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El zaragozano Carlos Jalón se vuelca en la asistencia a un orfanato de Tailandia

Cónsul honorario de España en ocho provincias del norte del país asiático, Jalón lleva 13 años residiendo en la zona.

Las niñas del Daughters of Ruth Orphanage Children's Home de Chiang Mai (Tailandia).
Las niñas del Daughters of Ruth Orphanage Children's Home de Chiang Mai (Tailandia).
C. J.

Carlos Jalón, nacido en Zaragoza en 1969, lleva 13 años en Tailandia. Desde julio de 2021 es cónsul honorario de España en ocho provincias del norte del país: Chiang Rai, Lampang, Lamphun, Mae Hong Son, Nan, Phayao, Pharae y Chiang Mai; la capital de esta última provincia es su localidad de residencia, a 700 kilómetros de la capital, Bangkok. Después de volcar sus esfuerzos en la asistencia a refugiados birmanos (de la actual Myanmar, en situación de guerra civil), Jalón y su equipo se han enfocado en la asistencia a un orfanato de niñas, la Daughters of Ruth Orphanage Children's Home, situada a apenas media hora en coche al norte de Chiang Mai.

Jalón está casado con una tailandesa y lleva dos negocios en Chiang Mai: la agencia de viajes y consultoría turística Flexible Travel Consultants (desde 2012) y el restaurante Chicken Embassy (desde el pasado verano), donde mezcla en la carta las especialidades locales con croquetas y patatas bravas. “Ya llevo más trece años en este país, desde octubre de 2009, y trabajo con un equipo de cuatro mujeres locales. Durante diez años, y además de las actividades laborales, hemos centrado nuestras tareas solidarias en la asistencia a desplazados birmanos; allá hubo un golpe de estado y la guerra civil sigue activa. Socorrer a quienes huyen de ella es caro y peligroso, te juegas la vida cada vez que cruzas esa frontera, no muy lejana de donde vivo”.

Un viaje en autobús con las niñas para que disfrutasen de la playa es el inicio de una colaboración que el diplomático quiere solidificar con futuras iniciativas

Nuevo reto

Hace apenas dos meses, y gracias a un amigo francés que forma parte del amplio contingente extranjero radicado en Chiang Mai, Jalón supo del orfanato femenino antes mentado. “Me pareció oportuno empezar a concentrar esfuerzos en esas 33 niñas que viven actualmente allá; no solo en lo coyuntural, sino también con una mira a medio y largo plazo. Desde la pandemia han vivido una situación muy dura, ya que contaban con donaciones de extranjeros de la zona que abandonaron Tailandia para regresar a casa tras la aparición de la pandemia. Es un proyecto sencillo de manejar, al lado de casa, se le puede dar seguimiento y la verdad es que mirar por el futuro de esas niñas, que no lo tienen nada fácil, motiva mucho”.

Las chiquillas de Daughters of Ruth (Hijas de Ruth) tienen entre 4 y 18 años. “Hay una fundación que regula el orfanato, y lógicamente tienen un cuidado extremo con cualquier intromisión en el día a día de la institución. No se lo reprocho, y más siendo extranjero, están acostumbrados a lidiar con buena y mala gente, y deben desconfiar de primeras ante un iluminado que pueda llegar con discursos y proyectos grandilocuentes. El hecho de llevar tiempo aquí, trabajar con personal local como es el caso de mis colaboradoras Jeeraporn, Ploy, Im o Papapich y poder exhibir una trayectoria en el tema solidario ayuda a la credibilidad, por supuesto”.

Desde cubrir lo básico a labrar sus futuros

Jalón está entusiasmado con las posibilidades de esta iniciativa. “Ahora mismo los fondos de los que disponen dan justo para comer e higienizar, las instalaciones son muy justas, necesitan chapa y pintura, amén de equipamiento y mejora de cocina, porque la cocinera de ahora hace milagros con lo que tiene. Una docena de profesionales de la zona nos hemos propuesto consagrar media jornada a tareas de apoyo allá; además, al ser cónsul, tengo acceso a empresarios en Tailandia que pueden hacer pequeños aportes logísticos, desde arroz y víveres a camas, útiles escolares, asistencia médica y un poco de todo”.

Jalón no tiene problema en teorizar, pero prefiere pasar a los hechos. “El mes que viene nos juntaremos varios a repintar las habitaciones, pero al mismo tiempo estamos procurando facilitar a las niñas educación extra a la que reciben en la escuela, para que cuando salgan del orfanato tengan salidas francas al mercado laboral. De no mediar ese extra de habilidades adquiridas, sus opciones son bajas y no precisamente halagueñas, esa es la realidad”.

En el orfanato hay muchas niñas literalmente huérfanas, que conviven junto a otras con sus padres en prisión o situaciones marginales de difícil resolución. “La mayoría de ellas pertenecen además a una etnia minoritaria y sin soporte social, los mon. En Tailandia también hay racismo, como en todos los rincones del mundo, y una etnia con poca solidez social tiene todo más difícil. Tratamos de identificar los gustos e intereses de las niñas para buscar docentes apropiados a esas habilidades potenciales, desde los idiomas, que son necesarios aquí para optar a trabajos de cierto atractivo, a ofimática, baile, cocina especializada... se trata de darles herramientas". 

Jalón apunta que "las más pequeñas tienen todo el tiempo del mundo para formarse, pero a las mayores también les podemos brindar ayudas puntuales desde ya; por ejemplo, una de las mayores, con 18 años, va a hacer prácticas en mi restaurante y podrá desenvolverse laboralmente en un ambiente controlado y amable”.

Primera vista del mar

Jalón y su equipo, en coordinación con los representantes de la fundación que regula el orfanato, se llevaron hace poco a las 33 niñas a que viesen la playa por primea vez. El trayecto desde Chiang Mai a la playa de Hua Hin (200 kilómetros al sur de Bangkok) es de 900 kilómetros y se cubre en unas 12 horas, con paradas mínimas para reposar. “Además del alegrón que les iba a proporcionar el hecho de ver el mar, el viaje era clave para que mi equipo y el de la Fundación se conocieran y pudiéramos ganarnos su confianza. Íbamos 10 adultos con las 33 niñas, y fue espectacular verlas correr hacia las olas con una alegría gigante”. 

El viaje de cuatro días suponía una inversión de casi 3.500 euros entre el bus, el conbustible, las pernoctas y las comidas. “Clemente, de Implaser, y Carlos de Nabegos completaron el monto necesario. A mi familia y amigos de Zaragoza ya los tengo sangrados desde los primeros años de apoyo a los refigiados, pero siempre aparece gente dispuesta a echar una mano en estos menesteres”.

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