Aragón
Suscríbete por 1€

misiones

El 'alma' misionera que parte de Aragón y mira al futuro

La mayoría de los misioneros zaragozanos se encuentran en América, un hecho que facilita compartir el idioma.

Jesús Negro, con algunos chavales de Kinkonka, en el Congo.
Javier Negro, con algunos chavales de Kinkonka, en el Congo.
Heraldo.es

185. Ese el número de misioneros en activo con los que cuenta la diócesis de Zaragoza, según datos de junio de 2021. Uno de los objetivos que se plantean con las misiones es que no solo se mantengan con personas que acudan de fuera, sino que la obra social que se realiza pueda llegar a mantenerse por sí sola, con sus recursos humanos y económicos. No obstante, esta meta depende de la situación de cada país. Los catequistas, por ejemplo, son agentes vitales.

"Las misiones tienen futuro. Es ir, coger experiencias y volver para transmitirlo", explican algunos misioneros, que ponen el acento en la importancia de la comunicación una vez se regresa a su lugar de origen.

Cuando una persona se plantea la vocación, un "alto porcentaje" piensa en ser misionero. "Sin embargo, luego se ven las necesidades y dices cómo me voy a ir si aquí hago falta. No es lo mismo que haya muchos religiosos en tu sitio, que incita a salir", expone Alfonso Palos, delegado de las misiones en Zaragoza. “Van disminuyendo poco a poco, pero el problema es aquí. Los religiosos y la gente de la Iglesia es mayor y, por lo tanto, los misioneros son mayores”, apunta.

La mayoría de ellos, 113, están en América, 34 en África, 21 en Europa y 17 en Asia. Por sexo, hay más mujeres -110- que hombres -75-. Un centenar son religiosas a las que se suman siete de clausura, 45 religiosos, 14 sacerdotes, 13 laicos, cuatro familias y dos obispos.

"Los desafíos gustan e impactan"

“Puede haber muchas dificultades, pero cuando hay entrega también hay una vitalidad. Los desafíos gustan e impactan", determina. Palos conoce la misión desde dentro, porque estuvo varios años fuera. "Me decían: sois los únicos europeos que no han venido a robar nada, que habéis venido a dar. Eso impacta, además se va a dar la vida, no solo cosas materiales. Se va a dar la persona. La vocación misionera se valora mucho", explica el delegado.

En la actualidad, hay factores que facilitan las misiones, mientras que otros suponen un hándicap. “Ahora las misiones son más fáciles que hace unos años porque salir es menos complejo. Antes ir a un sitio podía costar un mes, pero a día de hoy en cuestión de horas se puede llegar a tu destino”, menciona Palos. “Además, se alarga la vida. Hay gente adulta que se plantea irse porque tienen algo que aportar con su preparación”, añade. Sin embargo, al hilo de lo anterior, el idioma puede ser un contratiempo. Una faceta poco conocida de los misioneros es su continua formación: “Cuando se va a un sitio hay que estudiar historia, geografía o lengua para conocer el país”.

Alfonso Palos con las nuevas tecnologías, vía actual de donación, y las tradicionales huchas del Domund.
Alfonso Palos con las nuevas tecnologías, vía actual de donación, y las tradicionales huchas del Domund.
Guillermo Mestre

Menos misiones, más solidaridad

La pandemia ha trastocado el desarrollo de los envíos a misiones y el retorno, ya que la incertidumbre ha hecho que muchos misioneros permanecieran en sus lugares de trabajos.

También se han visto modificadas las formas habituales con las que se recaudaban fondos. Durante meses no se han podido organizar rastrillos ni rifas, tampoco vigilias ni distribuir información. Además, la situación económica de muchas familias ha empeorado. Con este marco, la previsión se planteaba a la baja, sin embargo ha aumentado la solidaridad. "Ha sido todo lo contrario", confiesa Palos, que pone como ejemplo la última campaña en la que se han conseguido 20 becas más que otros años, más otras procedentes de herencias.

"Si son congregaciones suelen surgir vocaciones, lo que tiene una repercusión hacia otras partes del mundo porque las van distribuyendo –sostiene Palos-. El futuro de las misiones también es el futuro de aquí". Javier Negro es un misionero escolapio, nacido en Bello hace 74 años, que coincide en ese planteamiento que ofrece Alfonso Palos. “Tenemos muchas vocaciones de la India, Indonesia o Vietnam que nutren otros lugares”, cuenta este escolapio a HERALDO desde Bolivia. "La disponibilidad es buena, tanto de los religiosos como de los laicos, algunos muy comprometidos", indica Negro, quien ha pasado largas temporadas en países africanos, como el Congo o Camerún.

Javier Negro utiliza la palabra "felicidad" para expresar lo que siente cuando habla de las misiones. "Las misiones aportan ganas, vitalidad… La vida de las personas que se van ya no es la misma, a partir de entonces no se puede vivir sin un planteamiento misionero", concluye Palos.

Etiquetas
Comentarios
Debes estar registrado para poder visualizar los comentarios Regístrate gratis Iniciar sesión