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El ‘efecto Vox’ se diluye en las urnas

La formación de Santiago Abascal logra 24 diputados, pero se queda muy lejos de sus expectativas.

Spain's far-right party VOX candidate Santiago Abascal greets supporters after Spain's general election results were announced, in Madrid, Spain, April 28, 2019. REUTERS/Jon Nazca [[[REUTERS VOCENTO]]] SPAIN-ELECTION/ABASCAL REAX
Santiago Abascal, presidente de Vox, valora los resutlado en Madrid.
Jon Nazca

La irrupción de un partido político desde el extraparlamentarismo hasta los 24 escaños en el Congreso sería un éxito sin paliativos en cualquier formación, pero las expectativas de Vox antes del 28-A eran tan altas, y se habían disparado tanto en la última semana, que el resultado final supo este domingo a fracaso en el Hotel Gran Meliá Fénix de Madrid, donde se reunió la cúpula de la formación para seguir el recuento electoral.

La aparición de Vox iba a permitir medir, por primera vez en España desde los tiempos de Blas Piñar, la pujanza de la extrema derecha, que siempre fue una parte residual del Partido Popular, pero que ahora aparecía en las urnas con sus propias siglas, a rebufo también de la ola ultra que atraviesa Europa. La conclusión es que la derecha y la extrema derecha sumaban más cuando iban bajo el mismo paraguas que cuando han concurrido por separado: la ley electoral ha penalizado la división y la izquierda ha sentido la necesidad de movilizarse para frenar a un partido que amenazaba algunos de los avances de los que la izquierda se siente más orgullosa, como el aborto o la lucha contra la violencia machista.

Las resultados de la formación de Santiago Abascal no se correspondieron con sus augurios en casi ningún lugar. Andalucía y Madrid, si acaso, podrían considerarse los feudos de Vox, con 6 y 5 diputados, respectivamente, pero muy lejos de las previsiones que se habían creado en el partido de color verde, sobre todo tras la sorpresa de las elecciones andaluzas, cuando siendo desconocidos, llegaron a los 400.000 votos y a 12 diputados.

Así, Vox, que incluso creyó que podía ser la tercera fuerza del Congreso, se tuvo que conformar con la quinta plaza y la tercera en el bloque de la derecha. Por eso, las palabras más duras en el discurso de Abascal fueron contra el Partido Popular. "La derechita cobarde ya ha empezado a culparnos de su incapacidad. Y son ellos los que han tenido toda la responsabilidad por no haber sabido actuar en consecuencia cuando tenían 186 diputados", dijo Abascal.

Mostró su "alegría" con el resultado de su partido, pero también su "preocupación" por la mayoría de izquierdas. "Hoy España está en situación peor que ayer", aseguró.

En su alocución, que concluyó con el himno de España, el candidato de Vox a la presidencia del Gobierno afirmó que aceptaba el resultado electoral, pero advirtió: "Ninguna mayoría absoluta habilita a nadie a realizar una reforma constitucional o a permitir un referéndum para romper la nación española". "Los 24 diputados de Vox serán una garantía de que esto no va a suceder. Defenderán a todos los españoles, no solo a los de las provincias donde hemos logrado representación", dejó claro Abascal. Agradeció los 2,6 millones de votos obtenidos en las elecciones y se puso al servicio de la "unidad de España". Aseguró a sus seguidores que con sus escaños defenderá la soberanía, la fronteras de la inmigración ilegal, la libertad de educación, el derecho a la vida, la ‘España vacía’ y se opondrá a los "impuestos abusivos y confiscatorios" y la "memoria hemipléjica sobre nuestra historia"

Antes, a las 22.20, con el 75% de los votos escrutados y la certeza de que no había sido la noche feliz con la que había soñado el partido, el secretario general de Vox, Javier Ortega-Smith, compareció ante los militantes. "¡Compatriotas! ¡La resistencia ya está en el Congreso!", comenzó su alocución Ortega-Smith: "Ellos han tenido el dinero y las televisiones, han querido ningunear a Vox, han tratado de silenciarnos, solo se han preocupado de nosotros, pero ya no van a poder callarnos más", afirmó.

Sus palabras, sin embargo, no sirvieron para ocultar la decepción de los aproximadamente mil militantes que se congregaron en la plaza Margaret Thatcher, contigua al hotel. Los gritos de "¡Viva España!" y "Yo soy español" trataban de conjurar la pena de los simpatizantes del partido de extrema derecha. "¿Qué vamos a hacer ahora? Irnos a casa y llorar", afirmaba desolada una partidaria de la formación. También se escuchaba la palabra "pucherazo" entre una militancia en la que predominaban los menores de 30 años.

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