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Nacional

44 años de prisión para los asesinos de 'El niño de la Romareda', que fue secuestrado, torturado, ahorcado y quemado

Los cuatro implicados cometieron el delito por un botín de 600 euros.

Audiencia Provincial de Málaga.
Audiencia Provincial de Málaga.
Wikipedia

Los cuatro asesinos de Francisco Manuel G.R., conocido como 'El niño de la Romareda', un hombre de 50 años de orígenes aragoneses, han sido ahora condenados a más de 44 años de cárcel por la Sección Tercera de la Audiencia de Málaga.

Esta es la condena impuesta a los cuatro implicados que secuestraron, torturaron, ahorcaron y quemaron a José Manuel G. R. por un botín de 600 euros, según informa 'El Mundo' en su edición de Andalucía.

Relato de los hechos

Francisco Manuel G.R. era una persona confiada por eso no le debió resultar extraño que Carlos M.M., un joven al que unía una cierta amistad, le invitase ese 18 de julio de 2016 a una fiesta privada en su casa.

'El niño de la Romareda' condujo su vehículo hasta el municipio de Padul, donde se encontraba la casa del joven y donde le esperaban Carlos, junto a Silvia María V.G. y otra chica menor de edad. Se encontraba en el salón cuando irrumpió una cuarta persona, François H.R., quien "salió de su escondite, tapándole la cabeza con una toalla a la víctima y golpeándola en reiteradas ocasiones para evitar que escapara".

'El niño de la Romareda' fue torturado con unas tenazas y una pistola de aire comprimido para que revelara el número secreto de su tarjeta bancaria, que finalmente confesó. Posteriormente, Silvia y la menor fueron a una sucursal y extrajeron 300 euros, que repartieron con los otros dos implicados cuando llegaron a casa.

Luego, fueron ellas las que se quedaron custodiando al secuestrado mientras Carlos y François se hacían con las llaves de su vivienda y lesustrajeron otro móvil, diversas joyas, unos prismáticos y un ordenador portátil marca HP.

De vuelta en la casa, los cuatro jóvenes acordaron matar Francisco Manuel para que no los denunciara. El plan: "Llevarlo a Málaga, localizar un lugar no frecuentado y poner fin a su vida", según recoge la sentencia.

Entre todos llevaron al raptado hasta el coche de Carlos y le encerraron maniatado antes de poner rumbo a la provincia de Málaga. Durante el trayecto, compraron garrafas y gasolina para "desprenderse del cadáver" una vez hubieran consumado el crimen.

La mañana del día siguiente "se dirigieron a la zona conocida como Pinares de San Antón, en concreto a una finca de olivos sita al final del Camino Realengas de Cárdenas". Carlos y François se aperaron del vehículo mientras sus dos compañeras se quedaban en el interior "observando lo que acontecía". 

Al parecer, uno de los jóvenes, a modo de horca, colocó una cuerda alrededor del cuello de Francisco Manuel, quien no tuvo posibilidad de defensa. Lo arrojaron por un desnivel para ahorcarlo, pero el peso provocó la rotura de la soga y el cuerpo rodó.

"Una vez había fallecido, vertieron la gasolina que portaban en uno de los agujeros abiertos para la plantación de olivos y a continuación lanzaron el cadáver al mismo y le prendieron fuego", recoge la resolución judicial.

"Los acusados volvieron el vehículo y abandonaron el lugar a toda velocidad, si bien, a causa del mal estado del terreno por el cual circulaban, sufrieron un accidente en las proximidades lo cual motivó que tuvieran que abandonar el turismo y seguir a pie su huida. Posteriormente se dirigieron a un bar existente en la calle Eucaliptos y solicitaron los servicios de un taxi que los trasladó a la estación de autobuses de Málaga y una vez en dicho lugar cogieron un autobús con destino a la provincia de Granada".

Dos días después, cuando el crimen ya había trascendido a la prensa, Carlos y François volvieron a sacar 300 euros en una sucursal sin ser conscientes de que los investigadores del Grupo de Homicidios de la Comisaría Provincial de Málaga los tenían en el punto de mira.

El cadáver fue hallado por el propietario de la finca.

La brutalidad con la que se había perpetrado el asesinato quedó reflejado en el informe de la autopsia. El examen forense determinó que fue quemado cuando ya había fallecido, aunque el testimonio de uno de los arrestados generó un ápice de duda en los investigadores: "Dijo que le pareció escuchar un quejido cuando le prendieron fuego".

La sentencia establece que detrás del crimen se encontraba la deuda que Carlos M.M. había acumulado como consecuencia del consumo de sustancias estupefacientes. Una deuda que "tenía que saldar y para lo que no disponía de efectivo ni otro modo de conseguirlo".

Los tres implicados mayores de edad ingresaron en prisión preventiva. Los tres adultos han tenido que esperar hasta comienzos de este año para rendir cuentas. Aunque finalmente no se llegó a celebrar el juicio.

Los tres se conformaron con la petición realizada por la Fiscalía y se declaraban autores de los delitos de robo con violencia con utilización de instrumento peligroso, detención ilegal y asesinato, en el caso de Carlos y François; y los mismos en el de Silvia María, pero con la salvedad de que el último cargo es en categoría de cómplice. De este modo, los primeros han sido condenados a 17 años y seis meses de cárcel, mientras que la pena de la joven se fijó en nueve años y tres meses.

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