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Ocio y Cultura

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La Diputación de Zaragoza da lustre a sus restauraciones de patrimonio

Inaugurada una exposición que resume a través de 85 piezas la labor realizada entre 2011 y 2019

La esfera del antiguo reloj del monasterio de Santa María de Veruela, una de las momias del museo de Quinto o el busto relicario de San Indalecio realizado por Damián Forment y encontrado hace unos años en Calatorao son algunas de las piezas que pueden verse en la exposición ‘Joyas de un patrimonio’, que puede visitarse hasta el 23 de junio en el palacio de Sástago de Zaragoza.

La muestra es la quinta edición de un proyecto cultural que le ha dado grandes satisfacciones a la Diputación de Zaragoza, y que consiste básicamente en organizar una exposición con las obras de arte restauradas en un determinado periodo. En esta ocasión el arco temporal va de 2011 a 2019, nueve años que, pese a estar marcados por la crisis económica, han sido fecundos en cuanto a restauración: 28 actuaciones en bienes inmuebles, más las realizadas en los cuatro edificios provinciales, y 89 obras muebles –desde carteles a retablos, pasando por esculturas, pinturas e incluso jocalías– de 39 localidades de la provincia. En total, 16 millones de euros, de los que la Diputación de Zaragoza ha aportado 11 y el resto ha llegado por otra vías de financiación.

En el trasfondo de la exposición late, según aseguraba ayer Cristina Palacín, diputada delegada de Cultura, el deseo de poner en valor «un trabajo callado, anónimo, en un momento en el que hay quienes se plantean la necesidad de que existan las diputaciones».

La muestra ocupa todos los espacios expositivos del palacio de Sástago y se articula en torno al patio central. Allí se han dispuesto las piezas de mayor envergadura, como el ‘Retablo de Santiago’ de Maluenda.

«El principal criterio que hemos seguido a la hora de seleccionar las piezas ha sido el de la calidad –subrayaba ayer José Ignacio Calvo Ruata, historiador del arte y jefe del Servicio de Restauración de Bienes Muebles de la DPZ–. Pero también ha habido piezas de mucha importancia que, por su tamaño, no las hemos traído aquí. Hemos intentado, también, hacer un recorrido histórico y artístico desde el siglo XIII, en el que está datada la pieza más antigua, hasta el siglo XX».

Calvo Ruata ha realizado las labores de comisariado de la muestra junto al arquitecto Carlos Bressel, jefe del Servicio de Restauración de la institución provincial. Si el patio central se ha reservado para la pintura y escultura gótica, renacentista y barroca, en una sala adyacente se han dispuesto pinturas y esculturas barrocas; en otra manuscritos e impresos sobre pergamino y papel (hay incluso carteles del Frente Popular); y en otra pintura, escultura y orfebrería de los siglos XIII a XVII. Un último espacio de la planta calle está dedicado a las restauraciones arquitectónicas. «Como la labor de la Diputación de Zaragoza es sostenida en el tiempo, estamos acabando las obras en edificios muy importantes –señalaba ayer Bressel–. Pero también estamos iniciando otras, como en el pueblo viejo de Rodén (destruido en la guerra civil) donde hemos trabajado en la torre de la iglesia».

En esta sala, mediante paneles con fotografías y textos, se presenta al público la labor restauradora de la institución, algunas monumentales, como la fortaleza de Langa del Castillo, otras más modestas, como las casas de pastores de Grisel. También aquí puede encontrarse una pieza morbosa, la momia de Quinto.

En el recorrido destacan piezas de asombrosa belleza, como el ‘Retablo de san Miguel’ de Abanto. O de excepcional rareza, como el reloj solar procedente del monasterio de Veruela, único en su género en España.

Y también hay alguna sorpresa, como el ‘Retablo de la duda de Santo Tomás’, de Carenas, que salió a la luz en toda su maltrecha belleza al eliminar una pintura del siglo XX que representaba una ‘Inmaculada’.

La exposición, que se completa en la primera planta con una selección de retratos y paisajes y un audiovisual sobre las restauraciones de la Diputación de Zaragoza, es un recorrido por lo mejor del patrimonio histórico aragonés.

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