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Internacional

Europa se blinda de noche para frenar el coronavirus

El continente pone coto al ocio nocturno y algunos países decretan un toque de queda ante el aumento de casos.

Varias personas de una velada nocturna en un local de Berlín
Varias personas de una velada nocturna en un local de Berlín
AFP

La gravedad de la segunda ola del coronavirus ha obligado a los países europeos a tomar medidas extraordinarias para frenar su avance: toques de queda, cierre de teatros, limitaciones al ocio nocturno... Limitaciones que han dejado estampas similares a las del primer confinamiento, con plazas y calles vacías, locales cerrados y patrullas policiales. Así se han blindado los diferentes países de la UE frente al Covid-19.

Un bar cerrado este sábado en Berlín.
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Alemania. Patrullas policiales alerta

"Se acabó la despreocupación y la fiesta", pero también el negocio, reconoce Stefan Lange, propietario de un bar hasta hace poco muy concurrido en el distrito berlinés de Neukölln. El barrio se ha convertido en uno de los dos grandes focos de infecciones de coronavirus en la capital alemana. La orden de cierre para todos los locales gastronómicos desde las 23.00 a las 06.00 horas que rige en las regiones de riesgo en Alemania "era de esperar" ante la creciente propagación del virus, señala Lange, que no oculta su preocupación por los problemas financieros de su local.
Hay quien, sin embargo, no respeta esa medida, que prohíbe también la venta y consumo de alcohol en la calle dentro de ese horario. Por ese motivo desde este fin de semana patrullan en Berlín un millar de policías con la única misión de controlar el cumplimiento de las normativas contra el coronavirus.
A un acuerdo para aplicar a rajatabla esas medidas llegaron el jueves el ministro federal del Interior, Horst Seehofer, y el senador de Interior de la capital alemana, Andreas Geisel. No solo para controlar la higiene y el cierre de los locales y el comportamiento de los clientes, sino también los contactos. Aunque un toque de queda es impensable en Alemania, donde es segura la intervención del Constitucional para tumbarlo, de noche están prohibidas las reuniones en la calle con personas ajenas al propio domicilio y solo se autorizan contactos directos en el exterior de un máximo de cinco personas de dos hogares distintos.

Varias personas pasean por la Grand Place de Bruselas.
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Bélgica. No descarta el confinamiento

Cierre de bares y restaurantes durante un mes, burbuja social limitada (un contacto al que poder 'abrazar' y hasta cuatro personas en reuniones privadas) y toque de queda entre la medianoche y las cinco de la madrugada, mascarilla obligatoria y cierre de cines, teatros y museos.
Todas estas normas y algunas más tienen como objetivo limitar los contactos, frenar los ingresos hospitalarios y esquivar un confinamiento total que aún no se descarta en Bélgica. 11,5 millones de habitantes, más de 270.000 contagios (10.454 de media diaria), 10.558 fallecidos y dos regiones (Bruselas y Valonia) a la cabeza de Europa en infecciones.
Con las temperaturas ya en desplome y una climatología más que desapacible, "el toque de queda apenas se siente", reconoce una estudiante; el colectivo sobre el que está puesto el foco de multas que rondan los 250 euros por salidas nocturnas no justificadas. La policía federal ha reforzado a la local en los controles de las grandes urbes del país y los incidentes son escasos.
«La primera prueba importante llegará con las vacaciones de Todos los Santos», alerta Nico Paelinck, presidente de la Comisión Permanente de la policía local de Bruselas. Y mientras, la hostelería se siente "maltratada". "Hace meses que nos hemos esforzado, hemos hecho muchas inversiones y todo eso ¿para qué? ¡Que finalmente nos veamos obligados a cerrar por un mes!", expresa el responsable de un restaurante de Tournai en un vídeo que ha convertido en viral. Un sentimiento de "injusticia" que se ha apoderado de un sector al que se intenta aplacar con el compromiso de que se revisará la imposición de cierre transcurridas dos semanas, pero que en algunos puntos del país ya ha recurrido a los tribunales.

