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De la política del hijo único a la familia numerosa en China

El control a la descendencia impuesto en 1979 se ha ido revisando en sucesivas reformas  

Niños jugando en un parque en Shangai.
Niños jugando en un parque en Shangai.
Wang Xiang/EP

La política familiar en China ha ido adaptándose a lo largo de las últimas décadas a las circunstancias políticas y económicas del país más poblado del mundo. El temor a un crecimiento poblacional inasumible ha dejado paso a una preocupación por una merma de la natalidad que ha llevado al Gobierno a abrir la mano y permitir hasta tres hijos por familia.

En la década de los setenta, China avanzaba a paso firme hacia los mil millones de habitantes, al mismo tiempo que trataba de poner en práctica un ambicioso plan de desarrollo económico que permitiese al país conservar la esencia del comunismo en un contexto marcado por experimentos fallidos en otras partes del mundo.

En 1979, el entonces presidente, Deng Xiaoping, determinó que era necesario controlar la natalidad e introdujo la controvertida política del hijo único. El Gobierno ofreció incentivos a quienes cumplieran y castigaba con multas a los ciudadanos que desoyesen la medida, especialmente vigilada en núcleos urbanos.

La política derivó en todo tipo de abusos, ya que mientras que las clases pudientes tuvieron la posibilidad de sofocar con dinero sus excesos, en otros contextos hubo abandonos de hijos, abortos clandestinos e incluso asesinatos de recién nacidos, todos ellos con las niñas como víctimas principales.

Si solo se podía tener un hijo, muchas familias preferían apostarlo todo al varón, lo que en la práctica ha derivado en una sociedad con más hombres que mujeres. Según el último censo, la proporción de ciudadanos varones supera el 51,2 por ciento. 

Primeros matices

En la década de los ochenta, las autoridades autorizaron a las familias de zonas rurales a tener un segundo hijo si el primero era una niña, pero el gran cambio a nivel nacional no llegó hasta 2013, cuando el Gobierno anunció que el permiso se ampliaría a todas aquellas parejas en las que al menos uno de los progenitores fuese hijo único.

Dos años más tarde, en 2015, el gigante asiático dio carpetazo definitivo a su política del hijo único para autorizar sin condiciones un máximo de dos hijos por pareja. Este cambio derivó en 2016 en un aumento del 7,9 por ciento en la cifra de nacimientos, un dato sin precedentes desde principios de siglo, pero no fue suficiente para invertir la tendencia.

Las estadísticas han vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de un cambio de rumbo ya que, aunque la población sigue creciendo -hasta los 1.411 millones de habitantes en 2020-, lo hace a un ritmo lento. En la última década, la población china apenas aumentó en 72 millones de habitantes, un 5,38 por ciento, un dato que no tiene precedentes desde que se inició el censo en los cincuenta.

La pirámide por edades también da pistas de esta evolución, ya que los mayores de 60 años representan el 18,7 por ciento del total de la población y en 2020 nacieron unos 12 millones de niños, la cifra más baja desde los sesenta. La tasa de fertilidad por mujer ronda los 1,3 hijos, por debajo del objetivo de 1,8 que se había marcado el Gobierno hace apenas un lustro.

Para "responder al envejecimiento de la población", el Comité Político del Partido Comunista de China (PCCh) ha determinado este lunes que es momento por tanto de elevar a tres hijos el límite máximo por familia. Aspira a "mejorar la estructura poblacional" y "preservar las ventajas en recursos humanos en el país", para lo cual ha prometido también medidas de apoyo, según la agencia Xinhua.  

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