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Fin del año más complejo para el Real Zaragoza

El equipo aragonés despidió anoche una temporada en la que ha peligrado su futuro en el fútbol profesional.
Tres técnicos y dos directores deportivos han pasado por el club en nueve meses de máxima tensión.

Zaragoza Leganés
Zaragoza Leganés
Toni Galán/José Miguel Marco

Áspera. De compleja digestión. Escabrosa. La temporada 2020-2021 del Real Zaragoza puso anoche, de forma definitiva, su punto final después de nueve largos meses en los que el casi nonagenario club aragonés ha atravesado alguno de los momentos más críticos de su larga historia. El Real Zaragoza ha bordeado con pies temblorosos el precipicio en uno de los años más duros que se recuerdan en lo deportivo, encadenando derrotas y duros golpes en una Romareda cerrada, sin el calor de su gran activo: la afición.

La película terminó anoche para alivio de todos con la permanencia ya certificada de forma matemática hace semana y media, un escenario hoy real pero sobre el que planearon infinidad de fundadas dudas durante meses y meses. Que el Zaragoza siga en Segunda División en el curso 2021-2022 es una realidad que durante el otoño, el invierno y el nacimiento de la primavera pareció más una quimera, un delirio, que una posibilidad tangible. Las dudas sobre la salvación del primer equipo contagiaron de incógnitas la situación societaria y la hipotética viabilidad del club fuera del fútbol profesional. ¿Era posible que el Real Zaragoza cumpliera 90 años en Segunda División B –desde la próxima temporada Primera RFEF–? ¿O desaparecería antes? Esa era, durante muchos meses, la cuestión mayor que se preguntaba el zaragocismo en noches en las que la permanencia se escurría hasta los cinco puntos. Así, punto a punto, se ha escrito uno de los cursos más complejos de la historia del club.

Baraja, Iván Martínez, Lalo...

Tras un final del curso post-pandemia decepcionante, con un ascenso que se le escurrió de los dedos, el Real Zaragoza contó con un escaso margen de maniobra para diseñar la el cuerpo principal de la plantilla 20-21. Lalo Arantegui, el arquitecto de los últimos proyectos del club, apostó por Rubén Baraja como inquilino para el banquillo, un técnico que venía avalado por su notable papel en el Tenerife el curso anterior pero que nunca llegó a cuajar en el Zaragoza. Su fijación por un 4-4-2 rígido, sin espacio para la imaginación ni el fútbol ofensivo, fue también su tumba. El Zaragoza nunca le arrancó a Baraja y fue destituido a principios de noviembre con el equipo ya bordeando el descenso, acumulando una nefasta serie de seis jornadas sin conocer la victoria.

Con la sombra de Víctor Fernández siempre en un segundo plano, finalmente fue Iván Martínez, técnico promocionado desde el filial, el hombre encargado de intentar resucitar a una plantilla con graves carencias. Inexperto en el fútbol profesional, el esfuerzo de Martínez fue siempre loable, pero sus resultados insostenibles: perdió siete partidos en ocho jornadas, un tramo que hundió al equipo en los bajos más hondos de la clasificación. Su salida del primer equipo conllevó también –días antes– la destitución de Lalo Arantegui como director deportivo del club, al que relevó Miguel Torrecilla, que terminaría eligiendo con rotundo acierto a Juan Ignacio Martínez como tercer técnico del curso.

El sobresaliente milagro de Jim

En uno de los momentos más complicados de su historia, cuando varios candidatos dijeron «no» al Real Zaragoza, Jim decidió dar un paso adelante y aceptar el enorme reto de salvar a un equipo hundido en la tabla y en sus sensaciones futbolísticas. Un cadáver deportivo. El preparador valenciano, a través de un fútbol rocoso, práctico y de maximización de los recursos ha consumado una milagrosa permanencia, que quedará registrada para siempre como un momento que bien ha podido cambiar la historia del club.

