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"Portentoso, impactante, difícil de defender"... Dwamena acapara el foco

El delantero ghanés ha logrado un efecto de sensación general que hace muchos años no sucedía con un fichaje. En solo cuatro días con el Real Zaragoza en Boltaña, está en boca de compañeros, prensa y afición.

Raphael Dwamena, en uno de sus veloces y fulgurantes ataques en la segunda parte del partido de las peñas ante la Peña Ferranca de Regional Preferente, donde debutó como zaragocista anotando 5 goles.
Raphael Dwamena, en uno de sus veloces y fulgurantes ataques en la segunda parte del partido de las peñas ante la Peña Ferranca de Regional Preferente, donde debutó como zaragocista anotando 5 goles.
Daniel Marzo

“Impactante a la vista. Es un jugador portentoso. Se ve que es muy fuerte. Creo que nos va a dar muchísimo porque se aprecia que es muy difícil de defender. Lo que hizo ante la Peña Ferranca, aunque sea un rival de menor categoría, se ve que lo puede hacer también en Segunda División. Lo va a hacer, seguro”

La frase se refiere a Raphael Dwamena, el delantero centro ghanés fichado por el Real Zaragoza en esta semana que ya concluye y que llega cedido por el Levante, de Primera División. 

Y la frase, textual, no es de un periodista. No es de un aficionado. No es de un forofo ávido de asideros ilusionantes como cada verano. No es de su representante. Ni del intermediario de turno en su operación entre clubes. 

Se trata de una breve, certera y sincera definición que, al mediodía de este sábado, ha dejado su compañero Daniel Lasure en rueda de prensa

Apenas 10 horas antes, otro colega, Miguel Linares (competencia en la línea de ataque del internacional absoluto por Ghana, Dwamena), ya había loado las maneras del nuevo '11' zaragocista nada más acabar la goleada ante la Peña Ferranca, un 0-13 lógico ante un adversario de Regional Preferente al que el ghanés anotó 5 tantos. "Creo que nos va a dar muchas alegrías", dijo el de Fuentes de Ebro, con tiento, pero con franqueza. 

Y es que, desde su primer entrenamiento en Boltaña, Dwamena ha ido calando visual y personalmente en toda la expedición zaragocista, en los observadores de los ensayos en el campo de Villaboya y, desde la tarde-noche del viernes, también en la afición zaragocista a través de los 750 embajadores que estuvieron en las gradas de Boltaña viendo el partido de las peñas ante el modesto equipo de la Peña Ferranca de Barbastro, de Regional Preferente. 

Las loas a Dwamena, progresivas en el transcurso de tan solo 72 horas, han quedado consolidadas y cimentadas sobre una realidad. El africano, de 23 años y 1,88 de estatura, con un armazón muscular de atleta, ha epatado entrenamiento a entrenamiento, gesto a gesto, gol a gol, zancada a zancada. Y lo ha hecho fuera y dentro del campo. 

Lo que ha dicho Lasure públicamente es idéntico o similar a lo que, sotto voce, dice la mayor parte de sus compañeros. Hacía muchos años que un fichaje, un delantero preferentemente, no causaba tal impacto inicial al verlo como zaragocista

En este caso, además, favorece esa sorpresa enormemente agradable el hecho de que Dwamena venga como una auténtica incógnita. En un proyecto de Segunda, aterrizando del Levante tras pinchar estrepitosamente el curso anterior en Primera, donde apenas jugó 200 minutos en 12 ratos de liga, anotando solo un gol en Copa, pese a ser el fichaje más caro de los levantinistas en su momento (pagaron por él al Zurich 6,2 millones de euros hace 11 meses). 

A Dwamena casi nadie, del común de los mortales, lo conoce en el fútbol español, salvo los eruditos, los profesionales del negocio e industria del fútbol. Ese paso por el Zurich fue en la Segunda suiza. Antes, estuvo en la liga de Austria, rincón menor de Europa. Por eso, descubrir de repente en Boltaña a un punta de sus características y de las posibilidades que manifiesta es un golpe visual tremendamente llamativo y, en este caso, agradable. 

Todo el mundo, los mismos que lo loan, se preguntan: ¿Por qué no jugó este futbolista el año pasado en el Levante? ¿Qué pudo suceder, futbolística y extrafutbolísticamente?

En las más altas esferas del Real Zaragoza se acoge esta feliz llegada de Dwamena con cierto respeto. Hay tanto resquemor por los años precedentes, que se teme, paradójicamente, que un exceso de aceleración de los vítores a Dwamena en sus primeros pasos en el club puedan acabar siendo perniciosos. Se sugiere moderación, atenuación. De vuelta a lo plano. Ni críticas duras, cuando tocan, ni alabanzas que puedan ruborizar o molestar a determinados sujetos, en el sentido inverso. 

Bien. Pero como cuando el fútbol habla los demás callan, ahora en Boltaña el que lleva un rato hablando es Dwamena. Y se ha ganado a todos a su alrededor. Por que tiene muy buena pinta. Porque mete goles. Porque remata todo y con todo. Porque nunca rompe el balón y coloca los disparos al sitio y con sutileza. Porque por arriba es un tanque. Porque tiene unas piernas enormes, largas, de especialista en 5.000 metros lisos o de 3.000 obstáculos, con las que, en el momento que arranca con el balón, no hay defensa que lo pare.

Apetece verlo en partidos de verdad. En duelos de mayor enjundia. Ya llegará el momento. Pero, por más que hasta lo positivo moleste (qué paradojas tiene esto del fútbol), ha sido Dwamena el que ha atraído sobre sí el foco de la actualidad, la atención de quienes lo ven entrenar o, este viernes, jugar ante la Ferranca. A quién ve fútbol no se le pueden poner filtros en sus apreciaciones. Lean a Lasure, a Linares, oigan a los demás de la plantilla y del cuerpo técnico (eso es más restringido, cierto), y verán que todo esto sale de la apreciación de la pura realidad. Ojalá que los indicios, el humo, confirmen dentro de unos meses que Dwamena es fuego vital para el Real Zaragoza. 

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