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Ocio y Cultura

Música

Dylan y Scorsese se unen en una farsa para exhumar la circense gira de 1975-76

Netflix exprime la historia con un inconexo documental en tanto que Sony purga sus archivos musicales para vender una abrumadora caja con 15 discos de la época

Joan Baez y Bob Dylan en una de las actuaciones de la gira Rolling Thunder Revue.
Joan Baez y Bob Dylan en una de las actuaciones de la gira Rolling Thunder Revue.
Heraldo

Padre Martin Scorsese que estás en la tierra, santificado sea tu nombre y benditas sean tus películas, desde ‘Taxi Driver’ a ‘El lobo de Wall Street’… y los documentales pop sobre Woodstock, ‘El último vals’…, pero vaya tostonazo que has colocado en el escaparate en tu nuevo encuentro con Dylan. O sea, ese documental sobre la gira Rolling Thunder Revue, de 1975-1976, estrenado por Netflix recientememente, que acaba agotando hasta al ‘dylanita’ selecto.

Ya se sabe, padre Dylan es un bidón de hierro y hermetismo, pero tú, que ya lo has tenido a mano en el opulento ‘No Direction Home’, enriquecido diez años después con la revisión de 2016, que aquí hagas de entrevistador-alfombra no es de recibo. ¡Un poco más de nervio, audacia y hasta de impertinencia que provoque que el bidón reviente, o al menos que esa estatua callejera en la que Dylan se convierte ante la cámara se agite un poco más, que exude vida y memoria, y nada de ficción y mentira!

Pompas de jabón

Sí, al menos vemos a un dios carnal que habla y luce un bonito medallón en el cuello, pero el documental pertenece a ese género tan típico y aborrecible de las factorías angloamericanas, trabado a base de pompas de jabón que flotan y revientan en el aire sin rumbo, de retazos inconexos, sin hilazón, sin un minuto siquiera de charla tranquila, no digamos sin apenas espacio para reproducir piezas enteras, que a fin de cuentas son el sustento de un documento musical. Máxime en este vídeo donde se trata de mostrar las imágenes y el entorno de aquellos alocados conciertos de gira tan circense como aquella del 75, imitando a las viejas troupes medievales de comediantes que Bergman retrató magistralmente en ‘El séptimo sello’ o las giras callejeras de los comediógrafos italianos del Renacimiento. 

El circo ambulante de La Rolling Thunder Revue: una bullanga de invitados que se subían y se bajaban del autobús cuando les daba la gana, mucho hippismo deluxe, mucha cocaína y un maestro de ceremonias completamente perdido, huyendo de sí mismo, de su papel de héroe contracultural que le asignó la nueva izquierda, y sobre todo de un reciente divorcio de su esposa Sara; a saber, un Dylan, con sus máscaras y su pasotismo, que lo mismo conducía el autobús que se agazapaba en un rincón, o se subía al escenario apretando la mandíbula o carcajeándose cuando un espectador, hasta las narices, le pedía que cantara "canciones de protesta", metiendo el dedo en la herida de Newport.

Bien es verdad que aquel no era el mejor Dylan en vivo de la historia. En el 74 hubo un doble LP con The Band donde la electricidad se combinaba con el folk en una simbiosis de caramelo. Y en el 79 llegaba el gran punto culminante con ‘At Budokan’ y la primera exhibición de cómo transformar en vivo, delicadamente e inteligentemente, un repertorio ya olímpico. Pero en medio, en 1976, quedó el extracto de aquellos conciertos de la Rolling Thunder Revue, ‘Hard Rain’, un LP con las molestas protuberancias del vinilo: sus ruidos, sus fritangas, sus prensajes de taller cutre y sus ecualizaciones descompensadas, lo que unido a la bulla del escenario agravaba la escucha. Menos mal que en 2010, en el quinto volumen de las ‘Bootleg Series’, un doble CD puso al descubierto un apetitoso extracto de aquella gira, de la que ahora ha salido una caja con 15 CD’s con ensayos, rarezas y 14 conciertos del ‘trueno ambulante’. Un exceso para público en general, un gozo para ‘dylanitas’ embarrados.

Mentiras y farsa

Para colmo, volviendo al documental, San Dylan y San Scorsese se mofan ahora de la parroquia, insertando historias y personajes falsos, desde una Sharon Stone jovencita a un promotor o un realizador cinematográfico de la gira, ambos inexistentes. O el engañoso injerto de la inolvidable ‘Venus’, de Shocking Blue. Por no esquinar la gran majadería de la aparición de Kiss porque, ¡como cuenta el mismo Dylan!, Scarlet Rivera era la novia del líder del grupo. ¡Todo mentira! Farsa.

Una alegoría, si se quiere - como ya sugiere el mismo inicio del documental, con un añejo truco de magia, sacado del cine mudo, de escapismo a lo Houdine- de estos tiempos de las famosas ‘fake news’, pero maldita la gracia, máxime si no se sabe nada al respecto y luego se descubre la tostada que Scorsese y Dylan, en perfecta complicidad contemporánea, urden -dicen- amparándose en la tradición ‘kabuki’ del antiguo teatro japonés.

Es cierto: hay momentos reales y reveladores, como ver a la enigmática Scarlet Rivera, a la que Dylan descubrió en la calle, añadiendo una nueva sonoridad con el violín a sus canciones, sonoridad1 que estallaría en ‘Desire’; o la lunática mala leche con que canta la magistral ‘Isis’ y la misma ‘A Hard Rain’s A-Gonna Fall’, o el minuto confidencial de él y Joan Baez, ambos expiando culpas por su frustrado matrimonio.

Pero todo esto, Padre Scorsese, no es suficiente. Todos estos retales, sacados de la fallida ‘Renaldo y Clara’, configuran una afrenta a los habitantes del planeta ‘dylanita’..., aunque finalmente corrobora, eso sí, la única certeza inapelable del filme: como los ‘vendepócimas’ de los viejos ‘medicine shows’, cineasta y cantante nos han dado gato por liebre.

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