Tenemos cifras aproximadas?

Sabemos las casas que se incendian, las que se quisieron quemar y las gentes que fueron condenadas a morir en el balcón como escenario privilegiado. Unos con la puntilla se quedaron sentados, otros colgados de las puertas, la represión fue brutal. Hay dos memoriales que nos hablan de esos sucesos y que son la base con la que he trabajado. Lo más terrible fueron las hogueras en las calles a las que se echaban desde las casas los muebles y enseres, todo aquello que no se podía robar.

"Me gustaría ser sencillamente un instrumento que colaborara al conocimiento de nuestro pasado, pero desde el sentimiento. La historia hay que conocerla para no repetirla"

Fray Inocencio, sin quererlo, se convierte en un detective. ¿Tendrá una segunda oportunidad en la ficción?

Oyendo la pregunta recupero una vieja idea. Este capuchino sería un buen investigador en esa ciudad que está cambiando y en la que hay muchos sectores empeñados en abortar el cambio, incluso apedreando a los ilustrados si hace falta. Seguiré tu sugerencia y volverá fray Inocencio a investigar en las trastiendas del poder, quizás nuevamente viviendo en el patio de Zaporta, hoy Patio de la Infanta, donde residió Pignatelli.

Me ha dado la impresión de que, en el fondo, el gran protagonista del libro es Zaragoza, con sus calles, sus tabernas, sus plazas, sus pasquines al sol. ¿Cómo era la Zaragoza de aquel tiempo, cómo la ve Domingo Buesa?

Sin duda, Zaragoza es mi protagonista y si tuviera que definirla diría que es una ciudad que está despertando a la modernidad, que gusta de embellecer sus paseos y calles, que mejora sus fachadas con balcones, que abre comercios con los nuevos modos de vestir, que apuesta por la novedad del agua como base de la higiene. Me ha interesado mucho mover a los personajes por las calles, recuperar sus nombres tan bonitos, y describir lo que ellos podían ver. Recuperar la ciudad de la Ilustración.

DOMINGO BUESA PRESENTA SU NOVELA
Domngo Buesa con José Luis Melero en el Patio de la Infanta.
Oliver Duch.

Se escribe como se puede y como se sabe, pero ¿cómo quiere escribir usted, a qué aspira?

A poner en la imaginación del lector momentos de la historia para que pueda asumir su legado y pueda reflexionar sobre la verdad de cada suceso. Me gustaría ser sencillamente un instrumento que colaborara al conocimiento de nuestro pasado, pero desde el sentimiento. La historia hay que conocerla para no repetirla. Y desde luego, me gustaría poder divertir al lector que buena falta nos hace.

Apenas hay dos o tres mujeres en el libro. ¿No era el siglo XVIII un tiempo de mujeres, estaban tan eclipsadas?

Acabo de escribir sobre una famosa matemática zaragozana, he estudiado la figura de Josefa Amar y Borbón, rastreo las obras de las mujeres pintoras en la Academia del siglo XVIII. Quiero dedicarles una novela en la que podamos comprender el esfuerzo y la valentía de estas zaragozanas de la segunda mitad del siglo XVIII por lograr que se reconociera el valor de la mujer. ¿Por qué no están? Sencillamente por ser mujeres que desarrollan su labor mucho después de 1766, el año de la revuelta.

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