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Kagawa como exponente

El japonés firmó su primer gol como zaragocista y acercó una victoria que no llegó al encogerse el equipo de Víctor Fernández cuando prescindió del nipón.

Ponferradina-Real Zaragoza (2019-2020)
Ponferradina-Real Zaragoza (2019-2020)
Carlos Castro/LOF

Por acción o por omisión, por lo que hizo o por lo que no le dejaron hacer, Shinji Kagawa adquirió un rol determinante en la reunión de este domingo sobre el césped mojado de El Toralín. La incidencia del nipón fue decisiva, igual en el juego de su equipo que en el resultado. Él firmó el gol zaragocista en una jugada que aglutinó buena parte de su repertorio, y el tanto de la Ponferradina llegó después de que Víctor Fernández retirara a la estrella japonesa. Por presencia o por ausencia, sin duda fue el protagonista del encuentro.

Un futbolista de su rango, mucho más en Segunda División, siempre puede determinar un estilo y un resultado; pero convendremos en que la cita de este domingo no parecía a priori la más señalada para que el japonés se vistiera de héroe. A un partido en el que Kagawa llegó en autobús después de cruzar España (¿cuánto haría que Shinji no viajaba siete horas en autobús...?), después de la lluvia en una tarde de verano tomada por el otoño del Bierzo, frente a un rival educado en el sufrimiento... Nada que ver con sus primeros días en Zaragoza, cuando se tuvo que cortar el pelo para soportar la canícula junto al Ebro, cuando fue recibido en loor de multitudes por La Romareda. Qué decir si la comparación la trasladamos a sus tiempos de gloria con el Manchester United en la Premier o con el Borussia Dortmund en la Bundesliga. Diríase capacidad de adaptación. Evolución futbolística sostenida sobre la inteligencia, no sobre la fortaleza física, como enfatizaremos después.

El gol quedó como epítome de su inteligencia, de su talento. Avance de Guti. Aparición de Igbekeme, que asiste con su pierna mala. Perdón, con la menos buena, la derecha. Control orientado con la zurda de Kagawa, disparo con la derecha que golpea en un defensor, para rematar con la izquierda, cruzando ante el guardameta. Ge, o, ele: gol. Y tal y como estaba el Real Zaragoza, gobernando con nitidez el juego y también el marcador, el partido, la victoria.

Pero no. Víctor Fernández, que había comparecido en el primer tiempo en manga corta, se puso el tabardo en el descanso. El cambio de chaqueta no le sentó bien al Zaragoza. Después de una primera mitad en la que asumió el esfuerzo creador, el equipo aragonés se encogió en la reanudación. Cierto es que en el primer acto el VAR invalidó un gol de la Ponferradina por un fuera de juego milimétrico. La tecnología aplicada a la justicia es así. Merecía más el Real Zaragoza y el ojo de halcón le ayudó.

Lo peor vino después. Paradójicamente, cuando mejor lo tenía el conjunto aragonés. Mediada la segunda mitad, en ventaja de 0-1 para el Zaragoza, Víctor retiró a Kagawa por Álex Blanco, este último de lo poco rescatable del bolo de Brea. El japonés todavía no ha alcanzado la plenitud física. Antes, el técnico había cambiado al ariete Dwamena por Alberto Soro. En los instantes finales, entró Lasure por Luis Súarez. Es decir, Víctor Fernández prescindió de los tres futbolistas más adelantados que había pintado en la pizarra aragonesa.

El técnico desarrolló una estrategia semejante al estreno liguero ante el Tenerife. Parecía lo mismo, pero desde luego no fue igual. En La Romareda, con la energía emanada de la grada, supo replicar y aumentar la renta. Este domingo se apreció un repliegue triste y aburrido, incapaz de detener un ataque que hace meses se expresaba en Segunda División B. La Ponferradina empató y no ganó porque la gatera zaragocista la cuidaba el gato Cristian. Entonces, cuando habíamos perdido dos puntos, nos acordamos de Shinji Kagawa. De su gol. También, de su cambio. De ese cambio igual que los dos restantes, que hicieron peor al Real Zaragoza. Presente o ausente, Kagawa ya es exponente. Mediocre rima... Tan mediocre como cuando se empata un partido que estaba ganado.

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