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Restaurado el busto de San Indalecio de Damián Forment encontrado en Calatorao

l La pieza forma parte de la muestra ‘Joyas de un Patrimonio’ que inaugura este jueves la Diputación de Zaragoza

María Berges, Nuria Moreno y Cristina Bardají, junto al busto recién restaurado
María Berges, Nuria Moreno y Cristina Bardají, junto al busto recién restaurado
Francisco Jiménez

El busto de San Indalecio encontrado hace unos años en Calatorao, obra de Damián Forment que durante décadas se dio por desaparecida, ya ha sido restaurado por la Diputación de Zaragoza. Es una obra maestra de la escultura renacentista. «Se trata de un modelo en madera previo a la realización de un busto en plata que no se llegó a hacer hasta el siglo XVII –relata la historiadora del arte Carmen Morte–. Lo raro en este caso es que modelos de este tipo no quedan y, de Damián Forment, tan importante para Aragón, no se ha encontrado ninguno más».

La recuperación del busto es ya una realidad. La catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza supo de su existencia cuando, preparando un libro sobre Forment, leyó un documento en el que constaba que el Pilar tenía un busto de madera que representaba a San Indalecio. Pero no lo encontró en la basílica. Luego halló otro documento que señalaba que se había enviado a Calatorao. Allí tampoco tenían noticia de ello.

Pero tiempo después, junto a otras piezas que estaban en la torre, se encontró un busto que podía ser el que se buscaba. Cuando Carmen Morte lo vio en directo, no tuvo dudas al identificarlo.

El equipo de restauración de la Diputación de Zaragoza se encargó de la pieza. «Lo más laborioso ha sido quitar el aparejo que se le dio en el siglo XIX para repolicromarla –relata la restauradora Nuria Moreno–. Al ser una obra muy tallada y con recovecos, hemos tenido que trabajar con sumo cuidado para no afectar la policromía antigua».

Y es que el busto de San Indalecio fue tallado en madera para que sirviera de modelo a otro igual en plata. No fue así, se ordenó policromarlo, y en 1642 se cedió a Calatorao. En el siglo XIX, deteriorado, se le volvió a dar color.

Esa policromía original, renacentista, se ha recuperado en toda la pieza salvo en el rostro, donde las catas evidenciaron que no se había conservado, y las restauradoras decidieron conservar la posterior. Junto a Nuria Moreno han trabajado en la pieza durante meses, gracias a una beca de formación, María Berges y Cristina Bardají, tituladas en la Escuela de Restauración de Aragón.

El busto es de madera de pino, presentaba señales de algún ataque de xilófagos, ya inactivos, y en su día perdió parte de la mitra, seguramente por una caída. El hueco para la reliquia estaba vacío.

Las restauradoras están terminando de redactar su informe, en el que, gracias a los distintos análisis que se han realizado a la obra, se aportarán datos interesantes, incluso de su técnica de ejecución.

La reintegración pictórica ha sido mínima. «En piezas de esta importancia –concluye Nuria Moreno– hay que ser muy respetuosos y es importante que se vea en ella el paso del tiempo».

Según Carmen Morte, en el busto «Forment representa la cabeza de san Indalecio con moderado realismo y barba, de acuerdo a como aparece identificado en la escena del bautismo del apóstol Santiago a sus discípulos, que forma parte de las sargas pintadas en 1490 y conservadas en la sacristía mayor del Pilar».

El busto es una de las piezas destacadas de la exposición ‘Joyas de un patrimonio’, que inaugurará la Diputación de Zaragoza el próximo jueves.

Se trata de la quinta edición de una muestra con la que la DPZ exhibe periódicamente lo más valioso del patrimonio histórico de los municipios zaragozanos que va restaurando a través de sus planes. En esta ocasión se exhibe lo restaurado entre 2011 y 2019. Podrá visitarse hasta el 23 de junio.

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