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La desinformación, arma política de Vox

El partido de Abascal, que rechaza la labor de los medios de comunicación, sigue una estrategia similar a la que llevó a Trump a la Casa Blanca.

Abascal durante la manifestación contra el Gobierno este sábado en Madrid.
Abascal durante la manifestación contra el Gobierno este sábado en Madrid.
SERGIO PEREZ/Reuters

Vox presentó el pasado 29 de junio en el Congreso una proposición de ley para "regular la verificación de noticias en medios de comunicación impresos, digitales y audiovisuales". Un movimiento que sorprendió a los partidos del hemiciclo al pretender dejar exclusivamente en manos de los jueces la potestad de afirmar si una información es verdadera o falsa. La proposición, inédita en democracia, pretendía, tal y como está definida, impedir a un periódico publicar si informaciones o datos esgrimidos por los políticos en un debate son ciertos o no, lo que supondría, según los expertos, un claro ataque a la libertad de expresión y también una nueva muestra de la estrategia de desinformación que la formación de Santiago Abascal lleva a cabo desde su creación para conseguir sus objetivos políticos.

Esta controvertida estrategia está claramente basada en la política de comunicación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El empresario llegó a la Casa Blanca en 2016 asesorado por Steve Bannon, el gurú que inspiró a Vox el año pasado de cara a las elecciones del 28-A, que supuso por primera vez la entrada del partido en el Congreso con 24 diputados. Precisamente, unas semanas antes de que Vox presentara su proposición, Trump, que ya no cuenta con Bannon como asesor, presentó una nueva orden para regular las redes sociales como respuesta a la actuación de Twitter, que había alertado a sus usuarios de que algunos mensajes del mandatario en la red social podían incluir datos erróneos o incitar a la violencia.

Vox, que incide en cuestionar a los medios de comunicación tradicionales hasta el punto de negar acreditaciones a algunos periodistas para atender sus convocatorias, se ha hecho fuerte en los últimos años en Twitter o Instagram, donde ya es la fuerza política que cuenta con más seguidores. Estos canales, que propagan mensajes a millones de usuarios con cierta facilidad si cumplen ciertas pautas para la viralidad, son usados como altavoces propagandísticos por todo tipo de organizaciones. Muchos mensajes presentan con total impunidad hechos sesgados o, directamente, falsos -las conocidas con el anglicismo de 'fake news'-. "Basta con ser un poco observador y seguir las cuentas de Twitter vinculadas con Vox, los voceros que tiene, el tipo de gente que le hace circular la información. Sus redes están llenas de mentiras", explica Nacho Blanco, director del máster en Verificación Digital, Fact-Checking y periodismo de Datos de la Universidad San Pablo CEU. Este experto está convencido de que "el periodismo de calidad es una mala noticia para los partidos populistas".

Ejemplos de este modo de proceder no faltan, pero quizá el más emblemático, por parecer salido de un manual, se produjo en diciembre de 2018, cuando Vox inició una campaña en redes sociales para evitar que se sacrificara al "perro Curro", que supuestamente había mordido a un ladrón de nacionalidad rumana. "Era una campaña artificial, basada en mentiras. La prensa verificó el origen y la desmontó. Pero la campaña tuvo una magnificación muy grande y su mensaje caló", recuerda Miquel Pellicer, profesor de Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya y autor del libro 'La comunicación en la era Trump'.

Este fenómeno propio de los partidos de corte populista no es originario de España, sino que hunde sus raíces en todo el mundo en la crisis financiera de 2008, desde Brasil hasta Filipinas, pasando por Europa. "El año 2016 supone un punto de inflexión en la aparición de las fake news y la desinformación como herramienta política. La victoria inesperada del 'brexit' y la de Donald Trump se valieron de elementos similares en los que las opiniones empezaron a ser más importantes que los propios hechos", apunta Pellicer.

Atacar al mensajero

La disonancia cognitiva, o mensajes dirigidos a reforzar las convicciones propias, es otra de las patas de la mesa del discurso político de los partidos populistas y de la posverdad. "Apelar al miedo, a las personas que vienen de fuera y nos roban en casa... Son estrategias premeditadas. También la de atacar a los periodistas y a su credibilidad, al mensajero, una costumbre muy vieja pero quien mejor se vale de esta forma de pensamiento es Trump", señala Blanco. También Podemos ha coqueteado con esta estrategia, la más reciente cuando su líder, Pablo Iglesias, insinuó hace unas semanas que había que "naturalizar el insulto a los periodistas".

Bannon llevó a cabo una gira por Europa en 2018 en la que se reunió con algunos partidos de ultraderecha como el de Marine Le Pen en Francia, el de Orban en Hungría o el de Matteo Salvini en Italia, en la que se trató de unificar una estrategia global izada en puntos comunes como la antiinmigración, el cuestionamiento del sistema democrático o el rechazo al control de los medios de comunicación. Vox, que en aquel momento no tenía representación parlamentaria, no participó en los encuentros pero recibió los piropos del gurú estadounidense, que sí se reunió en 2019 con Rafael Bardají, miembro del Comité Ejecutivo de la formación.

La similitud del binomio Trump-Vox se ha manifestado en varias ocasiones. En enero, Twitter censuró un mensaje del estadounidense y bloqueó la cuenta oficial del partido de Abascal, ambos reaccionaron atacando a la red social. También en mensajes calcados como el siguiente: "Nuestra gente no es tan violenta, pero si alguna vez lo fuera, sería un día terrible para el otro lado porque conozco a nuestra gente". Primero lo recitó Trump en un mitin en Tulsa, en medio de la tensión racial por la polémica muerte a manos de la policía de George Floyd Patterson; y luego fue Abascal el que calcó el discurso en la campaña de las autonómicas vascas y gallegas.

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