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La expiación de Joan Baez y Bob Dylan por su fallido matrimonio

Joan Baez y Bob Dylan
Joan Baez y Bob Dylan
Heraldo

"Todo quedaba perdonado cuando veía cantar a Bob", confiesa Joan Baez a Scorsese en el documental, como expiación de su fallido matrimonio. Y a continuación, las cámaras retornan a 1975:

–No me gustó que te marcharas para casarte–, le dice Bob Dylan, inflamado de ternura, a Joan Baez, en un gesto dulce ya nunca más repetido públicamente por ‘el gran huraño’.

–Tú lo hiciste primero–, le espeta ella, también con el semblante anegado de ternura.

–Sí, pero…

–Deberías habérmelo dicho.

–Me casé con quien amaba…

–Sé que es verdad. Y yo me casé con el hombre que creía amar.

Joan Baez conoció a Dylan en el Gerde’s Folk City del Village neoyorkino, la meca del nuevo folk americano. Era 1961. De padre mexicano y madre escocesa, lo que modeló su bello rostro mestizo, había grabado ya su primer LP y ejercía de «vieja reina madre de la música folk», según relató en sus memorias de 1987 (‘Y una voz para cantar’/Seix Barral-1988). Dylan era un harapiento desconocido. Allí, en el Gerde se encendió un amor que no cristalizó en el matrimonio ideal que esperaba el mundo folk. Él se casó con una modelo, Sara, que le dio cuatro hijos y le inspiró una de sus más bellas canciones, y ella se casó con un activista visceral que le inoculó su combativa ideología.

–Creer en algo en ese terreno te acabará matando–, le dice Dylan a Joan Baez en ese minuto de oro confesional.

–Tienes razón–, contesta ella.

–Se trata del corazón, no de la cabeza–, justifica finalmente él.

Luego se verían esporádicamente en el escenario y en la cama, nunca ante el altar.

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