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El significado del timonazo de Jim en el equipo inicial del Real Zaragoza en Gerona

El entrenador del Real Zaragoza sorprendió con una revolución, con ocho cambios respecto de la jornada anterior, algo inusual en la liga

Juan Ignacio Martínez, el lunes en Gerona, dando instrucciones a sus jugadores durante el partido.
Juan Ignacio Martínez, el lunes en Gerona, dando instrucciones a sus jugadores durante el partido.
LOF

"Sé que habrá gente que haya dicho: ‘míster, se ha ‘tomao’ algo’. Pero no es así", dijo Juan Ignacio Martínez ‘Jim’ en la sala de prensa de Gerona el pasado lunes cuando acabó el partido del Real Zaragoza en Gerona y se le preguntó por la revolución en la alineación que había planteado en Montilivi. Se anticipó Jim con su comentario a cualquier intención crítica desde la zona de prensa (o más allá, incluso), presumiendo de antemano que su decisión habría originado sorpresa y debate extenso, como así es.

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Y es que ocho cambios en el once inicial, de un partido al siguiente de liga, sin mediar causas de fuerza mayor de por medio salvo alguna excepción (Narváez), esconden significados más allá de lo que se quiera considerar ‘normal’. No se recuerda algo así en muchos años. Sí es algo que los entrenadores llevan a cabo en esas eliminatorias de Copa ante rivales menores –de Tercera o Segunda B– que surgen entre semana en momentos de acumulación de partidos clave y que sirven para dar minutos a los menos habituales y rotar a los titulares, más desgastados. O en los amistosos de verano, cuando se amontonan cargas de trabajo o partidos muy seguidos y se parte en dos la plantilla para que todo el mundo tenga su aparición y su oportunidad.

Pero esto es la liga. Y, aquí, en estos terrenos, estos códigos no son los ordinarios. Más allá de cuatro o cinco relevos –cifras que ya suponen alteraciones sustanciales dignas de subrayarse cuando suceden– se está hablando siempre de una gran rareza. Y el Real Zaragoza la ejecutó el lunes en el campo de Montilivi.

Como quiera que el equipo de Jim está inmerso en una fase de desorientación de objetivos, con una serie de ocho empates seguidos (nueve de 12 jornadas en total), sin poder ganar más allá de un partido –el de Alcorcón hace ya mes y medio– por más que intenta modelar el proyecto inicial de juego con el que partió el proyecto en agosto, sin éxito por ahora, la decisión de cambiar de cuajo ocho de once futbolistas de un día para otro aún se hace más extraña y con más razones encriptadas.

Golpe de timón o aviso general

Jim, de puertas afuera, no ha querido exponer lo que sí ha lanzado internamente al grupo en las últimas fechas. No quiere ni admitir que esta maniobra de rotación masiva sea una ‘revolución’. Se justifica el técnico alicantino diciendo que Chavarría, por más que fuese novedad en Gerona (ante la Ponferradina él puso a Nieto en el lateral zurdo), es el habitual titular; o que Lluís López ha jugado de inicio varias veces, lo mismo que Francho, Bermejo, Nano o Azón. Según ese baremo, Jim solo considera ‘grandes novedades’ las titularidades de Adrián González (que era la primera) y de Petrovic (solo había jugado de inicio una vez, en Alcorcón, circunstancia de la que se olvidó Jim en su reseña). Y también incide en que el relevo de Narváez en punta estaba obligado por la lesión de éste (era el único realmente justificado de los ocho cambios).

Quiere el entrenador que este episodio se administre en privado y que se digiera entre los componentes de la plantilla sin dar vuelo a más explicaciones. Un ejercicio de mesura que requiere lealtad y talante en el grupo.

La mutación del Real Zaragoza del partido ante la Ponferradina al del Girona fue un golpe de timón en toda regla. Un aviso a navegantes. Un modo de decir a todo el mundo ahí dentro que esto no va como debería. Que toda la plantilla debe espabilar y aportar lo suyo, reivindicándose con fuerza y de inmediato para lograr encontrar el modo de ganar partidos y sacar al equipo del encallamiento en la zona peligrosa de la clasificación donde se halla.

La ‘doctrina Jim’ tal vez consideró que, en vez de señalar a cuatro o cinco jugadores, si reducía a esa cantidad las permutas, era mejor ocasionar una catarsis mayor para dispersar culpabilidades o estigmas personales. Volteo general. Es aún muy pronto como para empezar a perder intensidades en la plantilla (aunque, motu proprio, el club y el técnico ya tienen a dos jugadores destarifados, Javi Ros y el aún inédito Clemente, que se resiste a renovar su contrato en unas condiciones que no son del agrado del jugador aragonés y su entorno). Aprovechó Juan Ignacio este partido de cola de una semana con tres jornadas para sostener este aluvión de modificaciones nominales. La medida adoptada, ni es un refuerzo a los únicos tres que siguieron en Gerona –Cristian Álvarez, Gámez y Jair–, ni un envío a la nevera a los desplazados por razones técnicas –Francés, Nieto, Eguaras, Zapater, Vada, Sáinz y Álvaro Giménez–, ni un premio gratis a los que entraron por ellos. Es un retrato a todos a la vez, para que exista una reacción positiva.

Jim sabe que, desde otro prisma, externalizado y más incisivo, se puede analizar su decisión como un gesto de desesperación, de no saber ya qué hacer para meter en vereda a un equipo que no gana ni marca goles. De todo hay un poco.

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