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Ocio y Cultura

VIAJEROS POR ARAGÓN

José María Quadrado, el narrador incansable de la cima y el llano

El escritor y viajero redactó el tercer tomo, de Aragón, del volumen 'Recuerdos y bellezas de España', que ilustró el dibujante y litógrafo Parcerisa

Viajeros por Aragón. José María Quadrado.
Retrato del escritor, periodista y viajero José María Quadrado.
Bartolomé Maura

El ambicioso proyecto editorial ‘Recuerdos y bellezas de España’ aparecería por entregas en once tomos, ilustrado por el dibujante, grabador y litógrafo Francisco Javier Parcerisa, y redactado por cuatro escritores: Pablo Piferrer, que murió joven, Francisco Pi i Margall, Pedro de Madrazo y José María Quadrado (Ciudadela, Menorca, 1819-Palma de Mallorca, 1896). A este periodista, escritor e historiador, de marcado signo católico y temperamento romántico, le correspondió el tomo de Aragón.

Quadrado inició su viaje en septiembre de 1844 y exaltó las bellezas de la región, criticó algunas construcciones nuevas, que le parecían desentonar con cascos históricos consolidados, e hizo especial hincapié en datos artísticos y detalles históricos, especialmente de lugares que lo conmovieron, como la Torre Nueva, los monasterios de Veruela y de Piedra, el Moncayo, «la majestuosa corriente del Ebro» a su paso por Escatrón o la riqueza monumental de Calatayud. Ante el paisaje, mostró su asombro, su admiración y atisbó huellas de grandeza religiosa, como les sucedió a otros viajeros como Louis Viardot o Selina Bunbury.

A Quadrado le atrapó todo con su estilo minucioso, no exento de retórica y de literatura. En la provincia de Zaragoza tenía mucho para comentar, como el Canal Imperial, la Seo y el Pilar, a los que les dedicó muchas páginas, y la Torre Nueva. Dejó una descripción muy física de su configuración: "Ocho balcones salientes forman la galería en cuyo centro cuelga la campana principal; y el que suba las 260 gradas de la escalera que gira entre los muros exteriores de la torre y otro interior paralelo, ve su fatiga compensada con la perspectiva que le presenta la ciudad agrupada en derredor a sus plantas, y su vastísimo horizonte surcado por ríos y canales, bordado de huertas y alamedas…".

Añade otros matices: "Aumenta el vértigo del espectador la inclinación de la altísima mole hacia el sudoeste de más de nueve pies, que si bien no creemos todavía precursora de ruina, sentimos, a vista de la hendidura abierta en su parte inferior, no poder atribuir a capricho y alarde del artífice más bien que a ultraje del tiempo".

Sale a los paisajes de los alrededores y se fija en zonas de vega, huerta y montaña. Siguiendo el cauce del río Jalón, contempla: "Allí reviste ya la naturaleza más risueña variedad cual si presintiera la proximidad del fecundísimo Jalón que no tarda en descubrirse desde lo alto de una cuesta discurriendo al través de frondosos olivares, nada comparable a aquella perspectiva y a la pintoresca posición de Morés al pie de cenicienta y fantástica rosa coronada por un castillejo, sobre un fondo de triple cordillera gradualmente perdida en el horizonte". Quadrado, como sus compañeros, conocía la tradición del ‘Gran Tour’, e intentaba enjoyar su prosa y la descripción de la orografía y de sus sensaciones.

Huesca le inspiró mucho. Así de entrada parece la provincia exuberante. En la capital anota: "El que se acerca a Huesca por la rasa llanura del mediodía, atravesando el riachuelo Flumen cuyo latino nombre le anuncia la célebre ciudad de Sertorio, la creería recostada en la falda de una pintoresca sierra que descuella con sus rojizos y quebrados picos por cima de las torres de las iglesias y de las airosas agujas de la catedral". Los viajeros, ya se ve, se envician de pintoresquismo.

Recorre el Matarraña, Rubielos de Mora, Alcañiz, el Maestrazgo, Tronchón, famoso por su queso antaño y ahora mismo. Y también tiene palabras para Teruel, con su carácter medieval. "En las angostas si bien aseadas calles, pocas ventanas ojivas, pocas torres ahumadas evocan en la memoria las tumultuosas escenas de la Edad Media; pero la altura y el pardo tinte de los muros prestan a las casas solariegas un aspecto sombrío y fuerte análogo a la historia de asechanzas, combates, asaltos, al par que atestiguan la magnificencia de sus primeros poseedores. Rodeada de pórticos, la plaza, cuyo testero realza la fachada de las casas municipales y cuyo centro adorna vistosa fuente, debe a su animación y colorido local un encanto pintoresco igual casi a la poesía de sus monumentos y superior a la regularidad de modernas construcciones".

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