La Torre Eiffel, vacía este jueves
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Francia. Cierre total a las 21.00 horas

A las 8.30 de la tarde los parisinos apuran sus compras en el supermercado media hora antes de que comience el toque de queda para luchar contra el coronavirus, una medida que afecta desde el viernes a medianoche a 46 millones de franceses.
A las nueve las calles de París comienzan a vaciarse. Los restaurantes cierras sus puertas, al igual que los cines, cuya última sesión termina alrededor de las 8:30 de la tarde para que a los espectadores puedan regresar a tiempo a casa.
Los desplazamientos entre las nueve de la noche y las seis de la mañana en las zonas afectadas por el toque de queda están prohibidos excepto por razones profesionales o de salud; para ayudar a un familiar en situación de dependencia; para ir o volver al aeropuerto o a la estación de tren; o para sacar a pasear al perro.
El transporte público continúa funcionando por la noche en la capital para permitir el desplazamiento de los trabajadores, pero con menos frecuencia que la habitual. También continúa el reparto de comida a domicilio.
El primer ministro Jean Castex aseguró el jueves que durante la primera semana del toque de queda en París y otras ocho ciudades francesas "se respetó bien" esta medida. La policía realizó en esas ciudades 32.033 controles e impuso 4.777 multas en total a aquellos que se saltaron el toque de queda. La multa es de 135 euros. El 60% de los franceses está a favor de imponer un toque de queda y el 88% dicen respetarlo, según una encuesta de Odoxa-Dentsu Consulting.

FILE PHOTO: The spread of the coronavirus disease (COVID-19) in Dublin
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Irlanda. Resignación y protestas

Con resignación y crispación entró la mayoría de irlandeses en el segundo periodo de confinamiento, que se prolongará en principio seis semanas. La vertiginosa escalada de los contagios llevó a muchos a aceptar que "es necesario tomar precauciones", según explica Jon Kelly, constructor, de los pocos sectores con licencia para seguir faenando en este periodo de máxima alerta o nivel 5.
Unos consideran las restricciones nacionales -cierre de locales no esenciales, salvo guarderías y colegios, salidas limitadas a 5 kilómetros de casa, prohibidas las reuniones en jardines privados o espacios cerrados- como la última oportunidad de contener el rebrote del coronavirus y ganar tiempo para poder juntar a toda la familia en Navidad.
Para otros, son motivo de protesta. En Dublín, donde se manifestó casi un centenar de personas el primer día de la vuelta al confinamiento, hubo escaramuzas con agentes del orden, que concluyeron en once detenidos, de los que nueve pasaron a disposición judicial. La Policía ha optado por una estrategia de máxima visibilidad, con controles en carreteras y patrullas en zonas urbanas que pueden imponer multas de hasta 500 euros.

Panteón de Agripa y plaza de la Rotonda
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Italia. Plazas y calles vacías

La escalinata de la plaza Trilussa, en el barrio romano de Trastévere, lleva días rodeada por unas cintas de la Policía para evitar que los jóvenes puedan sentarse en los escalones a charlar y beber, como es habitual en las noches de los viernes y del fin de semana. Es una de las medidas preventivas para garantizar el cumplimiento del toque de queda nocturno que han aplicado ya tres regiones italianas: Lombardía, Lacio y Campania, las más pobladas del país.
Los más de 10 millones de residentes lombardos fueron los primeros en sufrir esta semana esta restricción. El toque de queda, que sólo puede romperse por motivos laborales o de emergencia, dejó las plazas desiertas y las calles casi vacías, con sólo unos pocos automóviles circulando. Sólo se veía a los habituales repartidores de comida en bicicleta. Esta medida supone un nuevo revés para los empresarios y trabajadores de los bares, restaurantes y pubs, que se concentraron frente a la sede del gobierno regional de Lombardía.

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