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El volcán que resurge de las cenizas

En 40 días de erupción, el cono del Cumbre Vieja se ha derrumbado y reconstruido varias veces.

Un grupo de personas observa la colada de lava y piroclastos que salen del volcán de Cumbre Vieja
Un grupo de personas observa la colada de lava y piroclastos que salen del volcán de Cumbre Vieja
EP

Cuarenta días de erupción han cambiado el paisaje y la topografía de Canarias. El malpaís, el terreno volcánico constituido por el enfriamiento de la lava, va formando una cicatriz en la tierra. Es una llaga oscura y árida, a veces moteada de islas cercadas por la colada y que se han salvado del cinturón de lava por circunstancias caprichosas. Pero si algo distingue al volcán de la Palma es la forma cambiante de su cono principal, cuyas paredes se rehacen y derrumban muy rápidamente. Para Inés Galindo, investigadora del Instituto Geográfico y Minero, el hecho de que el cono esté configurado por piroclastos y escorias sin consolidar hace que el edificio sea muy inestable. Esta debilidad estructural no acrecienta la explosividad, pero sí influye en la alimentación de las coladas. "Al reconfigurarse el espacio, a la lava le resulta más fácil salir por ciertos lados. Al principio de la erupción, las coladas se encaminaron hacia el oeste, luego cambiaron al norte y al sur. Las zonas por las que se distribuye la lava van migrando".

Después de casi un mes y medio de erupción, las coladas se superponen como capas de una tarta. Una consecuencia de esta evolución es que las coladas van ganando en altura. Este jueves, algunos frentes se erguían por encima de los 40 metros, altura que equivale a un edificio de doce plantas. La profusión de lava realimentaba algunas lenguas, con el resultado de que al menos dos se han reactivado. Es el caso de la número 3, que avanzaba hacia Puerto Naos y que por la mañana se desplazaba a 20 metros por hora. Este ramal destruyó algunos edificios en su avance, según indicó el director técnico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), Miguel Ángel Morcuende.

Con todo, a medida que ganaba terreno, el frente se iba ralentizando, debido, entre otras cosas, a que se había hecho más viscoso. La lengua se acercaba peligrosamente a la carretera que une la zona con Puerto Naos, una vía a las que suelen recurrir fuerzas de seguridad, Protección Civil y los trabajadores que están montando a toda prisa la desaladora para procurar riego a los agricultores.

La llamada colada 7, que recibió abundante caudal de lava en las últimas horas, se encuentra a 86 metros de la costa. Morcuende evitó precisar si acabará llegando al mar, a la vista de que muchas predicciones han sido fallidas.

Según Jesús Ibáñez, sismólogo y catedrático de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Granada, la presente erupción es la mayor acontecida en La Palma en función del volumen de magma emitido y energía desatada de los últimos 500 años. Por añadidura, el Cumbre Vieja "está expulsando un volumen muy grande de gas". Para el experto, "la energía en juego es muy alta, lo cual augura un periodo eruptivo más largo que los habidos hasta ahora. La erupción no ha hecho más que empezar", sentencia.

Las coladas 3 y 7 no son las únicas lenguas que preocupan. La que se ha detenido en el barrio de La Laguna, situado en Los Llanos de Aridane, puede recobrar su actividad si la lava de nueva generación que está por detrás sigue empujando.

Valle de Aridane

La fatalidad de este volcán es que irrumpe en un área densamente poblada como es el valle de Aridane, que incluye los municipios de Los Llanos, El Paso y Tazacorte, pueblos donde además abundan los cultivos de regadío. "La población está más expuesta, lo que la convierte en vulnerable", aduce Arnau Folch, científico del Instituto de Geociencias de Barcelona del CSIC.

La fuerte sismicidad, que indica que hay mucho magma almacenado en capas profundas, se repitió ayer. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) detectó más de 100 terremotos, 41 de ellos por encima de la magnitud 3. La portavoz del comité científico, María José Blanco, sostuvo que se había sobrepasado el valor de 4,8 y que la población debía estar preparada para afrontar temblores de intensidad VI, que provoca el desplazamiento de muebles pesados y daños leves en viviendas de material ligero.

La lava ya ha ocupado 905 hectáreas, 20 más que el día precedente. De acuerdo con el programa Copernicus, ya se han visto afectadas 2.296 edificaciones. De ellas, 2.183 están completamente destruidas. El catastro, con datos más precisos, calcula que 1.293 inmuebles han sido arrasados. Más de siete mil personas han tenido que abandonar sus hogares desde que comenzara la erupción el 19 de septiembre.

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