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Jair Amador: "El zaragocismo necesita olvidar el último año y medio"

Nacido en la periferia de Lisboa (Portugal), de padres biológicos de Cabo Verde, se crió desde niño en Villanueva de la Serena (Badajoz) con su familia española. En unos días cumplirá los 32 años.

Jair Amador, en el hotel de concentración del Real Zaragoza en San Pedro del Pinatar
Jair Amador, en el hotel de concentración del Real Zaragoza en San Pedro del Pinatar
Tino Gil/Real Zaragoza

Fue usted un chico, como tantos miles, que creció en la categoría Regional y la Tercera División. El salto al profesionalismo le llegó tarde.

Sí, no fue hasta los 24 años. Había empezado de niño en el equipo base de mi pueblo, Villanueva de la Serena, en Extremadura, el La Cruz Villanovense. Jugué después en el Hernán Cortés de Medellín, en el Miajadas, en el Villanovense que se hizo famoso por sus eliminatorias de Copa contra el Barcelona y el Sevilla.

A la mayoría de la gente le pareció entonces que se le había pasado el momento de llegar a la cima. Solo usted creyó en sí mismo.

Era normal. Pasaban los años y no salía de ese fútbol de ámbito regional. Tuve una época en la que llegué a descartar el salto más arriba. En Extremadura teníamos poca visibilidad y sentí que se me iban cerrando todas las puertas una a una. Creía que nadie se fijaría en mí cuando, de repente, me llegó la oferta del Levante para irme a su filial en Segunda B. Esa fue mi suerte para progresar.

¿Quién lo llevó al otro lado del mapa de España, a Valencia?

El director deportivo de la cantera del Levante. Tito Blanco era el que estaba por encima, pero quien habló con mi representante para llevarme allí fue David Salavert. A él le debo lo que soy ahora, él puso los ojos en mí y consideró que podía jugar mucho más arriba. En esto del fútbol, estas cosas dependen de la suerte, un chispazo de alguien que tu desconoces que un día te cambia el destino. El mío es un ejemplo para muchos jóvenes. No hay que abandonarse nunca. Siempre hay algún radar que está por ahí vigilándote.

Y el salto al profesionalismo llegó en Huesca, con casi 27 años.

Me fichó el Huesca en Segunda División. Ese año me di a conocer. Fue mi salto real al fútbol de verdad. En la primera temporada nos clasificamos para la promoción de ascenso, en la que nos eliminó el Getafe, que subió. Hice una gran temporada. Y en el segundo año, lo jugué todo con Rubi y subimos a Primera. Fueron dos años redondos, ideales.

¿Por qué salió entonces del Huesca, sin llegar a debutar en Primera División después de esa trayectoria tan sobresaliente?

En la vida, cada uno tiene momentos en los que debe tomar decisiones importantes. Y a mí me tocó justo ahí. Pensé en mí y en mi familia. Por eso me fui.

¿Lo soltó el Huesca por cuestiones deportivas o decidió irse usted por razones económicas?

Fui yo quien decidió. Y fue por una causa económica. Tuve una gran oferta de Israel (Maccabi Tel Aviv) y la valoré. Como hemos citado, yo empecé tarde en el fútbol profesional. Y pensé que debía darme prisa, acelerar los tiempos que no tuve con anterioridad en cuanto a contratos importantes. Fue como recuperar el tiempo perdido. Cambié eso, el dinero, por jugar en Primera División de España, aunque en Israel también era la máxima categoría.

¿Cómo fue la experiencia en el fútbol israelí?

Una parte buena y otra mala, mitad y mitad. Deportivamente, me fue muy bien. En lo familiar, nos costó mucho aclimatarnos, sobre todo a mi mujer. Era otra cultura, otro idioma… no fue posible en los dos años que estuvimos allí. Fue un caso claro de inadaptación, que acabó en un problema. Hubo que abordarlo de raíz y buscar el regreso a España. Ahí apareció el Real Zaragoza, para suerte mía y de los míos. Con Lalo (Arantegui), que ya me conocía del Huesca, solucionamos mi vuelta.

Ya no está Lalo, su mentor. ¿Eso cambia las cosas?

No. Pienso que no debe afectar. Para mí, él era mi apoyo. Pero el fútbol consiste en demostrar cada día lo que vales, de trabajar bien. Si está Lalo, bien. Y, si no, pues otro lo valorará. Eres profesional y el fútbol cambia mucho y rápidamente.

