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Economía

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"El corazón de la desigualdad radica en la economía de los cuidados, que sigue oculta"

Gabriela Delsignore, socióloga de la Universidad de Zaragoza.

Gabriela Delsignore, socióloga de la Universidad de Zaragoza.
Gabriela Delsignore, socióloga de la Universidad de Zaragoza.
Oliver Duch

¿Por qué está tan precarizado el trabajo de los cuidados cuando para nuestras sociedades es cada vez más importante?

Histórica y culturalmente los cuidados se han atribuido a la mujer, al espacio de lo privado. Es una labor oculta que aparentemente no existía, pero que ha sido imprescindible para el desarrollo de la economía y la sociedad. Cuando la mujer sale al mercado laboral y empieza a ocupar espacios profesionales, pero ha de seguir ocupándose de criar a los hijos y la atender a los mayores, ahí, se empieza a ser más consciente de que hay una clara desigualdad en la que se ha acomodado el sistema.

¿Cómo se cambia esa tradición?

Cuantificando y remunerando el trabajo de los cuidados. Si hablamos de los remunerados, son un pequeño apéndice en el sistema público, porque la sociedad sigue apoyándose en el rol de que la mujer los asuma. Cuando no puede ocuparse, al trabajar fuera de casa, se contrata a otra que en muchos casos también es mujer, de mediana edad e inmigrante, con lo que estamos ante un triple factor de desigualdad. De ahí la brecha salarial y que el trabajo de la cuidadora esté muy precarizado.

¿Los últimos 8M han ayudado a visibilizar la doble mochila con la que cargan las mujeres?

En sociología analizamos los datos y hay algo que vemos y es que en la economía de los cuidados, que sigue bastante oculta, radica el corazón de la desigualdad. Ahí está el nudo sobre el qué se instala: el trabajo paralelo o esta segunda presencia de la mujer. Está en el ámbito profesional y en el de la crianza o los cuidados. Todo esto hay que sacarlo más a la luz.

Existen aún muchas resistencias.

Hay que romper este sistema acomodaticio de cara a que los cuidados en sociedades cada vez más envejecidas no tengan que recaer sobre el ámbito de las familias y que los gobiernos se lo tengan que plantear como un problema de carácter social. Ahí entra el Estado del bienestar y la ley de la dependencia, pero claro, ¿hasta dónde llegan, cuáles son los recursos y cómo se puede hacer efectivo? Este es el gran desafío para que las familias, y sobre todo las mujeres, no sigan teniendo que sostener esta economía de los cuidados.

¿Ayuda que la OIT haya reconocido los cuidados como ocupación?

Que la OIT, que no es sospechosa de ser partidista o tener un sesgo ideológico, aporte datos a nivel mundial y establezca el ranking por países de dedicación a los cuidados de hombres y mujeres es muy importante. Nos permite ver porqué ellas trabajan dos y tres veces más a tiempo parcial. La causa es que el resto del tiempo se dedican a los cuidados. Y todo eso tiene que ver con la brecha salarial y las pensiones ya que es un desfase que se va acumulando a lo largo de la vida. La mujer no lo elige. Es importante que el informe de la OIT lo saque a la luz para que quienes toman decisiones a nivel del Estado o las empresas los tengan en cuenta.

¿No habría que tomar más medidas legislativas?

Bueno, estaba el plan de igualdad. Se puso en marcha en 2007 pero si miramos que avances ha habido hasta ahora no hay gran cosa. Ahora, el Real Decreto ley de marzo extiende la obligación de tener dicho plan a las empresas de más de 50 trabajadoras, obliga a que haya una comisión negociadora para ejecutar medidas concretas y a que se evalúe su aplicación. Es un paso. También ayuda que las excedencias por permisos de paternidad y maternidad se igualen para que le sea igual de apetecible o problemático cogérselas a un hombre o una mujer si piensan tener hijos. Igualar es tomar medidas que igualen de verdad.

¿Cuántas generaciones más harán falta?

Propondría poner todo esto en marcha y hacer una medición. Lo que no queremos que vuelva a pasar es que si la ley de igualdad en España estaba desde 2007 y hemos llegado a 2019 y casi nada se ha movido, no esperar que pasen otros tantos para que todo se quede igual.

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