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Llega a Zaragoza un favorito errático, el Girona, mejorado tras el cambio de técnico

José Luis Martí (que no Josep Lluís), sustituto en el banquillo gerundense de Juan Carlos Unzué hace un mes, ha reconducido la marcha de uno de los grandes de este año en Segunda, que va de la mano de los aragoneses.

José Luis Soler, entrenador del Girona desde hace 4 jornadas (llegó en relevo del despedido Juan Carlos Unzué), en rueda de prensa.
José Luis Soler, entrenador del Girona desde hace 4 jornadas (llegó en relevo del despedido Juan Carlos Unzué), en rueda de prensa.
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El Girona fue en mayo pasado, de los tres descendidos, el más sorprendente fracasado de la Primera División del curso anterior. Huesca y Rayo Vallecano, sus colegas de despeñamiento a Segunda, llegaron más tocados al final de aquella liga, con muchos más boletos para el fracaso adquiridos con suma antelación al desenlace final. Pero que el Girona cayera a Segunda fue, para la mayoría de observadores, un hecho fuera de lo normal, pues su plantilla, su sostén financiero y sus antecedentes no hacían sospechar semejante desenlace fatal (había un gran número de candidatos con más vaticinios objetivos para ocupar el montacargas camino del piso de abajo). 

Y, de vuelta a la categoría de plata, los gerundenses empezaron en agosto su andadura con la inevitable vitola de grandes candidatos a retornar a la élite a la primera, en un plis plas. Con más de medio equipo sujetado del reparto que mostraron en Primera División y con jugadores y salarios sin parangón en el resto de lugares de Segunda. Pero su primer tramo de liga fue malo, horrible por momentos. Y eso hizo que su entrenador elegido para retornar arriba, Juan Carlos Unzué, saltara por los aires en octubre. El técnico navarro, uno de los que merodearon el banquillo zaragocista de la mano de Lalo Arantegui antes de que Víctor Fernández diera el sí en junio a su continuidad, no se enteró bien de la fiesta en el club de Montilivi, directamente emparentado con el Manchester City vía Pere Guardiola, el hermanísimo de Pep, factótum del ámbito de representación y del negocio del fútbol.

El Girona perdió consecutivamente sus 4 primeros partidos fuera de casa: 1-0 en Albacete; 2-0 en Cádiz; 3-1 en Almería; y 1-0 en Huesca. Eso, con algún tropiezo en su campo entremedias, ya hizo descarrilar desde el principio los afanes dominadores de los catalanes en esta serie B española. 

Aún se llevaron otro rapapolvo más, de los gordos, poco más tarde: cayeron por 4-2 en Oviedo, ante el vicecolista asturiano de hoy en día. Con esta cara tan pálida, este Girona que llega ahora a La Romareda se introdujo en el segundo cuarto de la liga muy lejos de la zona noble, en media tabla, con mucho rubor en sus dirigentes porque el plan, lejos de los brillos que se preveían en verano, eran de tono mate, llenos de impurezas en el fútbol exhibido por los rojiblancos. 

Así que, con la contratación de José Luis Martí para relevar al finiquitado Unzué, buscaron la habitual solución a los males de un equipo en este mundillo del fútbol. Y les ha salido bien. Con Martí, en 4 partidos, suman 3 victorias y un empate, a domicilio, en su último viaje a Ponferrada (1-1).  Ganaron 1-3 al Extremadura en Almendralejo; 1-0 al Tenerife y, el último día, 2-0 al Fuenlabrada en Montilivi. 

Llega el Girona, por lo tanto, a La Romareda en plena fase de recuperación. En su cresta más alta de rendimiento desde agosto. Tanto que le ha dado para ser 5º clasificado, con 27 puntos, uno más que el Real Zaragoza, que le persigue en la 6ª plaza con 26. Con Martí como talismán, como autor de una restitución de ánimos y creencias dentro del vestuario catalán que han hecho recobrar la ilusión a los norteños de la región vecina. 

Ellos creían en verano que, ahora mismo, estarían ocupando el rol del Cádiz, disparados en cabeza con sus grandes jugadores abanderados como Stuani, Gumbau, Mojica, Samu Sáiz, Granell, Gallar, Borja García, Alcalá, Maffeo, Ramalho, Jonathan Soriano o los exzaragocistas Diamanka y M. Gual, entre otros. La realidad los ha puesto en otra ruta diferente. Pero consideran que aún hay espacio temporal para reconducir su deficiente inicio de liga. Y el último mes de competición les está armando de razones. El equipo zaragozano, este sábado en La Romareda, es el primero que puede romper la buena racha de Martí, aún invicto como preparador gerundense. Un bonito reto para los de Víctor Fernández.

Por cierto, Martí se llama José Luis. Así lo llaman en casa desde hace 44 años, así se hace llamar él en sus documentos oficiales, en sus redes sociales, así lo llamaron en su dilatada carrera como futbolista (en su Mallorca natal, en el Sevilla, en el Tenerife, en la Real Sociedad). A José Luis Martí Soler (extendidos apellidos baleares) hay cierta tendencia a nombrarlo Josep Lluís, algo que él ha combatido de vez en cuando cuando se le ha preguntado y que ahora, por motivos obvios, se ha multiplicado de nuevo tras su aterrizaje en Cataluña, en Gerona. Hasta se puede ver por ahí reseñas con Josep Lluís Martí i Soler. Simple apunte a título de inventario, una mera curiosidad para el anecdotario nacional.

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