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Agricultura

El maíz transgénico retrocede en Aragón y el girasol aprovecha para ganar terreno

Las adversas condiciones del clima, los altos costes de producción, la falta de reservas hídricas y la guerra de Ucrania han cambiado el mapa de cultivos de cereal de verano en la Comunidad.

Recolección de maíz en una explotación de la provincia de Huesca.
Recolección de maíz en una explotación de la provincia de Huesca.
Rafael Gobantes

La del cereal de verano ha sido una campaña “especial”, marcada, como ya sucedió con las producciones de herbáceos de invierno, por unas condiciones climáticas adversas, unos “manejos muy complicados de los sistemas de riegos” y unos elevados costes de producción provocados por la guerra de Ucrania, que han modificado el mapa de cultivos –en superficie y rendimientos– de la Comunidad. 

Esta es la carta de presentación con la que el jefe de Cultivos Herbáceos del Centro de Transferencia Agroalimentaria del Gobierno de Aragón, Miguel Gutiérrez, y el responsable de Sostenibilidad e Innovación de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón, Jesús Abadías, han comenzado el detalle de los resultados de la campaña 2021-2022 recogidos en un nuevo informe realizado por la Red Arax, una iniciativa público-privada que tiene como objetivo la transferencia de conocimiento para facilitar las decisiones de siembra de los agricultores aragoneses.

Todas estas dificultades se han dejado notar especialmente en el maíz –no en vano ocupa el 70% de la superficie dedicada a estos cultivos– y de forma más contundente al transgénico, mientras que el destinado a consumo humano se ha anotado un mayor número de hectáreas. Dicho en cifras. Aragón ha cosechado 86.891,36 hectáreas, lo que supone una reducción de casi un 10% respecto a la campaña anterior. Parecía que iba a ser peor, ha reconocido Abadías, porque la escasez de agua embalsada y las continuas olas de calor hacían presagiar un mayor desánimo de los agricultores, que, sin embargo, se vieron atraídos por una “interesante coyuntura de precios”.

El peor parado ha sido el maíz modificado genéticamente. Se sembraron 12.562 hectáreas menos que en la campaña anterior hasta abarcar una superficie de 41.111,8 hectáreas, por lo que el maíz convencional (o isogénico) ganó la batalla y avanzó hasta ocupar el 53,8% de la superficie total. Este intercambio de fuerzas no se debe, sin embargo, a un cambio de tendencia en la mentalidad de los productores sino a una escasez de agua de riego que explica el descenso del 18% de superficie de este cereal en segundas siembras –especialmente en la provincia de Huesca–, esas que precisamente ocupa este transgénico resistente a la temida plaga del taladro en las tierras de regadío. “El taladro es una plaga que afecta en un porcentaje muy alto a las segundas siembras. Si éstas se reducen, desciende también el uso de maíz transgénico”, ha matizado Gutiérrez.

Una cara mucho más amable ha presentado el maíz destinado a consumo humano, que, por segundo año consecutivo y a pesar de un tiempo nada amable, ha conseguido ganar hectáreas, hasta ocupar 20.117 hectáreas, de las que 7.200 tienen como destino la fábrica de Quality Corn y más de 12.800 para Tereos–. “Una cifra consolidada que demuestra el interés del agricultor en dar un valor añadido a su explotación”, ha añadido el representante del CTA.

El avance del girasol

Si los elevados costes de producción explican la disminución de la superficie dedicada a maíz, son también el motivo por el que el girasol, la principal oleaginosa que se trabaja en España seguido de la colza, haya ganado terreno, impulsado también por las expectativas de demanda que generó la invasión rusa a Ucrania, el principal productor y exportador, y unos atractivos precios.

En Aragón ha ocupado 26.500 hectáreas, o lo que es lo mismo, el doble que en la campaña anterior cuando los girasoles avanzaban por una superficie de 13.265 hectáreas.

“Los agricultores tienen una serie de gastos fijos a los que tienen que hacer frente y por ello las segundas siembras son importantes. Esto ha hecho que si no podían sembrar maíz, muchos hayan apostado por el girasol, que tiene menos necesidades hídricas y de manejo”, ha matizado Gutiérrez, que ha destacado que de la superficie total, el 33% se ha destinado a segundas cosechas, en las que esta oleaginosa ha pasado de una superficie de 2.264,67 hectáreas en la última campaña a 7.799.34, pero además su presencia ha sido notable también en los secanos donde ha ocupado unas 11.400 hectáreas en 2022.

No ha corrido la misma suerte la soja, que, al igual que el resto de los cultivos de verano, también ha retrocedido empujada por las adversas condiciones climáticas. “Se trata de un cultivo que sufre con la falta de humedad”, ha explicado Abadías, que ha insistido, sin embargo, en que esta leguminosa se está consolidando  como buena alternativa para segundas siembras, no solo porque permite al agricultor hacen la necesaria rotación en sus explotaciones, sino que además “es un cultivo con un importante valor económico”. Prueba de ello es que en los contratos realizados con empresas que utilizan esa producción para elaborados de consumo humano el precio de la soja ha alcanzado los 700 euros la tonelada, mientras que se ha pagado hasta los 600 euros por tonelada aquella que está destinada a la producción de pienso de valor.

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