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fútbol

La máxima pena del Real Zaragoza

El conjunto aragonés ha fallado en los dos últimos cursos nueve de los 20 penaltis lanzados, un porcentaje impropio de la élite.

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Trujillo Suárez, instantes antes de señalar penalti al Mirandés tras el peritaje del VAR.
Guillermo Mestre

Cambió el lanzador, Álex Alegría por Narváez; pero no cambió la suerte del Real Zaragoza desde el punto de penalti. El penalti se encuentra a once metros de distancia del punto medio de la línea entre los dos postes de la portería, equidistante a estos. Es la máxima pena que el reglamento permite señalar. Máxima pena… Teóricamente, se trata de la acción más favorable para conseguir gol. En alta competición, ronda un porcentaje de acierto superior al 75 por ciento. No es el caso del club aragonés, que en los dos últimos ejercicios ligueros solo ha atinado en nueve de los 20 penaltis lanzados. Lo dicho, más que penaltis, para el Zaragoza los lanzamientos libres a once metros bien podían denominarse máximas penas.

Máxima pena fue el error de Álex Alegría, que le pegó al larguero el lanzamiento que disfrutó el pasado lunes ante el portero del Mirandés, Lizoáin. Hay quien dice que no estuvo mal tirado, que, si no se hubiera encontrado con el larguero, habría sido gol. Claro, y si no hubiera larguero, no habría portería… Un lanzador tiene todo a favor a solo once metros de la línea de gol, con el portero como único obstáculo en el camino hacia la red. Colar un balón de alrededor de 22 centímetros de diámetro lanzado en tiro libre a una portería de 7,32 metros de largo y 2,44 metros de alto no debería ser demasiado complejo. Por muy bueno que sea el portero, el lanzador tiene toda la ventaja. No hay que ser tan osado como Antonin Panenka; tampoco hay muchos porteros como Sepp Maier…

El expediente de la máxima pena zaragocista señala que el equipo del león ha desperdiciado casi la mitad de los penaltis que ha lanzado en los dos últimos cursos. El de anteayer, el errado por Alegría, no tuvo penalización contable en la clasificación, pues al final el Zaragoza atrapó la victoria (1-0) y contra el rival no se ventilarán coeficientes goleadores en caso de empate a puntos, dada la holgada clasificación del Mirandés. De los cuatro penaltis lanzados en la actual campaña, el Zaragoza ha desperdiciado la mitad. El otro lo malgastó Juanjo Narváez en la Nova Creu Alta de Sabadell (1-1), pifia que en este caso sí fue castigada con dos puntos, pues su transformación habría supuesto una trascendental victoria ante un rival inmerso en la lucha por la permanencia.

Paradójicamente, el curso anterior se clausuró con un penalti fallado por Javi Ros en la vuelta de la promoción de ascenso ante el Elche. Ese penalti lanzado por Javi Ros a lo Panenka ante Edgar Badía (no, no era Maier…) era la última esperanza del Real Zaragoza. Al final, quedó como resumen sintético del esperpéntico itinerario post confinamiento. Antes de la frivolidad de Javi Ros, Burgi había desaprovechado otro en otro esperpento, el 4-1 del Carlos Belmonte ante el Albacete. Sobre un total de 16 penalti lanzados, se habían fallado con anterioridad cinco más: cuatro de ellos por el artillero Luis Suárez, y uno por Eguaras. Rebobinemos: siete errores desde el punto de penalti sobre 16 intentados. Esta temporada, el porcentaje todavía es peor: dos fallos de cuatro intentos. El Real Zaragoza tiene un problema en los once metros. Máxima pena…

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