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La arquitectura contemporánea de montaña gana el Premio García Mercadal

El jurado elige el trabajo de Marie-Claude Tourillon para convertir en viviendas un hotel de Panticosa

El edificio de viviendas,revestido de piedra y madera, y la pérgola que cubre el aparcamiento
El edificio de viviendas,revestido de piedra y madera, y la pérgola que cubre el aparcamiento
Iñaki Bergera

La nueva arquitectura de montaña, la que conjuga tradición y modernidad, ha ganado el XXXV Premio García Mercadal. Un proyecto de Marie-Claude Tourillon, canadiense afincada desde hace décadas en el Pirineo y especializada en su arquitectura, ha sido elegido por el jurado como la mejor obra concluida el año pasado en Aragón.

La obra es la rehabilitación de un antiguo hotel en la calle de la Cruz de Panticosa para convertirlo en un edificio con nueve viviendas y trasteros.

El jurado, cuyo fallo se dio a conocer ayer, Día Mundial de la Arquitectura, destaca «la claridad de la resolución formal, que transforma un edificio existente, con relativos atributos arquitectónicos, en una pieza de gran calidad arquitectónica, capaz de realzar el espacio urbano de Panticosa mediante inteligentes operaciones que transforman fachadas y accesos, rearticulan la relación entre los dos volúmenes principales, cubren los espacios adyacentes con ingeniosas e integradas marquesinas, y producen el pequeño milagro –como toda buena arquitectura– de borrar de la memoria el estado previo hasta hacer inimaginable que pudiera haber sido distinto».

«Me vinieron a ver con la duda de si el edificio existente, de unos 1.200 metros cuadrados construidos, y levantado en los años 70 del siglo pasado, podía transformarse en viviendas o había que partir de cero –relataba ayer Tourillon, tras recibir la noticia del premio–. El edificio no era muy atractivo pero tenía calidad constructiva y pensé que se le podía sacar provecho y dar una nueva vida».

El principal reto fue ese, renovarlo. «Nuestra mayor preocupación fue actualizar la imagen del edificio y darle un aspecto más contemporáneo, pero había que lograrlo conjugándolo con las normas constructivas de la localidad, trabajando sobre todo con piedra y madera. Ahí estaba la dificultad, en hacer una arquitectura de hoy en un contexto que no nos lo ponía fácil».

Así que, contrariamente a lo que viene siendo habitual en la arquitectura de montaña, el proyecto añadió piedra y madera a las ya existentes. Y con un lenguaje contemporáneo, que puede llamar mucho la atención al ojo habituado a lo tradicional. El exterior destaca poderosamente en su entorno. «Elegimos usar una madera carbonizada (técnica japonesa tradicional) –señala Marie-Claude Tourillon– que le da mucha personalidad pero que es acorde con las normas. Habitualmente intervenimos en edificios con muros de piedra, de uso agrícola y de mucha antigüedad, y los convertimos en viviendas. Aquí, como era relativamente moderno, nos tocó añadir piedra a las fachadas. El objetivo, en cualquier caso, no era destacar, pero tampoco queríamos limitarnos a vestir de piedra el edificio ya existente».

El antiguo hotel gozaba de buena salud, y el único aspecto problemático desde el punto de vista constructivo acabó convirtiéndose en una de sus cualidades. Y es que sufría daños en el tejado por carecer este de la suficiente inclinación para evacuar adecuadamente nieves y hielos. El proyecto, al aumentar las pendientes de las cubiertas, ha hecho que el edificio sea más airoso.

Marie-Claude Tourillon nació en Quebec en 1975 (el mismo año en que se construyó el edificio premiado), estudió arquitectura en la University of Houston y llegó a España de la mano de una beca, con la que pudo hacer prácticas durante seis meses en el estudio barcelonés de Óscar Tusquets.

«Luego encontré trabajo en Zaragoza y poco a poco me fui acercando a la montaña. Al final he podido unir ocio y trabajo». Desde el año 2001 ha trabajado en distintos proyectos del norte de la provincia de Huesca, en colaboración con despachos de arquitectos; en Periferia, estudio que cofundó; o en solitario, como acabó estableciéndose en 2015.

«Me alegra mucho este premio –subrayaba ayer– porque consagra que es posible hacer una arquitectura moderna con elementos tradicionales, que es posible ser respetuoso y moderno a la vez. Trabajar en la zona donde yo lo hago da muchas satisfacciones. No tienes la escala que te pueden ofrecer las grandes ciudades pero puedes entrar en los detalles y vivir muy cerca de tus obras».

El jurado de la última edición de este premio, la XXXV, estuvo presidido por Pedro Joaquín Navarro, decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón (C.O.A.A), e integrado por el arquitecto Iñaki Alday, elegido por el colegio; los delegados provinciales del C.O.A.A, Felipe Munuera (Huesca), María Felipe (Teruel) y Tomás Ibáñez Anechina (Zaragoza); y Luis Franco, arquitecto elegido por los concursantes. Actuó de secretario Adriana Marín, a su vez secretario de la Junta de Gobierno del colegio. 

El jurado acordó también conceder sendos accésit, en el apartado de ‘Edificación de uso residencial’, al edificio de la calle del Carmen, 1, de Zaragoza, de José Antonio Alfaro, Pablo de la Cal, Carlos Labarta y Gabriel Oliván; y a la vivienda de la avenida de la Ilustración, 4, de Zaragoza, de Cristina Balet y Esther Roselló.

En el apartado de ‘Edificación y equipamiento de uso no residencial’, el proyecto elegido fue la reforma y ampliación del consultorio médico en Azanuy (Huesca), de Alegría Colón y Alejandro Dean. En ‘Restauración e intervención en el patrimonio histórico’ los accésit fueron para la modernización del Mercado Central de Zaragoza, de José Antonio Aranaz y Pedro Villoldo; y a las obras de urgencia en los inmuebles del Camino de Santiago a su paso por Ruesta, de Sergio Sebastián. Este arquitecto ganó también uno de los accésit en la categoría de ‘Rehabilitación, arquitectura interior y arquitectura efímera’ por la rehabilitación de una vivienda familiar en la calle Badajoz, 7, de Zaragoza. Otro fue para el trabajo realizado en la harinera de San José por Carlos Martín, Teófilo Martín y Luis Fernández.

Por último, se concedieron otros dos accésit en la categoría de ‘Fomento y difusión de la cultura arquitectónica’. Los recibirán (el acto de entrega oficial se ha pospuesto ‘sine die’ por la pandemia’) la exposición y catálogo ‘Racionalismo en Aragón’ (Javier Domínguez, Jorge León, José María Castejón, Enrique Cano y José María Pérez Bella) y el comisariado, exposición, catálogo y audiovisual de ‘Rafael Moneo en Aragón’ (Sixto Marín).

El jurado otorgó también sendas menciones, a Alberto Monreal y Elisa Durán; y a David Martínez.

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