Un terrible déficit goleador

A pesar de que Juan Ignacio Martínez ha reconducido muchos de los aspectos futbolísticos durante el tramo final del campeonato, tampoco ha sido capaz de corregir uno de los grandes males del año: el terrible déficit anotador de la plantilla. Acostumbrado a contar con al menos un goleador de referencia, el Real Zaragoza ha acumulado una colección de atacantes sin olfato: Gabriel Fernández, Vuckic y Larrazabal –tres de las grandes apuestas del curso– han terminado el año en blanco, mientras que Álex Alegría, firmado en enero precisamente para paliar esta carencia, solo ha marcado un tanto. El mismo registro que Bermejo. Zanimacchia ha convertido dos penaltis en el tramo final y solo Juanjo Narváez (9) ha cumplido con el mínimo demandado. El gol ha sido un quebradero de cabeza durante toda la liga. 

Cifras a domicilio de descenso

Aunque sumó en Fuenlabrada (0-1) y Las Palmas de Gran Canaria (0-2) dos triunfos clave para sellar la permanencia, el Zaragoza ha terminado la temporada con registros de descenso a domicilio. Ha perdido 13 de los 21 encuentros que ha jugado lejos de La Romareda, con solo cuatro victorias –una administrativa– y otros cuatro empates. Solo el Castellón, Las Palmas y Lugo han sido menos rentables lejos de sus estadios. En casa, especialmente con Juan Ignacio Martínez, sus números son diametralmente opuestos y es ahí, en el viejo estadio zaragocista, donde el equipo ha cimentado su sobresaliente reacción de la segunda vuelta, especialmente a través de una solidez defensiva sobresaliente, con apenas dos goles encajados en La Romareda en el tramo decisivo de la liga.

Tres juveniles como solución

Además de la fiabilidad atrás, la reacción del Zaragoza se ha escrito a través de las letras de los tres juveniles que han sido, sin duda, la mejor noticia de la campaña. Alejandro Francés, ya censado en la selección española sub-21, Francho Serrano e Iván Azón han sido la luz en las tinieblas. Tres jóvenes jugadores que han sujetado con orgullo el escudo del león en uno de los momentos más comprometidos de su historia. Los tres han sido titulares indiscutibles en el tramo de reacción del equipo aragonés. Ellos no vieron al Zaragoza alzar la Recopa de París, pero su fútbol este curso, quizá, permita nuevas gestas como la de Nayim.

Una liga entera a puerta cerrada

A pesar del notable rendimiento como local del Zaragoza desde la llegada de Jim, el equipo ha extrañado durante toda la temporada a una afición que no ha podido arropar a sus jugadores. Que no ha podido mostrar su desencanto en los momentos más críticos sobre el césped y que tampoco ha podido disfrutar con la sobresaliente reacción de la mano de Juan Ignacio Martínez. Si la pandemia transcurre por los cauces esperados, todos los factores –deportivos y sanitarios– confían en que la próxima campaña el público pueda regresar de forma mayoritaria a los estadios españoles.

Modificación del convenio

Las derivadas económicas de la pandemia y de la actual situación deportiva, hicieron que el club presentara en marzo ante el juzgado de lo Mercantil número 2 de Zaragoza la solicitud de ampliación del plazo de pago del convenio de acreedores, para llevarlo hasta 2030; es decir, cinco años más de esperas. La nueva y reciente normativa legal aprobada por el Gobierno a raíz de la covid en esta materia, en procesos concursales, permitió a la Sociedad Anónima Deportiva plantear esta medida de ampliación de plazos, sin que cambien las cantidades adeudas a los acreedores. Tras la admisión por parte del juzgado, el Zaragoza tiene hasta mediados de junio para lograr el 50% de las adhesiones entre sus acreedores. Esta será una de las múltiples cuestiones que el Real Zaragoza debe gestionar en las próximas semanas durante un verano que se presume intenso y ajetreado en todos los estamentos del club aragonés.

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