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Nacional

debate de investidura

El elefante ¿morado? en la habitación del "pánico"

Iglesias advirtió a Sánchez, muy contundente, que si se repiten las elecciones "no será presidente de España nunca".

Spain's acting Prime Minister Pedro Sanchez delivers a speech during the investiture debate at the Parliament in Madrid, Spain, July 22, 2019. REUTERS/Sergio Perez [[[REUTERS VOCENTO]]] SPAIN-POLITICS/
Pedro Sánchez, en el debate de investidura.
Reuters

Casi han tenido que llegar las ocho de la tarde para que los diputados y los muchos senadores que este lunes han asistido al debate de investidura de Pedro Sánchez hayan podido sopesar lo mal que aparentemente están las negociaciones del PSOE con Unidas Podemos para formar un gobierno de coalición.

Ha sido a esa hora cuando el líder de la formación morada, Pablo Iglesias, ha ido desgranando todas y cada una de sus propuestas a Sánchez para participar en diversas áreas del nuevo Gobierno, desde Hacienda a Igualdad, Transición Ecológica o Ciencia, y que siempre han tenido un "no" por respuesta por parte de los socialistas.

Negativas que relegarían a los suyos a un papel "decorativo" en el Ejecutivo del candidato, algo que Iglesias se ha mostrado dispuesto a no tolerar, porque tal y como ha dicho, usando sus mejores recursos dialécticos, aunque Unidas Podemos sea una fuerza política "modesta" y "joven" no se va a dejar "pisotear" por nadie.

Para llegar a ese punto del debate, el de mayor interés dada la incertidumbre que acompaña a Sánchez en su segunda investidura, el nuevo hemiciclo con los neófitos de Vox en el gallinero y los de PP y Cs juntos en el "quesito" de la derecha, ha tenido que superar un carrerón de alocuciones salpicado de ocurrentes metáforas.

Primero las dos horas de discurso matutino donde Sánchez ha desgranado ofertas de pactos de Estado, reformas constitucionales, nuevas leyes, planes y más planes que pese a la activación al máximo del aplausómetro socialista han aburrido bastante al respetable, que quería que hablara de Cataluña y de sus socios; y no lo hacía.

Así que el líder del PP, Pablo Casado, primero en contestarle por la tarde, ha aludido al "elefante morado con un gran lazo amarillo que está en medio del hemiciclo" que Sánchez no quiere ver, es decir, a los de Iglesias y los independentistas catalanes.

Tras él, Albert Rivera no veía nada más que "puro teatro" en todo lo que hace Sánchez, con el temible paquidermo ya ubicado en la "habitación de al lado" o más bien "habitación del pánico" donde el PSOE negocia el apoyo a su investidura a cambio de cosas tan feas como los "indultos" a posibles condenados del 'procés'.

Ambos han desacreditado todo lo que ha propuesto Sánchez, quien según Casado "no es de fiar", mientras Rivera le ha acusado de tener un plan, bautizado "Plan Sánchez" para el que cuenta con una "banda" de morados e independentistas con los que acabará cargándose España tras perpetuarse en el poder.

Pero Sánchez ha hecho que sus reproches rebotaran en un mismo y esforzado muro, el de la abstención que no ha cesado de pedir a ambos, casi exigir, para no llegar al "bloqueo" de unas nuevas elecciones en noviembre y para que no tenga que ser elegido presidente gracias a la aquiescencia de los independentistas.

Ha acusado a Casado de tener su propio "elefante" en la corrupción del PP, y a Rivera le ha soltado que su partido parecía "La gran evasión" con tanta renuncia, si bien su tono ha sido más duro con el de Ciudadanos, quien le había recriminado que buscara una España "de rojos y azules".

Eso sí, todos los oradores han sido agasajados con protocolarias ovaciones en pie de sus respectivas bancadas al término de sus intervenciones.

Éxito propio garantizado, si bien el fragor de las ovaciones ha sido muy diferente al de la anterior legislatura, mucho menos intenso por el PP por la rebaja de escaños y en Unidas Podemos, más apabullante con el PSOE y recrecido con Cs.

Con expectación y silencio ha comenzado Iglesias, al filo de las seis y media, para tachar de "triquiñuela" la propuesta de Sánchez de reformar el artículo 99 de la Constitución para evitar los bloqueos de las investiduras, asunto en el que ambos se han enredado.

Ya desde el principio Iglesias ha hecho notar al candidato que no le veía proclive al acuerdo con ellos -"disimule un poco", le ha dicho- y ha desmontado sus sucesivas "excusas" en el proceso negociador, la última de las cuales ha sido el veto a su persona para que entrara en el Gobierno; en un tono férreo, seco y nada complaciente, ha reclamado "respeto" para sus votantes.

Sánchez le ha contestado sacando a la palestra sus conocidas discrepancias mutuas sobre Cataluña, le ha recordado los distintos escenarios de colaboración gubernamental que ha desestimado el de Podemos y en todo caso le ha señalado que "si finalmente no llegamos a un acuerdo" hay otras vías posibles, como un pacto de investidura.

Matiz que no ha pasado desapercibido para Pablo Iglesias, que casi abronca a su interlocutor recordándole cómo una coalición debe respetar a la otra parte y nunca reducirla a un papel "decorativo", un apunte poco "serio" según Sánchez que ha llevado a Iglesias a revelar que el candidato se niega a todas sus propuestas.

Así, desplazada ya la "habitación del pánico" al hemiciclo, Iglesias le ha advertido, muy contundente, antes de concluir que si se repiten las elecciones "no será presidente de España nunca".

Sánchez ha renunciado a contestarle. Así que la respuesta, probablemente, no se conocerá hasta el jueves, en la segunda y definitiva votación de la investidura.

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