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Literatura

Pablo Aranda: "Me interesa mucho el miedo cómplice que genera ETA"

Pablo Aranda (Málaga, 1968) ha sido educador de enfermos mentales y lector de español en Orán. En 2006 ganó el Premio de Novela Ciudad de Málaga con Ucrania (Destino).

Anton Castro. Zaragoza Actualizada 08/06/2013 a las 15:29
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Pablo Aranda

 Parece qué quería escribir una novela de hermanos. ¿Por qué?
Hermanos: me interesan las relaciones y darles la vuelta, desmitificar verdades que no lo son tanto, o que no lo son siempre. De pequeño quise tener un hermano mayor que me defendiese de algunos matones del barrio. En casi todas mis novelas doto al personaje de un hermano, pero este hermano es incapaz de defender, más bien lo contrario. También es importante la presencia del padre, muy importante para mí, pero "mis" padres son personas que no están o que mejor que no estuvieran. Me interesa la familia que no es el refugio ideal y cuyos miembros se alejan aunque más tarde sepan encontrar un apaño con ciertas dosis de acercamiento y cariño.


¿Cómo son Fran y Óscar, los dos protagonistas de ‘Los soldados’ (El Aleph)?
Fran es un joven inquieto y sensible que busca su sitio y se agarra a Mónica, su pareja de Bilbao. Es un hombre bueno que quiere establecer sus propias raíces y no las que le han tocado. Óscar es un joven impulsivo que canaliza su frustración con la violencia, es un salvador de una patria que se le derrumba un poco.

‘Los soldados’ es una novela de un ambiente familiar raro, que sucede en una Casa Cuartel. ¿Le interesaba ese ambiente por algo especial?
No conocía en absoluto la vida en una casa cuartel, una comunidad grande donde lo militar es secundario, una atmósfera que me interesó como escenario, siendo el elemento militar el vínculo de personas que son civiles.

¿Ha querido también escribir una novela sobre una familia con sombras?
Las familias desestructuradas, con sombras, que pisotean los convencionalismos, sin quererlo casi siempre, me interesan mucho.

Ha dicho alguna vez que en usted las novelas nacen de una imagen. ¿Cuál sería el origen aquí?
Tiene razón. La imagen primera, el germen, es un hombre escondido que quisiera poder quedarse en su escondite para siempre, pues sospecha que todo era mentira.

‘Los soldados’ parece que quiere ser, ante todo, una novela de amor y desamor. Una novela de parejas: Fran y Mónica, Fran e Isabel, antes, Carmen y Alfonso, Óscar y Begoña...
La novela trata en realidad del camino que hay que recorrer para encontrar el sitio correcto y el auténtico bálsamo: el amor.

Y es también una novela de intriga, de suspense. ¿Cuál es el peso de lo policíaco en la narración?
La trama negra (o verde, como defiende Justo Navarro por la presencia de guardias civiles) es parte del escenario. El asesinato de un hombre provoca un torbellino que arranca el movimiento de los personajes en esa búsqueda personal.

También ha querido reflexionar sobre ETA. Más allá del drama, terrible, ¿cuánta gente se ha sumado al juego sucio de ETA para saldar cuentas propias?
ETA aparece muy de fondo. Apenas me he ocupado de ella aunque me interesa, especialmente, el miedo cómplice que ha generado.

¿Por qué ha titulado la novela ‘Los soldados’?
Los personajes son soldados en una guerra particular y definitiva: el movimiento último para encontrar su sitio y apartar la mentira, más allá de que alguno de ellos sea militar.

Hablemos del estilo...
He buscado cuidar el estilo al máximo. Con la cita de Ignacio Aldecoa he buscado un aviso a navegantes en ese sentido. “Dejó el tricornio sobre la mesa y estuvo un rato contemplándolo. Su imagen se reflejaba en el hule borrosamente. Extendió las manos y lo apartó”. Es de ‘El fulgor y la sombra’

¿Qué supone esta novela en tu trayectoria, cómo ha evolucionado?
Creo que sigo ocupándome de los mismos temas, los fantasmas que me atosigan son los mismos, pero en el plano formal la trama tiene más peso, es más intenso el ritmo, mucho menos narrativo, aunque sin descuidar el estilo, la forma, que es lo que me interesa.

Hace poco se hacía una selección de los narradores hispanoamericanos del siglo XXI. Ganaron Mario Vargas Llosa y Roberto Bolaño, con dos libros como ‘La fiesta del Chivo’ y ‘2666’. ¿Qué libros le habría gustado reivindicar a usted?
Por citar uno que acabo de leer: ‘La transmigración de los cuerpos’, de Yuri Herrera. Me interesa mucho Vargas Llosa, pero el de sus primeras novelas, aquellas obras maestras.

¿Qué vínculo tiene con Zaragoza?
En Zaragoza tengo unos cuantos amigos escritores a los que quiero y cuyos libros me interesan, como Manuel Vilas, Miguel Mena, Ignacio Martínez de Pisón, Nacho García Valiño, y otros que me interesan aunque aún no conozco, como Ismael Grasa.

‘Los soldados’. Pablo Aranda. El Aleph. Barcelona, 2013. 172 páginas. El escritor firmará por la tarde en Los Portadores de Sueños.




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