Su primer año en Zaragoza rozó la catastrofe del equipo. Casi se desciende. Y, además, sin público, quienes llegaron ahí no saben lo que es jugar en La Romareda de verdad.

Sé que jugar en La Romareda como lo hemos hecho, sin la afición, no tiene nada que ver con esas tribunas llenas. Yo lo he sufrido como rival, con el Huesca. Sueño con poder jugar con ese ambiente a favor. Es un espectáculo que nada tiene que ver con la tristeza que hemos padecido en todo el año pasado. El zaragocismo necesita olvidar este último año y medio. Cuanto antes.

¿Qué paso para que se diera el descarrilamiento del año pasado?

No lo sé bien. Hay veces que, por desgracia, las temporadas se tuercen de mala manera de principio a fin. Y así nos pasó. Empezamos fatal desde el primer día. Y seguimos largo tiempo sin arreglar las cosas. Se salvó la temporada de milagro, fue todo muy malo. Confío en devolver con alegrías a la gente tanto sufrimiento vivido. Hay que darle una vuelta de tuerca a todo.

Por edad, por experiencia, por su posición en el campo, por su talante… es parte del núcleo duro del equipo. ¿Cree que es posible pelear por el ascenso a corto plazo?

Sí. Hay buenos futbolistas en el grupo que ha quedado del año pasado. Y ha salido gente muy joven que ha crecido rápidamente, que ha sabido dar la cara por el equipo en momentos difíciles. Se pueden hacer buenas cosas. Otra cosa es que, además, haya que reforzar el equipo en varias posiciones, mucho más cuando vienes de una temporada que no ha salido nada bien, como es nuestro caso.

Hablamos de usted como portugués, caboverdiano… ¿qué se considera?

Yo soy extremeño. Español. Allí me crié desde muy niño, en Villanueva de la Serena, Badajoz. Pero, obviamente, de nacimiento soy portugués, de Sao Jorge de Arroios, Lisboa. Y mis raíces son de Cabo Verde, de ahí es mi sangre. Así que todo lo acepto bien. Por crianza, soy extremeño al máximo.

¿No le han llamado en este tiempo de la selección nacional de Cabo Verde?

Sí. Me llamó la federación cuando llegué a Israel. En esos dos años en el Maccabi pude ir seleccionado. Pero era el momento duro de los problemas de mi familia y no quise irme ni un solo día de su lado a las convocatorias que hubiera tenido que afrontar durante el año. Les dije que no. Hice prevalecer mis cosas personales.

Ha dejado pasar el tren de jugar partidos internacionales con el país de sus ancestros.

Sí. Digamos que sí. Por desgracia, tocó así. Aún confío en que pueda repetirse una llamada. Ahora sería distinta mi respuesta. Estamos muy felices en Zaragoza. No hay problemas de ningún tipo que me lo impidan como sí lo hicieron en su momento. Iría encantado. Sería un broche de oro a mi trayectoria poder ser internacional.

Acabó el curso pasado con un solo gol anotado, el de cabeza en Sabadell. Demasiado poco para un central de 1,92 que sube siempre al remate.

Es cierto. En Huesca llegué a marcar 3 y 4 goles por temporada, una cifra más acorde para mis características cuando subo al ataque en el balón parado. No solo es que yo marque, es que otros lo hagan tras un rechace a cabezazo mío, un rebote… esas cosas que pasan en las áreas en los córneres y faltas laterales. El año pasado nos faltó mucho acierto en todo dentro del área rival.

¿Hay preocupación o nerviosismo en el vestuario al ver que llega la liga y el equipo no se ha reforzado apenas?

A ver… nervios, no. Nosotros nos tenemos que limitar a entrenar, a prepararnos. Esto es cosa de la parte directiva del club. Pero, obviamente, nosotros hablamos de estas cosas y sabemos que estamos pendientes de un cambio. Nos falta la información importante, así que no podemos opinar. Pero es evidente que tienen que venir refuerzos y que vendrán en cuanto sea posible. Estamos con los brazos abiertos para recibir a quien venga a ayudarnos. Y poco más podemos decir a todo esto. Solo trabajar, ponernos las pilas los que estamos y esperar.

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