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Ocio y Cultura

Cervantes, Shakespeare, Tomeo y otros confinamientos de libro

Algunos autores literarios concibieron sus mejores obras durante una reclusión; otros, escribieron sobre epidemias e incluso anticiparon situaciones como la actual.

Ilustración de 'El conde de Montecristo' (edición de 1888)
Ilustración de 'El conde de Montecristo' (edición de 1888)
Heraldo

El momento presente encierra una lectura dura y compleja, y un deseo común: frenar cuanto antes la pandemia y poder pasar página. El confinamiento decretado tras la declaración de estado de alarma recuerda a algunos encierros literarios de personajes y, en algunos casos, también de autores. La literatura es un refugio, un ventana donde asomarse y respirar. Ayuda, además, a sobrellevar aquello que nos atenaza en una situación tan complicada como la crisis del coronavirus. De puertas –y ventanas– adentro, hay tiempo para leer o releer muchos títulos sobre reclusiones y epidemias –más de los que aquí se citan–, algunos tan premonitorios como la novela de terror ‘Los ojos de la oscuridad’ (1981), del escritor estadounidense Dean Koontz, con un argumento acerca de un virus letal denominado Wuhan-400 creado en la misma ciudad china en la que se originó la epidemia del Covid-19, y que lleva en cuarentena más de dos meses.

Pero para encierro el de Edmundo Dantés, protagonista de ‘El conde de Montecristo’, de Alejandro Dumas. En esta obra de aventuras publicada en 1844, Dantés, es un honrado marinero, traicionado y sentenciado a cumplir durante 13 años una condena que no merece en la prisión del castillo de If, en la bahía de Marsella. Tras la reclusión, y bajo la identidad del conde de Montecristo, urde una venganza que consumará a lo largo de una década. Dumas también abordará esta temática en un pasaje de la ‘El vizconde de Bragelonne’, la última de las novelas de D’Artagnan, en la que aparece un personaje, hermano gemelo de Luis XIV, que es recluido en la isla de Santa Margarita con una máscara de hierro en su rostro. No obstante, la primera referencia sobre la existencia de este misterioso personaje corresponde a Voltaire y se encuentra en su obra ‘El siglo de Luis XIV’.

Otro confinamiento que más que una aventura fue toda una pesadilla es el que relata Gerry Conlon en su autobiografía ‘Proved Innocent’, publicada en 1990. Conlon, conocido como uno de los cuatro de Guildford, pasó 15 años en prisión acusado –con pruebas falsas– de un atentado del IRA que no cometió. Su padre, Giuseppe, fue encarcelado junto a él y murió en prisión. Gerry Conlon fue detenido en 1974 y finalmente absuelto en 1989. Pero hasta 2005 el Gobierno británico no pidió perdón públicamente por la injusticia cometida. El caso de ‘los cuatro de Guilford’ fue reabierto el pasado año, a petición de un bufete de abogados de Belfast, ya que la investigación del atentado se detuvo cuando comenzaron los procesos penales. Este suceso inspiró la película ‘En el nombre del padre’, de Jim Sheridan (1993), protagonizada por Daniel Day-Lewis, Emma Thompson y Pete Postlethwaite.

Ana Frank

Ciertamente, uno de los relatos más estremecedores en este sentido es el que compone el ‘Diario de Ana Frank’, compuesto por los diarios personales de la adolescente Ana Frank escritos entre junio de 1942 y agosto de 1944. En ellos narra los dos años que permaneció oculta de los nazis con su familia en Ámsterdam, durante la Segunda Guerra Mundial, hasta ser descubierta.

** FILE ** This is an undated photo of Anne Frank from the Anne Frank Center, USA. Based on new theories, government historians said Thursday July 4, 2002 they are reopening the case file on Anne Frank to determine who betrayed the hiding place of the Dutch Jewish teenager to the Nazis. (AP Photo) [[[HA ARCHIVO]]]
Ana Frank
AP

Un enclaustramiento bastante alejado de éste guarda relación con los hermanos Bécquer y su estancia en Veruela entre 1863 y 1864. De allí surgieron las cartas ‘Desde mi celda’, de Gustavo Adolfo Bécquer, que se publicaron por entregas en el periódico ‘El Contemporáneo’. El poeta sevillano viajó allí, enfermo, con el ánimo de que el clima del Moncayo mejorase su salud.

Año sin verano

En el año sin verano, aquel de 1816, provocado por anomalías en el clima global, el poeta Lord Byron y varios de sus invitados, entre ellos su médico, John Polidori, y la joven Mary Shelley pasaron unos día estivales en Villa Diodati, una mansión en Suiza. Allí, confinados, sin poder salir a causa de la lluvia y el mal tiempo, comenzaron a relatar, como pasatiempo, historias de terror. De aquellas narraciones nacerían las novelas ‘Frankenstein’ y ‘El vampiro’. Esta última sirvió de inspiración a Bram Stoker para su ‘Drácula’.

Durante estos días también se ha recordado que grandes obras literarias nacieron de una cuarentena por la peste, como ‘El rey Lear’ y ‘Macbeth’, de William Shakespeare; o que Miguel de Cervantes concibió ‘El Quijote’ durante una reclusión en la cárcel de Sevilla. En otro contexto, llama la atención la reclusión autoimpuesta de la poeta estadounidense Emily Dickinson, proveniente de una familia distinguida, que vivió buena parte de su vida encerrada en su casa y, en los últimos años de su vida, sin salir de su habitación.

La situación actual recuerda, en ciertos aspectos, a la novela ‘1984’, de George Orwell, en la forma en la que el Estado controla nuestros movimientos, o nuestra privacidad en las redes sociales se ve amenazada. Incluso los ‘dos minutos de odio’ que se citan en el libro tienen un cierto paralelismo con comentarios polémicos que estos días incendian Twitter -esos ‘haters’-.

Confinamientos y epidemias también asoman en obras como ‘La muerte en Venecia’ (Thomas Mann), ‘Los topos’ (Manu Leguineche y Jesús Torbado), ‘Ensayo sobre la ceguera’ (José Saramago), ‘Desde el jardín’ (Jerzy Kosinski), ‘El jinete pálido’ (Laura Spinney), ‘Gripe mortal’ (Pablo Caralps), ‘El amor en los tiempos del cólera’ (Gabriel García Márquez), ‘La peste’ (Albert Camus), ‘La cuarentena’ (Jean Marie Gustave Le Clézio) o ‘¿Alerta pandémica?’ (José Manuel Echeverría).

Javier Tomeo
Javier Tomeo
EFE

Hace unos días, el investigador Jesús Cuartero recordaba en las redes sociales que «epidemias ha habido muchas a lo largo de la historia de Zaragoza. Destaca la peste de 1564 y el libro que escribió Juan Tomás Porcell ‘Información y cvración de la peste de Caragoça, y praeservación contra peste en general’». Cuartero apuntaba, además, que en 1885 la ciudad «sufrió la peor epidemia de cólera de toda España (se estima en 2.100 los fallecidos)».

Pero sin duda, uno de los grandes maestros de la escritura opresiva es el aragonés Javier Tomeo. En su primera novela, ‘El cazador’, la trama gira en torno a un hombre que se encierra para siempre en una habitación para no tener que tratar con su madre, Otros ejemplos son títulos como ‘El castillo de la carta cifrada’ o ‘Amado monstruo’.

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