Despliega el menú
Ocio y Cultura

CUENTOS DE DOMINGO. OCIO Y CULTURA

Ángela Labordeta publica 'Equilibrista', la memoria vital y doliente de Kathleen López

La escritora dialoga en una suerte de suite con la productora teatral que colaboró con el Centro Dramático de Aragón y falleció de cáncer en 2018

KATHLEEN LOPEZ / 15/11/02 / FOTO : OLIVER DUCH [[[HA ARCHIVO]]] Duch3162.jpg
Kathleen López Kilcoyne, en un retrato de archivo, de cuando vivía en Zaragoza.
Oliver Duch.

La literatura del duelo o de la enfermedad es algo más que un subgénero. Es una creación literaria, un testimonio, un modo de acercarse a algo que se vuelve casi insoportable si uno pierde la serenidad o no asume que «la vida es más vida cuando se desploma». Más alta vida, incluso, porque es una existencia con los días contados: la emoción se atropella y se quieren cazar los segundos al vuelo de esa segunda o tercera oportunidad que solo dura días, semanas, meses o unos pocos años. Kathleen López Kilcoyne (1964-2018) era una irlandesa pasada por Santander o una cántabra de orígenes isleños, vitalista, hiperactiva hasta el gamberrismo de ánimo y luminosa, que ocupa un lugar en la escena española como productora, representante de Fernán Gómez y como mujer que contagiaba pasión por el teatro. Tenía la determinación de una pantera y una inmensa capacidad de querer.

Fue víctima del cáncer y se enfrentó a él con toda la fuerza que pudo, y fue mucha. En ese trayecto del espanto le salió todo: la sed no de prolongar la vida, sino de ensancharla, la curiosidad, la lucidez, la capacidad de entender lo minúsculo y el agujero negro de la soledad radical de la que no te alivian ni los más bellos amores, y ella tuvo uno conmovedor, ni la mejor de las amistades.

Ángela Labordeta le dedica su último libro: ‘Equilibrista’ (Los Libros del Gato Negro), que es como una partitura de duelo en suites, un canto a la esperanza, un retrato meticuloso (donde asoman el humor, la complicidad, las decepciones, la ira y las esperanzas, que encarna Carlos López Otín, abrigo y sanador en el pánico), donde cuenta en clave realista y lírica a la vez una demolición inexorable del destino. 

El libro transcurre en Zaragoza, en Madrid y en Santander. La novela es un diálogo constante con el otro: con Kathleen o Kitty, consigo misma, con el mundo avasallador que condena a la batalla sorda y sin tregua, de hospital en hospital, con la quimioterapia. Esta semana se celebra en Zaragoza un congreso sobre el cáncer, ese mal de la muerte y a menudo de una obstinada supervivencia (se puede superar y con frecuencia se vence), y la autora de ‘Rapitán’ o ‘Bombones de licor’ ha hecho un viaje a los infiernos, al «olor a miedo», a la rabia, y rinde homenaje a Kathleen, Kitty, la Equilibrista del título, que nunca perdió de vista el mar, ese camino hacia las estrellas y el sueño.

TRES FRAGMENTOS DE ‘EQUILIBRISTA’. ÁNGELA LABORDETA

-1. Aquellos días en Zaragoza, con el calor aullando desde el Ebro, me sentí muchas veces al borde de tantos precipicios como vidas tenemos y el precipicio mayor era el de tu recuerdo y el de los días que se movían entre lo negro y lo gris con intermedios imperfectos de ruido y vino.

-2. Tú me lo dijiste: «Al sueño no lo para la enfermedad. El sueño solo se detiene cuando eres esclavo de tu supervivencia y mi enfermedad nada tiene que ver con la supervivencia y sí con la muerte».

-3. Pero aquel día nada de eso importaba, porque las puertas del paraíso, en forma de inmunoterapia, se habían abierto para ti y hacia ese paraíso caminamos como uno se entrega a su primer amor, apasionada e inocentemente. Temerosamente humano.

"Tú, Equilibrista, serías la que nos cuidarías y protegerías del dolor que tan silenciosamente a veces y otras tan monstruosamente ruidoso te iba estrangulando por dentro"

-4. A veces tus palabras, Equilibrista, hacían que los ojos se nublasen, pero eran nubes pasajeras que jamás descargaban tormenta, porque tú eras la persona que estaba enferma y lo sabías, eras la persona a la que había que cuidar y proteger, aunque en muchas ocasiones, y a lo largo de esos dos años, tú, Equilibrista, serías la que nos cuidarías y protegerías del dolor que tan silenciosamente a veces y otras tan monstruosamente ruidoso te iba estrangulando por dentro.

-5. Y mientras hablabas y contabas esa magnífica historia sobre tu infancia, yo te imaginaba rubia, pálida y delgada en aquellos grandes barcos; luego te veía feliz en casa de tus tíos de Irlanda pintando existencias, que luego convertirías en historias con la que regalar la vida y una sonrisa a tu madre de Santander. Y por eso sé que la historia de ese avión sobrevolando Belgrado sin poder aterrizar también es cierta y te veo ajena al mundo, ajena al dolor, escribiendo en tus pequeñas libretas que por fin ha cesado la lluvia y que por fin la felicidad es una caricia de mármol sobre la piel que se hace insensible al placer, porque duele vivir cuando ya no hay casi vida y sentir es tan solo el reflejo ciego de una farola en la niebla más densa.

LA FICHA

‘Equilibrista’. Ángela Labordeta. Los Libros del Gato Negro. Zaragoza, 2020. 146 páginas.

Etiquetas
Comentarios